<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080</id><updated>2011-11-25T17:23:27.238+01:00</updated><title type='text'>Tal Vez editorial</title><subtitle type='html'>Noticias sopbre libros  y escritores  de la editorial Tal Vez</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>50</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-627751345539733544</id><published>2008-07-23T14:16:00.002+02:00</published><updated>2008-07-23T14:32:19.768+02:00</updated><title type='text'>LOS PAÑOS CORPORALES</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Un cuento más del cuaderno &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;"La vereda nueva"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;de&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Petronilo Marcelinao Tardón &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;  &lt;br /&gt;            Nunca he sido amigo de ceremonias ni celebraciones, sin embargo las circunstancias me empujaron a participar de una manera muy activa en todo lo referente a la Iglesia. Era mi primer puesto como funcionario. Había sacado unas oposiciones a guardamontes y me destinaron a un pueblo muy pequeño.&lt;br /&gt;            Me alojé en casa de una señora que me recomendaron en el bar de la parada del autobús. Una casa pobre pero muy limpia donde  vivíamos tres personas: la dueña, su hija y yo.  Al poco tiempo, todo el pueblo me conocía. Un nuevo guardabosques no pasa desapercibido en una población de apenas quinientos habitantes que sólo dispone de un bar. El pueblo ofrecía pocas distracciones pero el cura, don Eugenio, hombre joven, había logrado convertir la iglesia y los domingos en el mayor acontecimiento social de la semana. No le parecía mal que los rituales se convirtieran en conversaciones. Es más, parecía que  lo provocara: así conseguía mantener unida a la grey.&lt;br /&gt;            Enseguida me hice amigo del cura y, a través de él, de Paz y Amable, los maestros. Se habían casado el verano anterior y románticamente habían pedido  un pueblo pequeño para vivir juntos.&lt;br /&gt;            Debía  ser a principio de la primavera cuando Amable empezó a enfermar. Era una enfermedad extraña, nada dolorosa, nada molesta físicamente: un insomnio que apenas le permitía descansar dos o tres horas y siempre  de madrugada. Esta enfermedad contribuyó a que el cura, la pareja y yo estrecháramos aún más nuestra amistad. Para distraer al joven marido, Paz compró un tocadiscos. Escuchando música pasábamos largas veladas en casa de los maestros. Allí conocimos y amamos a los Beatles, a los Roling, a los Pekeniques, Brincos, y otros grupos modernos.&lt;br /&gt;            Las tardes, después de la escuela, los maestros y el cura me acompañaban al bosque y así cumplíamos la doble función de vigilancia y de fatigar el cuerpo de Amable en busca del sueño. En estos paseos se  hablaba de todo.&lt;br /&gt;-- Yo todavía no quiero tener hijos, pero tú, Eugenio, no me puedes pedir que como método utilice la abstención.-- Comentaba Paz que además de poco vergonzosa era muy habladora.-- Me  acuesto todas las  noches al lado de este hombre, que no duerme; cuando me muevo o se mueve me roza o lo rozo; el camino que tenemos que andar es muy corto y el encuentro muy agradable. ¿Qué quieres que me  aparte? ¡Yo no soy de piedra!&lt;br /&gt;-- ¿Pero todas las noches lo hacéis? Preguntaba Eugenio el cura, ejerciendo de confesor...&lt;br /&gt;-- Apenas os vais y nos acostamos. Confirmaba Amable.&lt;br /&gt;-- Eso es mucho, eso es pecado. Murmuraba por lo bajo Eugenio, como si negara la absolución.&lt;br /&gt;            En estos asuntos yo no opinaba, sólo imaginaba a Paz desnuda y cubierta de polvo... En ocasiones, para mí los paseos resultaban un suplicio. A la atracción que sentía por el grupo y su compañía había de añadir las conversaciones con el cura y el escozor del respeto que me merecía Paz, pero sin poder evitar  el que me atrajera o nos atrajese quizá a todos, cuestión que ella acentuaba, ahora que el sol comenzaba  a calentar moderadamente,  vistiendo un suéter ajustado que resaltaba sus  formas puntiagudas.  Una falda  escocesa no muy larga, - Mary Quant mandaba- y semiabierta  dejaba ver sus muslos rotundos que yo  imaginaba  cálidos. Todo ello procuraba en mí un escozor anímico a caballo entre la desesperación y la esperanza, entre el huir y quedarme. Paz, no muy alta, lucía una hermosa melena negra que dejaba caer por los hombros.  El flequillo por la frente daban cierto aire travieso a unos ojos negros muy brillantes  juguetones y coquetos. La nariz un tanto respingona,  los pómulos acentuados, los labios carnosos y rojos, siempre sonriente  dejaban ver los dientes blancos y alineados. Todo el conjunto  dibujaba un rostro  muy agradable y sensual. En mi, solo y joven, despertaba todos los demonios.&lt;br /&gt;            En la pensión me esperaba la señora María y su hija Sagrario. Algunas noches, cuando llegaba, ya tarde, de las veladas en casa de Amable, la luz de la habitación de Sagrario aún permanecía encendida. Sagrario, joven y romántica, leía   libros del Círculo de Lectores   de los que llamábamos fuertes y a ella le   llenaban la cabeza  de pájaros.&lt;br /&gt;            A las  beatas del pueblo no les agradaba la estrecha amistad entre  los tres hombres y la mujer. Del cura decían que  era consejero espiritual de la pareja,   y, de Paz, algo más que director espiritual.  De Amable que era un calzonazos, y de mí que aprovechaba de las  circunstancias. Pero no me vino mal la murmuración. Sagrario comenzó a mostrarse muy simpática conmigo. Se aficionó a la Iglesia hasta el punto de que se encargaba de cuidar los ornamentos.&lt;br /&gt;            A la señora María no le parecía mal la piedad de su hija ni el interés que me  demostraba. Ella misma procuraba que coincidiéramos en las comidas y que Sagrario y yo estrecháramos relaciones. Tanto fue  así que Sagrario terminó uniéndose al grupo y viniendo a pasear con nosotros cuatro por las tardes. Eso calmó las maledicencias y el equilibrio parecía restablecido.&lt;br /&gt;            Durante el mes de mayo Eugenio naturalmente organizó el mes de María. Para que acudiera más gente retrasó la oración hasta más allá de la puesta del sol. Era una ceremonia sencilla, nada pesada, únicamente para congregar a los cristianos. Las niñas  llevaban flores hasta el altar  de la Virgen, el cura entonaba la Salve Regina y se acabó.&lt;br /&gt;            Amable y yo declinamos los rezos achacando que era el momento más peligroso del día y que había que estar  atento a los fuegos, mientras Eugenio, Paz y Sagrario se encargaban del ritual.&lt;br /&gt;            Fue un sábado, día que además de la ofrenda floral, Eugenio solía celebrar una misa vespertina. Amable y yo habíamos salido a la ronda diaria  y aquel día llegamos un poco antes. Vimos la puerta de la sacristía  abierta.&lt;br /&gt;-- Eugenio debe andar por ahí, quédate tú si quieres, - dijo Amable- yo me voy a casa a  refrescarme un poco.&lt;br /&gt;            Me  dirigí solo hacia la sacristía. Entré. En ese mismo momento también entraba Paz por la puerta del Altar Mayor. Eugenio, ya con el amito puesto y el alba aún levantada, era ayudado por Sagrario a revestirse.&lt;br /&gt;-- Podías avisar -. Fueron las buenas tardes del cura.&lt;br /&gt;            Sagrario lucía un vestido blanco de rayas azules, ceñido a al talle, con bastante vuelo.  Me pareció un  poco sofocada.&lt;br /&gt;            Eugenio siguió preparando los ornamentos para salir al altar. En el portapaños, esa especie  de carpeta grande que  sacaban los curas sobre el cáliz por entonces, colocó un paño blanco que a mí me pareció excesivamente grande.&lt;br /&gt;            Entró Paz, tan atractiva como siempre. La miré  fijamente y le hice una leve seña hacia el portapaños. Ella también me miró a mí, pero no acusó el recibo del aviso. Se formó la comitiva. Salieron primero las dos mujeres sin ceremonias, - sabido es que el servicio del altar está reservado a los varones, -   y después de un mínimo intervalo,  Eugenio y detrás yo que oficiaría de monaguillo.&lt;br /&gt;            Paz y Sagrario se sentaron en los primero bancos de las mujeres. Es decir al lado de la epístola. Eugenio cura moderno, por aquel entonces ya celebraba, aunque todavía en latín, coram populo, es decir, mirando a la feligresía. Yo también miraba al pueblo, lo que me permitía fijarme con detenimiento en las piernas de nuestras  amigas, sobre todo en las  de Paz. Sin embargo en una de las genuflexiones advertí que Sagrario o llevaba bragas negras o iba a pelo. Presté atención o los movimientos rituales y confirmé la segunda hipótesis.&lt;br /&gt;Alcanzábamos el final de la misa y Eugenio entonó aquello "Mi paz os doy, mi paz os dejo, no miréis mis pecados,  si no la fe de mi iglesia..." Después me dio el ósculo de la paz que yo transferí a mi amiga Paz a quien miré directamente a los ojos enviándole un telegrama.&lt;br /&gt;-- "Pax tecum" murmuré.&lt;br /&gt;-- Et cum spiritu tuo. Contestó ella.&lt;br /&gt;            Yo le apreté significativamente los brazos, ella asintió con la cabeza.&lt;br /&gt;            Eugenio mientras, limpiaba el cáliz con los paños corporales, pero había tenido la precaución de cerrar el portapaños. Seguía abultado. Me fijé. La sospecha se convirtió en evidencia: el paño que ocultaba eran unas bragas y no podían ser más que las de Sagrario.&lt;br /&gt;            Después del "Ite, misa est" Eugenio entonó "Rendidos señor ante el Sagrario, que guarda cuanto queda"... Mientras el coro cantaba, Eugenio delante y yo detrás, marchamos hacia la sacristía.&lt;br /&gt;--Quien guardas  eres tú - susurré al oído del cura.&lt;br /&gt;--Calla y sigue -me contestó.&lt;br /&gt;            Poco tardaron en llegar Sagrario y Paz. Paz echó el cerrojo de la puerta que comunica la sacristía con la Iglesia. Se dirigió a la cómoda donde aún reposaba el portapaños encima del cáliz y abriéndolo, levantando los brazos a la altura de la cabeza y exhibiendo unas bragas blancas dijo:&lt;br /&gt;-- ¡Vaya corporales que has usado hoy!&lt;br /&gt;-- ¿Tu quoque, filia mea?&lt;br /&gt;Para más inri, Paz, con la gracia y el desparpajo característico, levantó el vestido ampuloso de Sagrario dejando el bosque al aire. Sagrario no se enfadó en exceso. Eugenio terminaba de  soltarse el cíngulo  y se subía el alba. Yo miraba embelesado.&lt;br /&gt;-- ¡Pues tú también nos enseñas el tuyo! -fue lo que dijo Sagrario-. Y en vez de levantar la falda de Paz tiró de ella hacia abajo.&lt;br /&gt;            Y en efecto la señora maestra cumplió con su obligación de enseñar. Yo cerré la puerta de la sacristía que daba a la calle.&lt;br /&gt;            Eugenio, con la sotana desabrochada  se acercó a Sagrario con la llave en la mano. Yo me quedé en Paz. Concelebramos  los cuatro juntos una buena comunión.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-627751345539733544?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/627751345539733544/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=627751345539733544&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/627751345539733544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/627751345539733544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/07/los-paos-corporales.html' title='LOS PAÑOS CORPORALES'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2573305633012126421</id><published>2008-07-07T10:34:00.002+02:00</published><updated>2008-07-07T10:56:18.428+02:00</updated><title type='text'>TRES EN RAYA</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Entre los escritos de Petronilo Marceliano Tardón también se encontraba esta alucinante crónica de viaje a las entretelas de dos mujeres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Paula Marta Temprano&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos habíamos propuesto recorrer media Europa, no disponíamos de mucho dinero y pensamos en el camping. Un mes en esas condiciones resulta largo, pero se cargan pilas para todo un año. Las vacaciones consisten en dedicar medio año a plantificándolas, un mes viviéndolas y el resto contándolas. En eso consisten las vacaciones.&lt;br /&gt;Aquella pareja había decido viajar con nosotros, en nuestro coche, grande y nuevo. Llevaríamos dos tiendas de campaña, pequeñas y fáciles de montar. Pagaríamos todo a medias. A él, le conocíamos poco, pero a Catalina, Katy, compañera de trabajo de mi novia, figuraba en la nómina de nuestra casa.&lt;br /&gt;Aquel año junio en jueves, nos regalaban tres días para ultimar los preparativos. Habíamos fijado la salida para el lunes porque habría menos gente en a carretera, la conducción se produciría en condiciones óptimas y podríamos llegar sin sobresaltos al sur de Francia en nuestra primera etapa. El viaje se había planificado sobre dos ideas bases: ningún día recorreríamos más de quinientos kilómetros ni pasaríamos más de tres noches en el mismo sitio. Las rutas y las plazas de descanso quedaban un poco al azar.&lt;br /&gt;El lunes por la mañana nuestra casa era un caos. Imposible pasar de una habitación a otra sin saltar por encima de alguna mochila. Huyendo de la quema salí a preparar el coche y sacar dinero. Mi mujer se afanaba en preparar bocadillos y bebidas. No pensábamos comer en restaurante alguno, al menos, los primeros días. El empeño a mí me parecía difícil de cumplir, pero digno de encomio y muy loable. En eso la dejé cuando salí de casa. Cuando regresé Katy ya había llegado, pero Katy sola.&lt;br /&gt;Su marido, según contó Katy, aquella misma mañana había recibido una llamada de su oficina rogándole, que si aún no había salido, se incorporara inmediatamente al trabajo pues un importantitísimo negocio- se dedicaban a la importación y exportación- había entrado en cartera y se hacía necesario cerrarlo y nadie como él para la misión. En definitiva, no vendría con nosotros, pero Katy sí. Entendí que Miguel se había preparado el negocio porque no le apetecía en exceso viajar con nosotros. Un mes en Madrid, bien planificado, es Baden-Baden.&lt;br /&gt;A eso de las once, por fin arrancamos. Conducía yo en el primer tramo. A la altura de Zaragoza hicimos la primera parada y el primer relevo al volante. Los tres podíamos pilotar el coche. Pasada Barcelona hicimos el segundo cambio. Habíamos parado en ambas ocasiones en estaciones de carretera y el libro de Cortázar, aunque ninguno lo llevamos a mano, se cumplía: los autonautas estábamos en las cosmopistas. El verano apretaba y la variedad del paisanaje también se mostraba en el más común de los atuendos: casi la ausencia de ellos.&lt;br /&gt;Cruzamos la frontera a media tarde. Estábamos muy cerca de Perpiñán, el mítico sitio de los años setenta, la primera etapa la habíamos cubierto.&lt;br /&gt;No tardamos en encontrar el camping. Las tiendas que llevábamos, iglúes, se montaban con facilidad. Era una da las condiciones del viaje: nada de complicaciones. A pesar de todo, debido al cansancio, decidimos clavar una sola tienda, los tres cabíamos en cualquier parte. Nos duchamos y nos acomodamos. Cenamos de bocadillos. Había muchos españoles en el camping, algunos italianos, más franceses y bastantes alemanes. Relajados, tranquilos con las ilusiones del viaje intactas, decidimos acostarnos temprano. Mañana sería otro día.&lt;br /&gt;Para facilitar las maniobras decidí pasear por el recinto. De esa manera ellas podían acomodarse. Me gusta pasear por los campings en la noche. La gente, en vacaciones duerme sosegada y muestra sin complejos sus individualidades. Las tiendas, las caravanas no son sino un disimulo para exhibir la propia intimidad ante los demás. De ahí que la gente que acude a los campings sea gente abierta dispuesta a vivir coram populo.&lt;br /&gt;Ni en tiempo ni en distancia fue muy largo mi paseo, lo suficiente para que mis compañeras buscaran con decoro el acomodo de los tres. A la vuelta dentro de nuestra tienda la linterna permanecía encendida. Nadie se movía. Pensé que la habían encendido como referencia y para facilitar mis movimientos.&lt;br /&gt;Me descalcé antes de entrar. No pensaba quitarme nada más. Me introduje en el cubículo. Ambas leían. Mi saco, vacío, lo habían colocado al lado derecho de la tienda, junto a mi mujer que ocupaba el centro. Les saludé sin insistencia y busqué un libro en mi bolsa de mano. No hacía ni frío ni calor. La noche, serena, resultaba muy agradable. El cansancio, el silencio y la temperatura llamaban al sueño. No me apetecía hablar, a ellas tampoco. Después de tantas horas en coche se necesita permanecer cada uno consigo mismo, por eso leíamos todos. Mi esposa comenzó a moverse, como si no encontrara el acomodo deseado. Procuré acercarme a la pared de la tienda, sin hacer ningún comentario. A los pocos minutos, mi mujer volvía a ser el epicentro del terremoto: ahora todos nos movimos. Yo más hacia la derecha y Katy hacia su pared. Ese movimiento dejó al descubierto todo lo que la ligera camiseta que vestía nuestra amiga no cubría y la camiseta no llegaba abajo de su cintura. La luz amarillenta de la linterna permitía contemplar sin ninguna traba el juego de curvas de la amiga Katy. Sentí una llamada entre las piernas, pero no la atendí y procuré olvidarla zambulléndome en la lectura. Sin embargo la concentración disminuía, mis ojos abandonaban cada vez más frecuentemente los renglones derechos por las insinuantes y ajenas redondeces. "Si así es la primera noche, ¿cómo terminará esto? -pensé.” La llamada al monte era cada vez más insistente y yo no quería contestar de ninguna manera. Katy respiraba profundamente, por lo que entendí que dormía de igual modo. Mi mujer, por el contrario, se movía con frecuencia. Por eso alargué la mano que se posó sobre el nido que en más ocasiones he visitado. Ella facilitó el acceso. Su mano también buscó mi contacto. Sentí sus dedos en mi cintura. Corrí en busca de su mano sin dejar de leer. Se la apreté. Ella me contestó de igual modo. Era la contraseña de complicidad de toda la vida. Dejé el libro y apagué la linterna. Giré hacia mi esposa y sin soltar su mano, busqué más intimidad. Sobre la palma de mi mano se abría la rosa fresca cuyos perfumes tan bien conocía. Se movió de nuevo, ahora para acercarse a mí. Sentí su aliento junto a mi boca. Nos besamos. Su mano se dirigió ávida hacia mis entrepiernas que encontró solícita y dispuesta. De nuevo hubo perturbación general en el ecosistema: los tres nos movimos. Katy seguía con la respiración profunda. Mi mujer, totalmente paralela a mi cuerpo, intentaba poner espacio entre ella y nuestra amiga. Una pierna de mi mujer saltó por encima de las mías, sus pechos se apoyaban en el mío. La abracé mejor: el brazo derecho bajo su nuca el otro corriendo escalas por su cuerpo. Por lo demás el ensamblaje se había realizado muy fácilmente. El cansancio, la carretera la excitación de las vacaciones habían facilitados los trámites y ninguna aduana había impedido la entrada del tren en el túnel. Para invitarla a compartir mi silencio solo susurré sobre su oído un "sss" corto que ella agradeció con un húmedo beso. Mi mano izquierda, inquieta, jugaba en los bien amados pliegues de su grupa. Fue ahí donde por el envés de la mano sentí otro calor, otra textura de piel, pero ni el momento ni las condiciones eran propicias para la preocupación ajena, así que no hice ningún aprecio y seguí derramando el amor hacia mi esposa. No obstante, la presión exterior no menguaba y la interior alcanzaba a gran aceleración el punto de la velocidad a partir del cual no es posible el retorno. El incendio llamaba a gritos asfixiados a bomberos próximos. Mi esposa suspiró fuerte y yo mismo fui incapaz da abortar el suspiro que nacía en mis pulmones. Entonces advertí que mi mano izquierda se encontraba aprisionada entre dos calores femeninos. La liberé de tan dulce cepo y el relax se apoderó de nosotros.&lt;br /&gt;Apareció el sol. Cuando me desperté me encontraba solo. Asomé la cabeza y me saludó un estupendo olor a café recién hecho. Me puse un pantalón corte y disfruté del desayuno sobre la hierba.&lt;br /&gt;El día lo consideramos de transición, un primer día de vacaciones durante el cual no hay que hacer nada ni visitar nada y así transcurrió sin nada relevante. Katy no habló de montar otra tienda, así pues se entendía que a la noche siguiente volveríamos a dormir los tres juntos.&lt;br /&gt;Terminado el ceremonial de la cena, casi instintivamente. ¡Hay que ver qué pronto se cogen las rutinas!- emprendí mi paseo por el camping. Cuando regresé el escenario idéntico al del día anterior: luz encendida y silencio total. Abrí la cremallera de entrada. Las actrices se habían movido. Mi esposa ocupaba el lugar donde dormí la noche anterior, Katy el suyo y a mí me habían asignado el puesto central.&lt;br /&gt;-- ¿Hoy me toca en el medio? - comenté sonriendo.&lt;br /&gt;-- Esta noche duermes ahí, mañana ya veremos - contestó mi esposa-. Katy sólo sonrió y me miró.&lt;br /&gt;Me quité la camisa, me tapé con el saco, busqué mi libro y me sumergí en la aventura. No pasó mucho tiempo hasta que mi esposa se moviera y sacara una pierna fuera de la cobija. Allí estaba toda expuesta sin ningún pudor. Katy miró hacia mí y hacia ella y sonrió, cerró el libro, deseó buenas noches y se dio la vuelta. Su culo quedó al descubierto a la altura de mis caderas. ¡Qué buen culo tenía Katy! Seguí leyendo un poco más. Me había llevado un libro de Umberto Eco que trataba del origen de los lenguajes. Me resultaba ameno aunque profundo, por lo cual su lectura invitaba al sueño. Apagué la luz. No osaba moverme pero me apetecía descansar sobre el lado derecho. Allí, justo allí se encontraban las posaderas desnudas de Katy. Mi esposa se movió y sentí su mano sobre mi costado, su calor sobre mi espalda.&lt;br /&gt;Sin necesidad de moverme hacia la derecha casi rozaba el cuerpo de nuestra amiga. Sentía en mi nariz su perfume, nada estrambótico, pero diferente al de mi esposa. Katy se movió y nuestros cuerpos se rozaron y permanecieron en contacto. La mano de mi mujer descendió y liberó al demonio del pantalón que impedía el libre albedrío a esa voluntad tozuda. Lograda la libertad de expresión encontró campo en las nalgas de Katy. Mi mujer, en vez de ejercer la censura y devolver el tigre a la jaula, le dejó juguetear como si le divirtiera pescar con caña. Katy volvió a moverse, esta vez de manera intencionada. Su ángulo final quedo a la altura de mi reloj de sol. La mano de mi esposa condujo la aguja a la sombra. Me saludaron acogedores unos pelillos que no conocía y mi mano paseo por el vientre de Katy subiendo hacia los picos rectos de sus pechos. Mi mujer se pegó más a mí. Sobre mis nalgas se posaba el calor casero de su madreselva. Bajé con la mano en busca de la floresta desconocida y perdí mis dedos exploradores en la fuente del valle. Un pequeño ajuste de Katy permitió la doble entrada. La mano de mi mujer, guía de la aventura, era testigo de la toma de posesión. Ya, al descubierto, me incliné sobre Katy y entré a matar más decidido que un novillero el día de su alternativa. Oí el suspiro reprimido de Katy, mi mujer se pegaba a mí. Su mano había buscado la mía y ambas caminaban juntas, como siempre, por los ondulados prados del Edén. Abandoné la compañía y busqué con mi mano el bosque familiar, y con los dedos cavé en él hallando la tierra húmeda. De repente las tres vetas de agua liberaron sus caudales. Llovió sobre mojado.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente nos despertamos temprano. Levantamos el campamento. A las diez enfilábamos la carretera. Los tres cantamos juntos una canción.&lt;br /&gt;Desde Perpiñán nos encaminamos hacia Aviñon, quizás llegáramos a Lijon, poco importaba la ruta, las vacaciones habían comenzado bien. Faltaba abandonar los bocadillos y disfrutar de algún festival de teatro. Aquella noche, calculé, le tocaría a Katy en el medio y yo quedaría a la izquierda. Así ellas disfrutarían y yo podría dormir.&lt;br /&gt;Los cambios se fueron produciendo cada noche del mes. No echamos en falta al marido de Katy, que tampoco lo debía pasar mal. Nosotros aprendimos a jugar a las tres en raya. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2573305633012126421?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2573305633012126421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2573305633012126421&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2573305633012126421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2573305633012126421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/07/tres-en-raya.html' title='TRES EN RAYA'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3917431081083263527</id><published>2008-06-23T23:36:00.003+02:00</published><updated>2008-06-23T23:40:58.311+02:00</updated><title type='text'>LA MUJER  DE VERDE</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;De nuevo Paula Marta aprovecha los  apuntes de Petronilo Marceliano Tardón y nos obsequia con este nuevo relato erótico. Disfrutenlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;                                                                          &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA MUJER DE VERDE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Aunque deseaba quedarme  a la reunión, no me pareció oportuno. Alegué excusas de cualquier tipo y me fui a dar un paseo. Descubrí vistas desacostumbradas de un paisaje mil veces trillado. El valle aparcelado, dejaba observar desde lo alto de cima la concavidad plana,  inclinada hacia el arroyo de amplios meandros que se dejaba ver  sólo por la abundancia de juncos en las orillas Algunos tractores cargaban cuadrillas de agricultores que volvían al pueblo a la hora oportuna de beber el vino en la taberna.&lt;br /&gt;            Cuando regresé, los niños jugaban entre ellos, y los mayores mantenían una animada conversación mezclada de café y licores.&lt;br /&gt;            Ella, un sencillo vestido verde, se sentaba en un canapé bajo que le hacía elevar las rodillas y mantener ese equilibrio difícil y juguetón de mostrar más o menos las piernas.&lt;br /&gt;            La señora, al rededor de los cuarenta, pelo negro largo y suelto, cutis cuidado, sonrisa fácil y alegre, dientes perfectos  a no ser por un colmillo que  sobresalía un poquito  y animaba la cara, se sentaba frente a mí, o mejor, como llegué el último, me tocó sentarme frente a ella.&lt;br /&gt;            Por circunstancias nunca explicadas, la conversación se polarizó entre la desconocida dama y un servidor. Encontramos  asuntos comunes de qué hablar, referencias, lugares y gentes que ambos conocíamos. Según aumentaba el grado de coincidencia, aumentaba el desparpajo de sus piernas.  Iban y venían las rodillas en un no reposar, que a veces consistía en cruzar las piernas y otras en descruzarlas... Y la carne  blanca aumentaba a mi vista.&lt;br /&gt;            El marido, haciendo honor a lo que había expresado poco antes,  no prestaba  a su esposa el mínimo caso, más interesado en mantener la atención de la anfitriona,  sin  observar  si la   conversación se generalizaba o se polarizaba  en ese juego de pompas de jabón, tan característico  en  casos como este.&lt;br /&gt;            ¡Las piernas! ¡Aquellas piernas desnudas que llegaban justo hasta la encrucijada golosa!  Ella sentía cierto placer exhibicionista, un si es no es interesado. Se me ocurrió que podía ser un juego, un juego pactado entre su marido y ella: Llegar a una casa desconocida y provocar a los hombres en la charla, una manera de pasar o prepararse para una noche de sábado caliente en compañía de otra pareja. Por eso hablaban así. Podría ser un juego inventada por  ella misma, para sí misma, par sentirse mirada. Pero no, esas historias no se viven por libre, se necesitan demasiados cómplices, se levantarían celos, quizás infundado y no era el caso. Podría  resultar un tour de force entre ambos, cualquiera sabe.  He conocido  otros casos, icluso hay bibliografía Domine Cabra... y el Mirón.&lt;br /&gt;La mujer de verde sigue hablando, mi amigo desaparece, desaparecen las otras dos mujeres y el marido de la mujer de verde. Desaparecen todos. No la escucho, solo tengo ojos y ella juega, sabe que la miro, recompone las piernas y mete la mano entre las rodillas, medio púdico medio provocativa, abre las piernas un poco, de nuevo cruza y descruza. Les pierdo a todos. Ella me habla de su pueblo, pueblo que yo conozco sólo de referencia, pero ahora opino de él como si hubiera vivido allí toda una vida. Todo, con tal de seguir mirándola... En ocasiones aparto los ojos para que no note mi fijación. Pero qué tontería ella también está en juego.&lt;br /&gt;-- Tengo que ir a casa, porque como no me he puesto medias...&lt;br /&gt;-- Cuando vaya por allí pregunta por nosotros. Hemos arreglado la casita de mis padres y nos ha quedado muy coqueta. Pasamos en el pueblo buena parte del verano, sobre todo el niño y yo. Para encontrarme sólo tienes que preguntar por la zapatera.&lt;br /&gt;-- Me encantaría, hace mucho tiempo que no voy por allí. Contesto, pero me parece que la cita me la da para muy tarde. Antes, quiero verla antes, tocarla antes, aunque quizá tampoco siento un deseo exacerbado de tocarle, más bien me gusta este juego de enseñar y no enseñar, el juego de mirar...&lt;br /&gt;La señora de verde sigue hablando sobre el oficio de su padre y a mi se me vienen las imágenes de "La Salamandra", aquella película, de Alain Turner en la chica, mientras prueba unos zapatos a una cliente le acaricia la pierna desde el talón  hasta los muslos.&lt;br /&gt;-- Pues un señor que firmaba sus crónicas con el seudónimo "Mirón" era de mi pueblo - continúa- NO sé si te acuerdas de la historia: el Mirón era un hombre que le gustaba mirar a las parejas haciendo el amor, y la virgen le castigó convirtiéndole en estatua de piedra, y allí en Soria está, a la orilla del Duero.&lt;br /&gt;-- Junto al olmo seco.&lt;br /&gt;-- No, presidiendo el arco de ballesta.&lt;br /&gt;-- Cuando quieras nos vamos, que  hemos quedado con esos amigos y tu dices que tienes que pasar por casa.&lt;br /&gt;-- Todavía es  temprano. Los chicos están disfrutando.&lt;br /&gt;-- Esperad, que os quiero enseñar él ático, dice la anfitriona.   El marido sigue perorando lo que harán esta noche. Llegaremos, estos amigos tendrán preparado una magnifica cena y aquí, y mi amigo comenzarán a saborear el buen vino. Después le darán al orujo de hierbas. Yo mientras tanto, hablaré con la señora de mi amigo.&lt;br /&gt;-- Es verdad, comenta la señora de verde. Ya que el organismo pide beber a mí me gusta saborear buenos caldos. Me encantan los de la rivera del Duero, pero tampoco hago ascos  a los riojas, el penedés.&lt;br /&gt;-- Hay un blanco de Jumilla perfecto, comento, que, aún barato, poco tiene que envidiar a esos vinos verdejos de Zamora y Galicia.&lt;br /&gt;-- De  Galicia me gusta el aguardiente.&lt;br /&gt;            De nuevo la señora y este  servidor han polarizado la conversación en un asunto común: la  afición a las  buenas libaciones, a  ese placer clásico de una cierta pérdida de conciencia donde se adentra uno haciendo los honores a  todos los dioses mediterráneos.&lt;br /&gt;-- Yo prefiero el güisqui al aguardiente, pero tampoco me viene mal una chupito de orujo.&lt;br /&gt;-- La de hierbas es muy digestiva, pero el güisqui tampoco está mal en la sobremesa, incluso antes de comer como aperitivo, como lo beben los americanos.&lt;br /&gt;-- Yo lo prefiero después.&lt;br /&gt;El juego de piernas sigue su camino. Me parece haber atisbado una tenue neblina cubriendo apenas el nubarrón certero de la noche inmensa que me figuro y me enciende. Ella lo advierte y no se recata. DE nuevo abre y cierra sus rodillas, sube y baja su vestido, coloca y descolo sus nalgas adivinadas a medias  entrevistas en relámpagos.&lt;br /&gt;            mi amigo ofrece oro trago de güisqui que saca de una botella reservada en una caja de lata muy bien decorada. Hace expresa la prohibición del hielo. Mi amiga, - ¿es ya mi amiga o me utiliza? ambos nos divertimos eso ya es seguro- reclama para ella el trago que antes rechazo. Le escancia alegre y nosotros seguimos caminando por la ancha Castilla, los  verdes prados, las iniestas colinas, las blancas nieves...&lt;br /&gt;-- ¿Subimos a ver la buhardilla? Insiste la anfitriona.&lt;br /&gt;La señora de verde se pone en  pie y yo también. Ella aprovecha para sacar con la una del dedo de la mano derecha las bragas de la raja de su culo. Lo hace disimulando, pero mirándome y sonriendo. Es una mirada cómplice. En los ojos de la anfitriona observo un destello curioso: ella también advierte, no me había dado cuenta a hasta ahora, el juego que nos traemos su invitada y un servidor.&lt;br /&gt;-- Subida vosotros, yo me quedo aquí hablando.&lt;br /&gt;-- Si subid, ya también me quedo, reafirma y cumpli mi amigo.&lt;br /&gt;            Ellas van delante. Las buenas costumbres indican que para subir  escaleras los hombres han de preceder a las señoras. No se cumple aquí. Delante la anfitriona, y yo sigo a la dama de verde.&lt;br /&gt;            En las paredes  cromos impresionistas se escalonan al compás de la escalera, los dibujos difusos  pregonan que ni el pescado es caro ni  los niños se aburren en las playas. Pero es quizá esa mujer de blanco a quien el viento le  ciñe un tanto el largo vestido, que se sujeta la pamema con la mano, la queme impresiona mas en este momento. No sé porque intuyo la mano de la mujer de verde que me antecede, sujetando un sombrero, esa misma mano que hace un momento empleaba para menesteres menos elegantes. No aparto los ojos de las atractivas redondeces que me preceden donde nota una mínima rugosidad marcando la intima prenda interior, con lo que aún enciende más mi curiosidad. Camina delante la anfitriona que de vez en cuando se para y explica el motivo de la decoración.&lt;br /&gt;Ya en el piso de la buhardilla, miramos hacia tras un hermoso pañuelo de Manila que decora un lienzo de la pared. Yo un paso mas abajo, siento la mano de la  mujer de verde se posa sobre mi hombro y aspiro su perfume que lo llena todo. La anfitriona explica el origen familiar del pañuelo, y la señora de verde sigue con su mano en mi hombro. Siento un roce leve de su cuerpo sobre mi espalda, ese roce  casi imperceptible que llama tímidamente pero sin molestar, que no se puede  entender si quiera como insinuación pero que tampoco se ha de restar  importancia pero sin despreciarlo. Miro hacia a tras. Mi nariz queda a la altura de su cadera. Observo de reojo que la anfitriona también ha puesto una mano sobre el hombro de la mujer de verde. Componemos así los tres un paso en escalera. La más alta la anfitriona que explica y  ambos visitantes  que miramos.&lt;br /&gt;-- Es un regalo de mi madre que lo heredo de la suya. Este pañuelo mantiene la historia de la familia.&lt;br /&gt;            Por fin ascendemos todos al recinto abuhardillado donde una de las paredes, forrada de libros, guarda la biblioteca  de la casa.&lt;br /&gt;-- A mí me interesa mucho la literatura de amor, comenta la anfitriona.&lt;br /&gt;Se alinean varias decenas de novelas románticas,  novelas melodramáticas, con finales felices, hoteles de lujo y playas del caribe.&lt;br /&gt;-- Yo no leo mucho, pero los libros que me gustan son los que llegan enseguida a lo sustancial, comenta la mujer de verde.&lt;br /&gt;            En una mesa, muy cerca de la biblioteca, hay un tren a escala.&lt;br /&gt;-- ¡qué bonito! ¿Funciona? Pregunta la mujer de verde acercándose.&lt;br /&gt;-- Sí, sí. Es del niño o de su padre, que estas cosas nunca se sabe muy bien. ¿Ves?  Acciona la palanquita de la electricidad y el tren comienza a dar vuelta por el circuito. Atraviesa ficticias montañas, cruza puentes sobre ríos  de estaño, circula por valle prolongados, no respeta las  estaciones,  y como niños miramos entusiasmados el juguete.&lt;br /&gt;            La mujer de verde mostraba una sonrisa entusiasmada, y de repente comentó.&lt;br /&gt;-- Tenemos que bajar, que aunque yo no tengo mucha prisa, mi  marido si, porque  hemos quedado a cenar esta noche  con unos amigos  y aún he de pasar  por casa porque tengo que arreglarme.&lt;br /&gt;-- Pero si estás guapísima.&lt;br /&gt;-- Si pero tengo que ponerme medias, que me he venido sin ellas.&lt;br /&gt;-- Si vais en casa de unos amigos, eso da lo mismo, comentó la anfitriona.&lt;br /&gt;-- Ni hablar, he de ponerme las medias, que me ha regalado mi marido, no me perdona que vaya a cenar  sin ellas.&lt;br /&gt;-- Pero...  ¿medias, medias?&lt;br /&gt;-- Si, sí, son medias.&lt;br /&gt;--¿ De las de liguero? - pregunté yo&lt;br /&gt;-- Sí, sí,   de las de liguero, como tu dices rió ella.&lt;br /&gt;--¡ Qué  barbaridad!&lt;br /&gt;-- a mí me resultan un tanto incómodas, comentó la anfitriona.&lt;br /&gt;-- Más  que incomodas  extrañas. Yo la primera vez que me las puse, tenía la sensación que iba desnuda por la calle, como ahora, sin nada.&lt;br /&gt;-- Pero ahora si llevas bragas ¿no? Preguntó la anfitriona.&lt;br /&gt;-- Pero muy finas, como si nada, toca, veras.  La mujer de verde tomó la mano de la anfitriona y se la puso por la nalga corriéndola hacia la cadera, - a que no se notan.&lt;br /&gt;La anfitriona no contestó enseguida sino que mantuvo la mano sobre la cadera abrazando a su invitada por la cintura y mirándola a los ojos. La mujer de verde tampoco dijo nada. Igualmente la miró.  La anfitriona, con la mano derecha  acarició a  través de la apertura del vestido un pecho de la invitada.&lt;br /&gt;-- El sujetador, también es muy suave.&lt;br /&gt;-- A  mí me gusta mucho la ropa interior suave, y fina, no me gusta sentirla...&lt;br /&gt;La mano de la  anfitriona permaneció entre los pliegues  del vestido verde, mientras que  la invitada  acariciaba la cara de la mujer. El tren de juguete seguía dando vueltas al ciercuito, sin pitar, sin hacer ruido, sin hacerse notar. La  anfitriona había bajado su mano desde la cintura  hasta los botones del vestido verde  que desabotonó entero. A  mis ojos, un sujetador transparente también verde, y unas braguitas, verdes  y transparentes que ocultaban lo que yo creía un espeso  y pobladisimo  bosque negro, adivinado  a través de la escasisima y transparente  yerba.&lt;br /&gt;La anfitriona, acarició los senos de la mujer de verde y bajo con su lengua desde los pechos hasta la cintura, donde se entretuvo para seguir el descenso, lento hasta las rodillas. La Mujer de verde cayo en los amborios y el tren seguía dando vueltas. Mis nervios me impedían articular palabra o unirme al grupo, solo miraba... La mujer  de verde me miró otra vez, pero no me invitaba, le apetecía que solo fuera espectador, a la anfitriona, la veía la espalda atareada como estaba en hurgar en aquel lugar que ella me impedía ver porque lo tapaba con su cabellera. Yo miraba, maridaba, miraba, y me  acordaba de la estatua del mirón y mi ballesta tensaba  el arco tanto como el Duero a su paso por Soria.&lt;br /&gt;La mujer de verde, en uno de los momentos que pudo abrir los ojos, separa una de las manos que descansaba sobre el hombro de la anfitriona y me hizo una seña para que me acercar.&lt;br /&gt;            Tome su cara entre las manos y la bese en boca. La anfitriona  sintió mi arco de triunfo sobre su nuca, lo mismo que yo sentí su nuca entre mis piernas. Sin olvidar a su invitada,  liberó de la prisión mi estatuilla y comenzó a acariciarla.  Ella misma desde abajo condujo la locomotora  hasta el túnel. Era buena maquinista. Sólo hacía echar leña  al fuego.  El otro túnel también lo recorrimos los tres juntos.  El tren eléctrico seguía dando vueltas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3917431081083263527?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3917431081083263527/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3917431081083263527&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3917431081083263527'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3917431081083263527'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/06/la-mujer-de-verde.html' title='LA MUJER  DE VERDE'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-12375160790280612</id><published>2008-06-08T11:41:00.003+02:00</published><updated>2008-06-08T11:51:37.995+02:00</updated><title type='text'>ACUERDO EN EL CLAUSTRO</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;"Recogí este cuento de un cuaderno escolar escrito con muy mala letra. La &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;sensación&lt;/span&gt; que transmitía presumía que lo había redactado a vuela pluma y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;posiblemente&lt;/span&gt; durante alguna sesión de claustros escolares. Deduje de eso que tal vez &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;Petronilo&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Marceliano&lt;/span&gt; Tardón se había dedicado en algunas ocasiones a la &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;enseñanza&lt;/span&gt;. Como quiera que este mes de junio es propicio a los claustros en los centros escolares creo oportuno ilustrar a los pacientes lectores &lt;span class="blsp-spelling-corrected" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;hasta&lt;/span&gt; que punto pueden ser interesantes este tipo de cónclaves"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Paula&lt;/span&gt; Marta Temprano&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las bragas de aquella compañera no eran ningún misterio, porque ella se había encargado de popularizarlas, pero siempre intrigaban. En cierta ocasión, durante un descanso en nuestro trabajo, ella había aprovechado para adquirir un lote en la mercería cercana y había expuesto la compra sobre la mesa, un poco en plan coqueta, un poco en plan ama de casa. Debajo de sus faldas, siempre largas, siempre amplias, se guardaba un buen torneado cuerpo imaginable cuando vestía pantalones, casi visible ahora, con la llegada del calor y las transparencias.&lt;br /&gt;Nada de esto hubiera tenido la menor importancia de no haberse celebrado el claustro final de curso donde debía elegirse la nueva dirección del centro. Para el cargo de director había tantos aspirantes como &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;claustrables&lt;/span&gt; y éstos divididos en tantos grupos como personas, polarizados, quizá por la inercia, en dos bandos absolutamente &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;irreconciliables&lt;/span&gt; entre sí. Baladí hubiera resultado la anterior circunstancia si ella no se hubiera sentado a mi lado, o si ella no me hubiera comentado, al levantarse, que se le había roto la cremallera de la falda.&lt;br /&gt;--Al ponerme de pie se me pueden ver las bragas, y menos mal que hoy las llevo.&lt;br /&gt;--¡No me digas que hay días que no llevas bragas!&lt;br /&gt;--Si hace mucho calor, no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Ahora cuando te levantes, voy a tirar de tu falda, porque por la temperatura que hace, hoy no las llevas.&lt;br /&gt;--¡No seas tonto!&lt;br /&gt;Se abrochó bien la prenda exterior y no nos mostró la interior a los cuarenta principales que nos revolvíamos en las sillas. Pero yo, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;disimuladamente&lt;/span&gt;, metí la mano de bajo de su falda, imitando a Sabina, y toqué agua. El gesto, rápido y cómplice, en el barullo de la media mañana, no pasó desapercibido para el compañero &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Molano&lt;/span&gt;, con quien ella, minutos antes, había mantenido una fuerte agarrada por un tema cuya importancia ahora se me escapa, aunque entonces lo considerábamos decisivo para nuestro quehacer común. Ella sólo amagó una protesta inteligible como un desafío.&lt;br /&gt;Salimos en el receso a tomar un café cada uno por su parte. Por supuesto que ella y yo, dadas las relaciones grupales, sólo tomaríamos un aperitivo juntos, si a los peces les nacieran patas. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;Molano&lt;/span&gt; me acompañó a comprar un libro.&lt;br /&gt;-- ¿Sabes lo que me ha dicho ahora mismo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Senabre&lt;/span&gt;, el de Historia? Que por qué no le tiro los tejos a la de inglés.&lt;br /&gt;-- ¡No estaría mal! -le contesté.&lt;br /&gt;-- ¡Chico, es que yo no sé qué le he hecho, pero siempre se enfrenta a mí en los asuntos más nimios!&lt;br /&gt;-- Ella es así. Además la utiliza el otro bando de portavoz.&lt;br /&gt;-- Con todos los hombres se lleva bien, menos conmigo. Claro, como todos le decís lo guapa que es y le tocáis un poco el culo...&lt;br /&gt;-- Ciertamente a ella le gusta. Además ahora tienes la oportunidad, su marido se marcha esta noche a Escocia.&lt;br /&gt;-- Voy a ir por ella.&lt;br /&gt;-- Mejor, cuando reanudemos el claustro, te pones a su lado. Yo me pongo al otro y le metemos manos los dos a la vez.&lt;br /&gt;-- ¡No te atreves!&lt;br /&gt;-- ¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;Atrévete&lt;/span&gt; tu!&lt;br /&gt;Pasados los veinte minutos de descanso, decidimos adecuar la praxis táctil a la farragosa dialéctica con la que los reunidos exponíamos o rebatíamos tesis sin mucho más orden ni concierto que el exigido por el propio intelecto de cada uno, y sin mayores consecuencias. Nosotros representábamos la nueva alternativa como grupo emergente en contra de quienes hasta el momento mantenían el poder relativo en el centro. Para dirimir la batalla, el sentido del tacto, junto con esta previa planificación, jugaría un papel fundamental en la definitiva segunda parte que comenzaba.&lt;br /&gt;Ocupados los asientos, aún en los minutos iniciales de murmullo, ya se habían levantado varias manos pidiendo la palabra a la presidencia. Uno de los aspirantes a oradores, insistía con aspavientos exagerados, imposibles de no advertir:&lt;br /&gt;-- ¡Cuestión de orden! ¡Cuestión de orden! -gritaba.&lt;br /&gt;-- A ver, Balas, ¿qué quieres?... -concedió el director en funciones que ejercía de presidente.&lt;br /&gt;--¡Esto no se puede consentir! Que alguien me razone convenientemente por qué motivo &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Molano&lt;/span&gt; ha cambiado de lugar y ahora se sienta frente a mí. Yo no quiero ser malintencionado, sin embargo me temo que su cambio sea sólo una táctica para distraerme durante mis intervenciones y de esta manera ganar votos. Pido que regrese a su sitio, y que conste en acta mi intervención y vuelva cada cual a ocupar el lugar que le corresponda sin intimidar a nadie.&lt;br /&gt;-- ¿Eso tiene que constar en acta? Preguntó desesperado el secretario, harto de rellenar papeles de notas ilegibles e incongruentes que posteriormente habría de registrar en el libro manuscrito debidamente sellado y numerado.&lt;br /&gt;-- ¡Protesto! -apuntó el compañero &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;Senabre&lt;/span&gt;-. ¿Quién ha dado la palabra al secretario? ¿Es que aquí cada cual intervine cuando le viene en ganas? Además la intervención del Señor Balas no es una cuestión de orden sino un artificio que forma parte de su estrategia perfectamente estudiada para prolongar el claustro y de esta manera, por cansancio y aburrimiento, métodos a los que nos tiene acostumbrados, no alcanzar los objetivos que hoy nos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;reúne&lt;/span&gt; aquí que no son otros que los de hacer que dimita la actual dirección por ineficaz y barullera y se haga cargo de la marcha de nuestro querido centro un equipo de personas competentes y serias que nos saquen del caos.&lt;br /&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Senabre&lt;/span&gt;, el de historia, representaba lo más granado en lo que a la legalidad se refiere. No recuerdo ningún claustro en que no haya hecho alguna mención al acta y no haya amenazado con impugnar todos los acuerdos por no ajustarse a lo que él había creído entender. Eso era su parte negativa. En el campo positivo, observaba con ojo avizor todos los movimientos y nada de lo que sucedía en las reuniones o fuera de ellas se le escapaba. Con frecuencia, sus observaciones eran certeras en cuanto a tales, pero a la hora de traducirlas en propuestas y concreciones la cosa cambiaba bastante.&lt;br /&gt;A pesar de la protesta del Balas contra &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Molano&lt;/span&gt;, la de inglés permanecía flanqueada por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;Molano&lt;/span&gt; y por mí. Apenas sentada, corrió el culo al borde de la silla en equilibrio sobre las dos patas traseras, se descalzó, colocó su pie derecho sobre su rodilla izquierda abriendo un amplio horizonte invisible para todos por la profundidad de la mesa. Yo también me quité una alpargata y, con los dedos del pie, llegué desde su rodilla hasta donde el muslo aumenta de temperatura y gana en suavidad. Una mínima mirada de reojo fue la respuesta. Se inclinó para escribir una nota sobre un papel que me pasó muy &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;dobladito&lt;/span&gt;: "¡Pies suaves!" Repetí la operación y no contestó.&lt;br /&gt;Entonces, inclinado sobre la mesa, con la derecha dibujando redondeces en un papel blanco, lancé mi izquierda hacia una aventura, no por cercana menos arriesgada que la conquista de las nieves del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_21"&gt;Kilamanjaro&lt;/span&gt;. Toqué redondeces de una carne que no veía pero sentía blanca y calurosa. Llegué hasta donde las buenas maneras permiten decir. Alcancé vello y entendí los comentarios anteriores. Hoy hacía mucho calor. Ella había descruzado las piernas y enrojecía, ya bien sentada, mientras garabateaba sobre un papel quién sabe qué pensamientos envueltos en rayas armoniosamente onduladas en forma de frondosos árboles y risueños pajaritos.&lt;br /&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_22"&gt;Molano&lt;/span&gt; debía hacer lo mismo por otro lado. Tampoco hablaba. La de inglés mantenía las piernas abiertas. En estos momentos me tocaba hablar para felicitar al jefe de estudios por lo bien que había actuado como conserje. Esta historia, banal como pocas, nos había enfrentado durante todo el curso. En ese mismo instante rodeé la puerta de una gruta húmeda y oferente. Entré con un dedo: el otro que estaba dentro debía ser de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_23"&gt;Molano&lt;/span&gt;. Yo levantaba la mano derecha para reprender al Balas, mientras con la izquierda andaba en compañía por un terreno selvático desconocido para mí, abierto y acogedor como un valle de montaña. No sé qué la excitó más si ambas manos en sus remos o mis palabras de crítica. La de inglés levantó la mano y a mí me entró un escalofrío. Seguidamente &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_24"&gt;Molano&lt;/span&gt; pidió hablar. El director avisó de la existencia de cinco turnos delante. Las manos de la vecina abandonaron la mesa y una se posó sobre mi pierna. Llegó hasta la pretina y bajó la cremallera de mis pantalones vaqueros. Tropezó con más ropa pero no se arredró. La facilité la labor abriendo las piernas y sacando el culo. Yo, seguía utilizando mi mano izquierda habitual en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_25"&gt;menenesteres&lt;/span&gt; diplomáticos. Ella se apoderó de mi segundo yo con quien comenzó un diálogo a través de un balanceo suave y experimentado. A &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_26"&gt;Molano&lt;/span&gt; debía &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_27"&gt;sucederle&lt;/span&gt; lo mismo. Cuando le llegó el turno de hablar a ella, cedió la palabra al siguiente. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_28"&gt;Molano&lt;/span&gt; destrozó a la dirección y se ensañó con el director hasta la saciedad. Según aumentaban sus críticas, la de inglés aumentaba la presión que, para mí, resultaba insostenible. Ella cerraba y abría las piernas. Yo sentía los dedos de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_29"&gt;Molano&lt;/span&gt; cerca de los míos transitando sin tregua por la amplia boca de labios tibios. Yo, apunto de estallar, comprobé la presión de aquellos muslos cerrándose espasmódicos sobre mi mano. A &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_30"&gt;Molano&lt;/span&gt;, en el uso de la palabra, se le quebraba la voz. Entonces ella saltó:&lt;br /&gt;-- ¿Puedo hablar?&lt;br /&gt;--¡Habla!, -dijo el director, convencido de que ella apoyaría las tesis del Balas, el jefe de estudios que mejor ha ejercido de conserje en mis años de enseñante.&lt;br /&gt;&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_31"&gt;Molano&lt;/span&gt; y yo la miramos asombrados. Ella no soltaba nuestras presas y yo no aguantaba más.&lt;br /&gt;-- Mirad, tengo en las manos dos buenas razones para estar de acuerdo con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_32"&gt;Molano&lt;/span&gt; y éste, de modos que les propongo para que formen el próximo equipo directivo, yo me ofrezco como secretaria.&lt;br /&gt;Así fue como ganamos aquella asamblea y supimos lo que significa ahorrar en tenues prendas interiores los calurosos días de final de curso. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-12375160790280612?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/12375160790280612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=12375160790280612&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/12375160790280612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/12375160790280612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/06/acuerdo-en-el-claustro.html' title='ACUERDO EN EL CLAUSTRO'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-9169520216423364552</id><published>2008-05-22T23:27:00.004+02:00</published><updated>2008-05-23T11:37:44.853+02:00</updated><title type='text'>AJO BLANCO Y SALSA DE TOMATE</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;Rescaté este cuento de las desordenadas libretas que &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;Petronilo Marcelinao Tardón&lt;/span&gt; almacenaba en una caja de zapatos. me pareció interesnte la alianza entre la cocina y el erotismo, aunque nunca han estado reñidos la mezcla del placer de los sentidos. Quizá falte una melodía sonando en el ambiente, pero puede solucionarlo la bailarina. &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;Paula Marta Temprano.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;           Me había llamado Marisol de manera muy urgente. Marisol, amiga desde hacía muchos años, atravesaba un momento delicado en su vida: terminaba de separarse de su  marido y los hijos, ya mayores, abusaban de su bolsillo. Además, según me contó por teléfono, querían darle lecciones de moralidad. La encontré muy abatida e inmediatamente corrí a su lado. Serían las dos de la tarde cuando llegué a su casa. No se había quitado la bata, aunque parecía recién salida del baño. El pelo aún lo llevaba mojado.&lt;br /&gt;Después de los saludos correspondientes y un abrazo prolongado, donde se desahogó llorando, fui capaz de hacer que recompusiera su ánimo.&lt;br /&gt;-- Te invitaría a comer fuera, pero posiblemente se nos haga tarde, ¿tienes algo en la nevera? Yo mismo lo preparo -me ofrecí servicial.&lt;br /&gt;-- No sé si hay. Mira tú mismo -me contestó desde las profundidades de su depresión, como si todo le diera igual, que así era.&lt;br /&gt;Ella se quedó en el salón y yo entré en la cocina. Miré. Había patatas, arroz y bacalao. También había tomate frito. En la nevera vi fruta y algunas verduras. Encontré unas botellas de vino en el bajo de una especie de armario que ejercía de despensa y botellero. La bodega, no muy extensa, resultaba atractiva. Escogí una botella polvorienta, sin etiqueta y cerrada a mano. Tenía el aspecto de cenicienta en el palacio, como si alguien la hubiera abandonado a su desgraciada suerte, sin darle ni nombre ni apellidos. A mí me gustó por eso. En el cajón de los cubiertos descubrí el sacacorchos. Abrí la botella. Olí el corcho. El aroma a viejo inundó mis sentidos. Vertí medio vaso para recoger los posos. Lo miré al trasluz. Los tornasoles de un tinto maduro y conservado me hablaron de delicados matices en la lengua. Probé un mínimo trago que extendí por mi paladar. La nariz volvió a cantar. ¡Gloria bendita! En el salón permanecía mi amiga Marisol arrebujada sobre el sofá, frente al televisor apagado como si ofreciera el mejor de los espectáculos del mundo. De la vitrina extraje dos copas. Las coloqué sobre la mesa ante mi amiga y dije:&lt;br /&gt;-- "El vino es el único antídoto que conozco para precavernos de esta letal amargura que vida va filtrando en nuestro corazón. No te amedrenten las pardas nubes que veas alzarse en tu horizonte, mientras tengas al alcance de tu mano la copa rebosante."&lt;br /&gt;-- No pintas un panorama muy halagüeño, pero suena bien esas palabras.&lt;br /&gt;-- Son de un persa de la Edad Media que debía conocer los sinsabores y como vencerlos. Ahí dejo la copa al alcance de tu mano mientras me encierro en la cocina. Hoy vas a conocer los placeres de la buena mesa...&lt;br /&gt;-- No tengo hambre ni ganas de comer...&lt;br /&gt;-- Tú espera un poco.&lt;br /&gt;Regresé a la cocina y volví a mirar. Había también aceite de oliva, algunos ajos y distintas especies. En cuanto al pan lo había duro exclusivamente. No abundaba donde escoger, pero decidí rápido con qué podría levantar el ánimo de mi abatida Marisol. En primer lugar, salí otra vez a saludarla. Seguía allí encogida sobre el sofá. No había tocado el vino, mi copa en cambio había bajado sustancialmente. Me serví de manera generosa. Cogí su copa y se la puse en la mano. Me senté casi en su regazo. La incorporé un poco, le acaricié la nuca y le hice probar el vino.&lt;br /&gt;-- Brindemos. Lo demás poco importan.&lt;br /&gt;-- Me voy a emborrachar.&lt;br /&gt;-- Tampoco es para tanto, pero unos cuantos vasos de vino te levantarán el ánimo -la bese en la cara, cariñosamente- ." A pesar de todo, tendrás amor, tendrás amigo"- le recité.- Ahora vuelvo a la cocina.&lt;br /&gt;Me escancié otra vez y me levanté. En un cacharro puse pan duro con agua. En otro puse a cocer dos huevos. El bacalao lo metí también en un plato con agua. No serviría de mucho, pero parte de la sal se le iría mientras preparaba los otros ingredientes. Pelé algunas patatas y las rebané. Mientras trajinaba en la cocina, me venía a la imaginación los castigos del bardo compañero del Capitán Trueno, que por cantar le arrestaban siempre a este oficio tan poco lustroso y él, para ennoblecerlo con la poesía recitaba aquello de "qué lata, siempre pelando patatas con cuchillo de lata"... Puse en una sartén aceite a calentar y, mientras, batí un huevo en un bol. Rebocé las patatas y las freí. Hice lo mismo con el bacalao después de cambiarlo unas cuantas veces de agua para quitarle, en lo posible, la sal. Lo puse todo en una cazuela y doré en el aceite sobrante unos gramos de harina, para espesar la salsa. Se la puse por encima a las patatas y al bacalao. Maché en el mortero un ajo y unos clavillos y también lo añadí. Procuré cargar la mano en las especies. Siempre suelen calentar los ánimos. Añadí agua y lo puse a fuego lento. Tenía para media hora...&lt;br /&gt;Salí de nuevo saludar a Marisol. Seguía triste pero había consumido el vino. Me senté otra vez junto a ella y le increpé.&lt;br /&gt;--¿¡Pero quieres ponerte de pie de una vez y dejar de compadecerte!? ¿Te crees que porque te tengas tanta compasión a ti misma te van a solucionar algo?&lt;br /&gt;-- No. Pero se está tan a gusto, así pequeñina, como si fuera una niña enfurruñada...&lt;br /&gt;-- Vamos, apura la copa y a beber y beber y cantar como dice la canción ya veras como espantas tus males...&lt;br /&gt;Pero Marisol no levantaba cabeza. Verdaderamente se encontraba hundida en la más profunda de las depresiones ocasionales. Volví hacia la cocina porque tengo sabido que una buena comida alegra el espíritu.&lt;br /&gt;El guiso comenzaba a tomar en olor. Pensé en hace una especie de gazpacho o algo para refrescar y completar la marmita, pero no había muchas viandas en la despensa, así pues me conformé con el plato que había preparado. Lo probé. De sal estaba un poco cargado, pero no importaba mucho, porque ello ayudaría a beber.&lt;br /&gt;Las patatas habían alcanzado el punto de cocción perfecto y los filetes de bacalao, también. Entraba el tenedor perfectamente. Apagué el fuego y aparte la perola. Serví buena parte de aquel cocido en dos platos hondos para que se enfriara un poco.&lt;br /&gt;-- ¿Tienes por aquí un mantel? -pregunté a Marisol&lt;br /&gt;-- En el aparador -me contestó desde su letargo.&lt;br /&gt;Lo busqué y lo extendí sobre la mesa baja frente a la que ella se encontraba. Destapé otra botella de vino. Serví la mesa y me senté frente a ella, en el suelo, sobre un cojín. Por fin se incorporó. Mostraba los ojos tiernos de haber llorado pero estaba guapa, muy guapa. Se mostraba tierna y desprotegida, necesitada de afecto. Entre la bata, sujeta a la cintura por sólo el cinturón, dejó ver sus hermosos muslos.&lt;br /&gt;No esperé a los postres, entre otras cosas porque nada había preparado para abordar la conversación sustanciosa.&lt;br /&gt;-- ¿Pero qué te ha pasado realmente? Cuenta y desahógate.&lt;br /&gt;-- Vengo ayer, y ya sabes como ando con mi marido, y me lo encuentro en casa duchándose con una tía. Eso, según estaban las cosas no es que me importara mucho, lo malo fue que encima me monta una escena pidiéndome perdón diciendo que nos quería a las dos y que hoy quería llevarse a los niños porque yo no les atendía. Y llegan los niños, y me montan la misma escena, así que me siento cornuda y apaleada...&lt;br /&gt;-- Tampoco es para tanto. Las desavenencias ya estaban cantadas y lo de los niños no era más que una venganza por las peleas de los padres... Tú lo que tienes que hacer es seguir escribiendo que lo haces muy bien.&lt;br /&gt;-- No tengo ánimos ni para ponerme.&lt;br /&gt;-- Cuenta aunque sea tu propia experiencia.&lt;br /&gt;-- Si, ya, la novela del siglo...&lt;br /&gt;-- Un tanto así.&lt;br /&gt;Las patatas con bacalao, comida pobre, habían salido muy bien.&lt;br /&gt;-- Está rico este guisote -dijo, con la cara un poco más sonriente.&lt;br /&gt;-- Menos mal que te oigo decir algo positivo.&lt;br /&gt;-- Que a ti se te da bien la cocina, no es que yo vea nada positivo.&lt;br /&gt;-- Bueno, sólo cuando guiso con esmero para amigas desesperadas. Bebe vino, anda. Llené de nuevo su vaso y volvió a probar otro trago.&lt;br /&gt;Marisol perdía rigidez a medida que progresaba la comida. Su semblante, tan sombrío, cobraba otro aspecto más alegre más risueño, más como ella era. Marisol, cuando yo la conocí, dirigía una revista de historia. No escribía mucho, pero coordinaba bien los trabajos de otros investigadores. Era una mujer alegre y muy metida en su trabajo. Ella y su marido, ejecutivo de una empresa de fotocomposición, se conocía desde niños. Se habían casado apenas terminadas sus carreras de historiadora y economista y siempre habían sido un matrimonio bastante abierto. Los dos chicos habían venido. Ella, por tradición familiar, se había metido en política y ahora, ambos ocupaban puestos de dirección en la administración y en el partido. Rondaban la edad incierta de los treinta y tantos y los problemas de convivencia que nunca habían aparecido afloraban, no tanto por celos como por identidad personal. Marisol, reivindicaba en ocasiones la suerte de las amas de casa.&lt;br /&gt;-- Hombre, aunque te parezca mentira y me veas con la moral tan baja, todavía no tengo ganas de morirme.&lt;br /&gt;-- Eso está, bien. ¡Que se mueran ellos!&lt;br /&gt;-- Tampoco, que vivamos todos pero que nos dejen vivir y no nos digan lo que tenemos que hacer.&lt;br /&gt;--¡Pues así sea! -concluí yo.&lt;br /&gt;Se hizo un silencio aprovechable para avanzar en el plato de comida. Las especies y el granín de sal excesivo potenciaban la necesidad del vino. Los vasos volvieron a llenarse y a quedar de nuevo en ese punto medio de ni llenos ni vacíos.&lt;br /&gt;-- ¿Qué te parece si esta tarde vamos al cine?&lt;br /&gt;-- ¡Olvídate, yo no me muevo de casa, no tengo ánimos!&lt;br /&gt;-- Vaya, volvemos a empezar...&lt;br /&gt;-- No, si no es eso. Pero me encuentro muy bien en casa, no tengo ganas de salir.&lt;br /&gt;-- Como tú quieras, por eso no discutiremos. ¿Qué andas haciendo ahora?&lt;br /&gt;-- Con los líos no estoy muy trabajadora. Tengo por ahí unos cuentos empezados que sabe dios cuando los terminaré o si los terminaré algún día.&lt;br /&gt;-- Me los tienes que dejar...&lt;br /&gt;-- Cuando los termine. ¿Te apetece un café? -ofreció Marisol&lt;br /&gt;-- ¡Encantado! Y una copa.&lt;br /&gt;-- Tengo algo de güisqui, ya sabes que soy poco bebedora.&lt;br /&gt;Marisol se levantó por fin. Bajo su bata dejó al descubierto la sonrosada carne de los muslos y la sombra oscura del "concovulus floridus". No dije nada y también me levanté del suelo. La acompañé a la cocina. Mi imaginación comenzó a desatarse. Según el estado de ánimo de mi amiga, aunque mejoraba, de un momento a otro podía romper a llorar. Un llanto de mujer, siempre es embarazoso, pero cuando se trata de una amiga que cuenta sus problemas con terceras personas, puede conducir a situaciones curiosas. Pero también pensaba en los lucidos muslos y en la oscura golondrina que había entrevisto. La comida y una copa podían desatar tormentas, si el cielo seguía dejando al descubierto las estrellas.&lt;br /&gt;Marisol trajo hielo en un plato junto con dos vasos largos. Yo llevé la botella de güisqui en la que quedaban apenas tres copas. Suficiente, de todas maneras. De nuevo ocupó el sofá para tumbarse. Yo me senté frente a ella, ahora en un sillón.&lt;br /&gt;Para animarla, yo le empecé a contar una historia picante que me había sucedido en una ocasión en una reunión de amigos en la que quedamos todos en pelotas. Ella se rió de nuevo, lo cual me alegró.&lt;br /&gt;-- Eso parece poco socialista -me comentó.&lt;br /&gt;-- Lo que sucede es que tú mantienes la moral burguesa -le contesté-. ¿Si es divertido, por qué va a ser poco socialista?&lt;br /&gt;-- Tal vez sea como tú dices -concedió sin más discusión-, pero a mí me lo censurarían mi marido y mis hijos.&lt;br /&gt;Marisol, tumbada sobre el sofá, abría y cerraba las piernas de forma casi automática, casi como un tic nervioso, pero cada vez dejaba ver más sus carnes. A mí me resultaba difícil apartar los ojos de allí. Comenté sin querer&lt;br /&gt;-- A saber lo que hace tu marido, ¿no dices que le pillaste duchándose con otra señora?&lt;br /&gt;-- Eso es cierto&lt;br /&gt;-- ¿Tú no te has acostado con otro nadie que no sea tu marido?&lt;br /&gt;-- ¿Por qué me preguntas eso?&lt;br /&gt;-- Ciertamente es una cuestión indiscreta, pero, según están las cosas, no estaría nada mal... Una buena juerga te relajaría las tensiones.&lt;br /&gt;--Quizás lleves razón. Una buena juerga puede que me viniera bien. ¿Pero con quien?&lt;br /&gt;El movimiento de piernas de Marisol, recostada como la Cleopatra, centraba toda mi atención que distraía exclusivamente con el trago de alcohol que vez ve en cundo sorbía de mi vaso.&lt;br /&gt;-- Con cualquiera, conmigo mismo que para eso están los amigos.&lt;br /&gt;-- ¿Te atreverías a meterte en una orgía conmigo y con tu mujer?&lt;br /&gt;-- Y contigo sola dije levantándome.&lt;br /&gt;Me acerqué a ella, y sin avisarle la besé en la boca. No existió resistencia y sus labios se abrieron. Mi mano entró directa debajo de la bata y encontró la noche clara y el caminito andador. Las copas quedaron pendientes sobre el cristal de la mesa. Pocos minutos después yo también estaba desnudo. Rodamos por el suelo, en la alfombra. La situación se convulsionó de tal manera que mi cabeza quedó entre sus piernas y la suya entre las mías. Aquella comida no estaba mal: al pesado con patatas, por lo que comenzó todo, se le añadía ahora un conejo bastante fresco. Seguimos jugando y Marisol se animaba. Fue entonces cuando soltó aquella barbaridad que a mí me hizo gracia. --¿Lo que me vas a dar ahora es el ajo blanco que me prometiste antes?&lt;br /&gt;-- Sigue y prueba, a mí me gusta este conejo. Acaso le haga falta algo de salsa de tomate, pero me conformo con que sea así, al ajillo. Cuando hubo probado el gazpacho, quiso montar a caballo. Yo sobre la alfombra mirando al cielo, supe aquella tarde y alguna que otra más, las buenas cualidades de amazona de mi amiga Marisol.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-9169520216423364552?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/9169520216423364552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=9169520216423364552&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/9169520216423364552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/9169520216423364552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/05/ajo-blanco-y-salsa-de-tomate.html' title='AJO BLANCO Y SALSA DE TOMATE'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3353426373418746843</id><published>2008-05-10T00:41:00.003+02:00</published><updated>2008-05-10T00:48:01.377+02:00</updated><title type='text'>REUNIÓN DEL EQUIPO DIRECTIVO</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;Está desmostrado que la eficacia de cualquier equipo directivo es proporcional al entendimiento humano entre sus miebros. He aquí un ejemplo claro de esta  evidencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Todo es simple como el juego de los niños, pero las reglas son imprescindibles. Siempre ponemos reglas para romperlas. Las reglas se ponen solo porque se sabe que hay alguien que no la vas a cumplir. Si todos estuviéramos de acuerdo en que las reglas no inflingirían, a nadie se le ocurriría formularlas. En esto tampoco hay reglas. La única regla que hay, el chiste fácil, es sangrienta. Yo no soy drácula. Ella no es vampiresa. Por eso en el pasillo, a la vuelta de una esquina, meto la mano por debajo de la falda. Ambos nos dirigimos hacia el despacho de dirección. Cierro la puerta con el pie. La abrazo. Los labios se funden. Hoy he comprado, una novela de amor de esas de trescientas pesetas. La libido se me ha subido. Deseo tocarle el culo, se lo digo, me ha soltado una grosería. Le he contestado con otra y le he dado un azote. Ella ha respondido, con un " ¡sonso!",- palabra talismática ésta - me remueve toda la sensualidad soñada del caribe. Veo el anuncio de los limones cuando la oigo. Se ha puesto de moda en mi trabajo. Habrá razones para ello. La he dado en el culo, y me ha dicho "sonso". La he hecho cosquilla y se me ha vuelto. Película del oeste donde la heroína mira al bueno, en vez de estampar el beso, he vuelto a las cosquillas. Quería decirle algo importante del trabajo. "tienes un culo prometedor" he pensado, hoy te lo toco a discreción, pero has de esperar, hemos de resolver tres problemas. Uno de clientela, otro de personal y el tercero, el más sencillo pero el que más te preocupa a ti, de administración. Yo tengo en la mente un cuarto problema. Será la cuadratura del circulo, para eso tu eres la directora, a mi me toca imaginar, y a ti calcular. Hemos repartido así los papeles. Yo te imagino cada día, cada momento que te tengo cerca. Ahora en el pasillo te he tomado por la cintura, te he girado. En esta ocasión has ocultado los labios pero te has dejado abrazar. Te he presionado en la cintura y has levantado los ojos. Ahora sí te he besado. Te he llevado hasta el despacho de dirección, he cerrado la puerta con el pie, te he abrazado fuerte y te he besado. Te inclino sobre la mesa y te subo la falda. Te dejas hacer. Te he tocado un poco por arriba y bajo inmediatamente al pilón. Te bajo las bragas y pongo mis labios sobre tu coño. Coño negro., Coño peludo, coño, sabroso, un coño al que tenía ganas. Alterno tu boca con mi boca. No gritas, sólo suspiras. Llaman a la puerta. Esperaba esta llamada. Quito el pie. Entra Lola. Nos ve como estamos. Tú y yo habíamos acordado pervertirla. Es la ocasión. Lola hace un intento de retirada, un intento suave. No puede apartar los ojos de tu postura: las bragas en los talones y la falda cubriendo todo tu cuerpo. Estás sentada, arrebolada, yo de pie, también convulsionado. Mi pantalón, aun intacto, muestra el efecto de tu afecto. Lola intenta decir algo, pero no se atreve. Las evidencias son muchas. Yo la abrazo por el cuello, y la acerco. Ella pone cierta residencia aunque cede. Tú estás muy cerca. Beso tus labios y los de ella al mismo tiempo. Te doy el relevo como en una carrera. Tú parece que lo tomas con energías. Corres un primer esplín. Os miro cautivado: es el beso que no cesa. Vuelvo a meter, mi mano bajo tu falda. Tú separas las piernas sin dejar de acariciar la cara de Lola. Lola, contra todo pronostico, ha cerrado los ojos y avanza su mano hacia tu pelo, hacia tu brazo, aún no se define. Parece que cuenta los dedos en el aire. Son unos dedos menudos, suaves. Lleva las uñas pintadas. Lola siempre lleva las unas pintadas. Son unas para arañar o presumir o tal vez par ocultar que también sirven para acariciar. Esta vez las muestra para lo que son: como algo con qué jugar. Algo que se ha parado ahí sorprendido. Esta mano que camina hacia tu seno, y ahora lo sé, erguido y suave, estas uñas en las que tú no reparas porque te ocupas de los labios de Lola, te ocupas del cuello de Lola, del pelo corto de Lola, -tú no ves las uñas pintadas suspendidas en el aire esa milésima de segundo- el tiempo suficiente para que las uñas alcancen toda su dimensión evocadora llenas de timidez y audacia, repletas de deseo y ávidas de aventuras. Yo os miro desde cerca, como espectador, ¿soy expectante o estoy expectante? en todo caso sorprendido. Es la fotografía del momento: un primer plano de la mano que se paraliza en una duda entre la caricia y el desgarro. Brillan las uñas sobre las blancas camisas con puntillas que palpitan y labios que se juntan. Deslizo suavemente mi mano por tus piernas al compás que las uñas se extienden para llegar hasta tu hombro y rodear tu cuello. Mi otra mano, se posa sobre la cintura de Lola. Es la cintura del pantalón y su carne erguida en ese erizarse suave de las primeras caricias. Comparo tu suavidad, ya en marcha, con el primer contacto de la piel de Lola. Son distintas pieles y una misma sensación. Sujeto la puerta con el talón de mi pie. No quiero más gente en el despacho. El equipo directivo ahora está reunido y ha tomado una importantísima decisión. No hay palabras altas. Hablan los dedos. Pienso en la competencia. Qué darían si nos sorprendieran: algunos dudarían entre ir por vosotras o por mí. Quizá alguna y alguno fuera a por todas. Pienso, sin desearlo, en la estupidez de las peleas, en la cortedad de miras que nos caracteriza.&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3353426373418746843?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3353426373418746843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3353426373418746843&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3353426373418746843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3353426373418746843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/05/reunin-del-equipo-directivo.html' title='REUNIÓN DEL EQUIPO DIRECTIVO'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-7346353331046293340</id><published>2008-04-29T12:22:00.003+02:00</published><updated>2008-04-29T12:28:48.866+02:00</updated><title type='text'>BUENA VISTA</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Como ya iniqué en anteriores publicaciones, éste es otro de los relatos, entre eróticos y poéticos, que Petronilo Marceliano Tardón amontonaba sin orden ni concierto en las libretas viejas y arrugadas. Yo me he limitado a poner algunos puntos y comas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;PAULA MARTA TEMPRANO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cada año acudí a una óptica para renovar los cristales de mis gafas. Entré en una tienda nueva y pequeña que me ofrecía la confianza de pertenecer a una gran cadena. En la tienda solamente estaba Ángeles. Supe su nombre porque así rezaba en un diploma expedido por la Universidad Complutense como muestra de que había realizado un curso de optimetría y contactología. La llamé Ángeles y ella respondió.&lt;br /&gt;-Deseo unas gafas nuevas, aquí traigo la receta.&lt;br /&gt;-La receta está bien, pero a mí me gusta medir las dioptrías de los clientes, porque las medidas de los oculistas no coinciden con las de los ópticos.&lt;br /&gt;Me colocó unos aparatos delante de los ojos y comenzó sus comprobaciones.&lt;br /&gt;-Está bien graduado.&lt;br /&gt;-¡Menos mal!&lt;br /&gt;-Ahora míreme a los ojos -dijo mientras me colocaba una montura con unos cristales especiales.&lt;br /&gt;La bata blanca transparentaba su ropa interior.&lt;br /&gt;-Es muy agradable mirarte a los ojos, los tienes muy bonitos.&lt;br /&gt;Ella rió.&lt;br /&gt;-También tengo que mirarte a los labios, soy incapaz de no mirarte a los labios.&lt;br /&gt;-¡No, no! Debe mirarme a los ojos. ¿Cómo me ve?&lt;br /&gt;-Muy bien, tienes una cintura perfecta.&lt;br /&gt;-- Es que bailo cuando salgo de aquí.&lt;br /&gt;-- Ya se nota, tus muslos son redondos y carnosos, firmes como columnas.&lt;br /&gt;-- Hago mucha gimnasia.&lt;br /&gt;-- ¡Que bien te veo los pechos! ¿Cómo haces para mantenerlos tan firmes?&lt;br /&gt;-- Me ducho cada día con agua helada, para endurecerlos.&lt;br /&gt;-- Con estas gafas que me has puesto, que parecen traspasar las ropas, veo hasta la melenita de ahí abajo. La tienes muy arreglada.&lt;br /&gt;-- Voy a la peluquería cada semana. Tengo dibujado un corazón.&lt;br /&gt;-- Además el pelo de tu coño es muy negro...&lt;br /&gt;-- Me lo cuido y lo perfumo cuidadosamente.&lt;br /&gt;-- Noto crecer tus pezones.&lt;br /&gt;-- Yo noto como crece tu ánimo.&lt;br /&gt;-- Oigo la sonrisa entera de tu cuerpo.&lt;br /&gt;-- Y yo la alegría y el ritmo del tuyo.&lt;br /&gt;-- Quiero tus manos sobre mi nuca.&lt;br /&gt;-- Y yo las tuyas sobre mi cintura.&lt;br /&gt;-- Escucho tu aliento en mi oído.&lt;br /&gt;-- Acaricia mi boca con tus labios.&lt;br /&gt;-- Hunde tu mano en mi pecho.&lt;br /&gt;-- Suelta el botón de mi bata.&lt;br /&gt;-- Oigo el latido de tu sangre entre mis dedos.&lt;br /&gt;-- Bebo del lóbulo de tus orejas.&lt;br /&gt;-- El cántaro de miel se derrama en mi mano.&lt;br /&gt;-- El vello de tu espalda cosquillea la palma de la mía.&lt;br /&gt;-- La suavidad de tu piel eriza mis cabellos.&lt;br /&gt;-- El olor de tu axila excita mis sentidos.&lt;br /&gt;-- Las caricias de tus yemas alagan mi hombría.&lt;br /&gt;-- ¡Bésame, Bésame fuerte a hora mismo!&lt;br /&gt;-- Bebamos juntos este vaso de vino dulce. Quiero comer tu manzana y beber en tu fuente.&lt;br /&gt;-- Ábreme la bata y piérdete entre mis montañas.&lt;br /&gt;-- Tus pechos saben a cerezas del Valle del Jerte.&lt;br /&gt;-- Tu pecho es como el roble rotundo de la sierra.&lt;br /&gt;-- Tu piel es como el musgo suave del otoño.&lt;br /&gt;-- Tus hombros se arquean como las montañas en erupción.&lt;br /&gt;-- Tu cintura se mueve al ritmo suave de un bolero.&lt;br /&gt;-- Desciende por mi piel hasta el infinito.&lt;br /&gt;-- Busco en el río de tu espalda y llego hasta la presa de tus bragas.&lt;br /&gt;-- Quítame la bata.&lt;br /&gt;-- Quítame la camisa.&lt;br /&gt;-- Libera mis pechos que quieren ir junto al tuyo.&lt;br /&gt;-- Siempre tuve dificultades con este broche.&lt;br /&gt;-- Ahora.&lt;br /&gt;-- Tus pezones se clavan en mis pezones. Deja que los abrase con mis labios.&lt;br /&gt;-- Tu cintura tiembla con mis caricias. Siento tus pantalones sobre mis muslos.&lt;br /&gt;-- Desabrocha el cinturón y deja que caigan los impedimentos.&lt;br /&gt;-- ¡Bésame, bésame en los hombros! ¡ Muérdeme, muérdeme las orejas!&lt;br /&gt;-- Tus pendientes, perlas, saben frescos sobre mi lengua.&lt;br /&gt;-- Tu barba dura acaricia mi cuello, tus manos fuertes acarician mis caderas. ¡Atiende a mis palomas!&lt;br /&gt;-- Tus palomas se acurrucan en mi bosque, pican mi trigo. Mi escorpión se despierta.&lt;br /&gt;-- No es un escorpión, sino fuente de exquisita ambrosía, esencia de flores silvestres. Tu olor es a tomillo y jara seca.&lt;br /&gt;-- Voy a perderme en la selva húmeda de tus caderas hacia la cueva útil de la vida.&lt;br /&gt;-- Camina primero por los alrededores, perfuma con tu aliento mis rodillas.&lt;br /&gt;-- Suaves como la seda, fuertes como columnas de nácar.&lt;br /&gt;-- Despójame de tapujos. Deja libre mi libertad.&lt;br /&gt;-- Sube a la mesa y ayúdame en el empeño.&lt;br /&gt;-- No sueltes mis manos. Mis manos no pueden desprenderse de tu espalda.&lt;br /&gt;-- Mi lengua desciende por las pendientes divinas en busca del arroyo claro.&lt;br /&gt;-- Sube al monte, baja al llano, enreda en la floresta hasta encontrar la fontana de jade.&lt;br /&gt;-- Tus manos sobre mi cabeza, tus dedos cardan mi pelo...&lt;br /&gt;-- Tus manos sobre mis nalgas: enarco mi cintura para ofrecerte mi cuenco.&lt;br /&gt;-- Descansa tus pies sobre mis hombros, saboreo tus licores, veo tu emblema, huelo tus perfumes, palpo con mi lengua como se abre el libro de las delicias, en las yemas de mis dedos despiertan aún más tus pezones.&lt;br /&gt;-- No hables, amor, no hables, que tu lengua no malgaste el tiempo. Sube a la mesa, descansa en mi pecho tu árbol que mis palomas quieren anidar en él.&lt;br /&gt;-- Que tus pichones engoren mis huevos hasta que fluya la alegría de la vida.&lt;br /&gt;-- Ahora calla. Mi boca se ocupa de tu simiente y tu boca sacia la sed en mi pozo. Que tus manos descansen en mis muslos y las mías en los tuyos. Así unidos conoceremos nuestros secretos.&lt;br /&gt;-- Quiero volver a tus labios. Juntar nuestras bocas. Jugar un cuerpo a cuerpo hasta alcanzar la victoria final.&lt;br /&gt;-- Corre, amor, mi lengua anhela tu lengua.&lt;br /&gt;-- Entro en ti a golpe de tambor. La paz se consigue abrazados.&lt;br /&gt;-- Boca con boca, pecho con pecho, espoleemos el corcel del deseo.&lt;br /&gt;-- Cabalgo por el mejor de los caminos.&lt;br /&gt;-- No tengas prisa, amor, el sol brilla alto y no es él quien ciega mis ojos.&lt;br /&gt;-- Saltemos todas las vallas. Los caballos galopan al unísono. ¿Oyes los cascos en tu pecho?&lt;br /&gt;-- Quiero saltar el último obstáculo, no aguanto más la angustia de la llegada.&lt;br /&gt;-- Bebamos juntos el trago del dulce vino.&lt;br /&gt;-- Derrama en mi tu botella, llena mi copa hasta que rebose.&lt;br /&gt;-- Brindemos ahora, apuremos la copa.&lt;br /&gt;-- ¡Qué borrachera!&lt;br /&gt;-- ¡Qué embriaguez!&lt;br /&gt;-- Descansemos nuestros sudores, gocemos del reposo.&lt;br /&gt;-- Mañana brindaremos de nuevo.&lt;br /&gt;-- Mañana andaremos nuevos caminos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-7346353331046293340?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/7346353331046293340/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=7346353331046293340&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/7346353331046293340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/7346353331046293340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/04/buena-vista.html' title='BUENA VISTA'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-472419615249850447</id><published>2008-04-18T21:51:00.002+02:00</published><updated>2008-04-18T21:56:36.384+02:00</updated><title type='text'>EN LA CARRETERA</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Esta aventura la encontré en un cuaderno de viajes de los que suele llevar Petronilo Marceliano Tardón en el bolsillo. No creo que sea veredad, pero posiblemente fue en una moto y lo penso y estoy segura que lo del auto stop es cierto. ¡Tendríais que conocer a Tardón!&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Paula Marta Temprano, periodista&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;EN LA CARRETERA &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Jack Keruac murió y Cela ya también, sin embargo andar por esos caminos sin rumbo permanece como un placer  divino al alcance de casi todos los humanos desde los tiempos de Homero y Ulises. Vagabundear  días enteros con una mochila repleta de sueños y la imaginación libre, desentumece músculos, acostumbra la vista a los grandes horizontes y entretiene la mente en las cosas menudas por cualquier vereda nueva. Ahora bien, las largas andaduras en solitario acaban produciendo un tedio que conduce inexorablemente a desear el punto de partida.&lt;br /&gt;            Algo de esto me ocurrió en cierta ocasión. Había tomado ruta y caminaba por los  riberos del Tajo allá  en Cáceres donde el río se atrinchera y sus aguas se tranquilizan en pantanos.  Había recorrido unos veinte kilómetros: cinco horas a buena marcha. Había parado sólo para comer un poco y beber de la cantimplora. El cansancio y el aburrimiento amenazaban.  El silencio de la soledad, se dejaba oír. Me encontraba en un punto medio de difícil vuelta atrás: diez  kilómetros de la meta y veinte de la salida, un punto de no retorno, ni en el espacio ni en el tiempo porque los caminos, una vez iniciados, no permiten  la vuelta atrás.&lt;br /&gt;            El lugar, el idóneo para escuchar el canto de las sirenas, un puente sobre el río Almonte cuando sus aguas, siempre tranquilas,  se embalsan en las hondonadas, frente a un cerro pobladísimo de encinas en medio del agua, en forma de peludo monte de Venus.&lt;br /&gt;            Me paré a contemplar el singular cerro. El puente se me antojaba unas bragas a media hasta. Me soñé barco hacia los sótanos de Victoria Abril en aquella inolvidable película de Almodovar. Terminé de cruzar  el puente. Me senté en un pretil  para seguir admirando aquellos muslos de agua, mansos  y cálidos. A falta de chaise longe, recostado voluptuosamente sobre la propia piedra, entoné con Sara el fumando espero...&lt;br /&gt;            Con cierto sentimiento de derrota  decidí a pedir auxilio a cualquier vehículo que pasara. Sin renunciar a la aventura del caminante, incorporaba el factor suerte a mi odisea. La paz absoluta, los coches escasísimos. Paró una moto de gran cilindrada guiada por alguien totalmente vestido de cuero negro. Una persona alta. Levantó la visera y aparecieron unos hermosos ojos negros, muy penetrantes, encuadrados en unas briznas  de pelo negro. No había labios, no había nariz, sólo aquellos ojos negros...&lt;br /&gt;--Sube-  casi ordenó- y ponte el casco que hay detrás.&lt;br /&gt;Obedecí agradecido.&lt;br /&gt;--Soy mal paquete y tengo poca experiencia en montar en moto -me disculpé de antemano.&lt;br /&gt;--¡No importa! agarrante fuerte a mi cintura. Cuando estés listo avisas.&lt;br /&gt;            La voz sonaba suave a pesar  del aspecto fiero  y neutro la vestimenta. Subí a la moto, coloqué el macuto  a mi espalda. Me sentí seguro y cómodo.&lt;br /&gt;-- Estoy listo.&lt;br /&gt;-- ¿Vas a gusto?&lt;br /&gt;-- Sí&lt;br /&gt;-- Agárrate sin miedo  a mi cintura. Nos vamos.&lt;br /&gt;            Un fuerte acelerón y la moto comenzó a moverse. La sensación de viajar en este tipo de vehículo  es muy singular, al menos para mi que no acostumbro a utilizarlo más que cuando alguien me invita con insistencia.&lt;br /&gt;            Apenas iniciado el despegue recibí una recomendación, que, como anteriormente, más bien semejaba un ruego imperativo y agradable de  cumplir.&lt;br /&gt;-- Mete las manos en mis bolsillos laterales. ¡Te vas a helar de frío! Me gritó.&lt;br /&gt;            Obedecí otra vez. Mis manos pasaron de la intemperie a la calidez de los interiores. El frío sin embargo no  me permitía distinguir qué tocaba. A medida que pasaba el tiempo, poco  en realidad, advertí que no había prenda alguna sino piel suave y viva sin tejidos intermedios. Tímido,  permanecía con las manos quietas y un tanto crispadas, quizás por el miedo a la velocidad de la moto por  los riberos. Resucitado el tacto, fui tomando confianza y moviendo lentamente mis dedos. Hacia arriba, éstos  encontraron las cálidas curvas de unos pechos acogedores. No hube de avanzar mucho para tocar las rugosidades granulosillas del peciolo erguido. La mano izquierda aventurándose por bajo de la cintura, encontró la simpatía de una suave vellosidad no excesivamente abundante. Logrados estos puntos referenciales, me agazapé. No moví más los dedos. Mi atrevimiento  me parecía suficiente si consideramos que la velocidad superaba los ciento treinta kilómetros por hora.&lt;br /&gt;            Quizá fuera entonces, al advertir mi inseguridad en sus interioridades, pero al mismo tiempo mi curiosidad y afición, cuando sonó de nuevo aquella voz , ahora ya cantarina para mis oídos, en el tono de siempre.&lt;br /&gt;-- El pantalón dispone de una cremallera por atrás, puedes hacer uso de  ella.&lt;br /&gt;            Abandoné el tacto de las redondeces pectorales para comprobar la información. En efecto, por atrás había una cremallera que abrí hacia adelante. La voz facilitó la  acción inclinándose hacia los manillares. Mi mano izquierda sintió el fresco del aire que entraba por la ventana  recién abierta. Desde allí procuré una mayor apertura pero tampoco excesiva. Igualmente, una vez el campo expedito, descorrí la apertura delantera de mis pantalones y puse a disposición de aquel culo ese trozo de carne mío que a pesar de la velocidad y los inconvenientes de las posturas  se había desarrollado de manera armónica  y funcional.&lt;br /&gt;            Quien conducía,  habiendo vivido sin duda situaciones similares, facilitó la acción. Se inclinó lo suficiente hacia adelante como para permitirme que jugara a gusto en el cuarto trasero. Mi mano derecha de nuevo en su falso bolsillo tocaba  el violón en un aficionado piccicato.&lt;br /&gt;            Alcanzábamos las tejas de Cáceres y la moto no bajaba de velocidad. Hubo de llegar un semáforo para que yo, aprovechando la inclinación y la breve parada, colocara con entusiasmos y tino mi astil en el ojal.&lt;br /&gt;-- ¡Date prisa, que nos queda poco camino! -me animó.&lt;br /&gt;            Así lo hice. Ya en materia, no había necesidad de moverse más que lo que marcaba la marcha de la máquina. Mi mano derecha jugaba entusiasmada con dos pezones crecientes e hinchados, mientras mi mano izquierda se perdía en la selva acariciando un tronquito que crecía junto a un lago frondoso. Mi estaca hurgaba en aguas profundas.&lt;br /&gt;            Junto a la plaza de toros sentí un escalofrío por la espalda. La moto realizó un quiebro espasmódico recuperando al instante su normal línea recta. Mi punto de destino se acercaba: había comentado mi deseo de quedarme junto a la fuente luminosa de Cánovas, una especie de homenaje de mi juventud a tantos pasos. El viaje además de cómodo había resultado gratificante.&lt;br /&gt;            La moto dobló por la avenida de San Pedro. Paró junto a la fuente. Saqué las manos y cerré su cremallera y la mía. Me apeé con la mochila a cuestas. Quería despedirme al menos con un beso sino con una cita. Me quité el casco,&lt;br /&gt;-- Dame un beso dije, y dime como te llamas.&lt;br /&gt;-- Mario. ¿A que no está  tan mal hacerlo con un operado?  -me contestó aún con la cara tapada y sin dejarme ver sus labios.&lt;br /&gt;            Cánovas arriba, en dirección a la estación del tren, revivía la reciente e increíble aventura. Vi como una antigua novia se peleaba con dos chiquillos, al parecer hijos suyos. Nos dimos un abrazo y tomamos juntos un café. Henry Miller tampoco descansaba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-472419615249850447?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/472419615249850447/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=472419615249850447&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/472419615249850447'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/472419615249850447'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/04/en-la-carretera.html' title='EN LA CARRETERA'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-1100815033351698294</id><published>2008-04-13T17:37:00.003+02:00</published><updated>2008-04-13T17:55:16.222+02:00</updated><title type='text'>LA DOCTORA</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;Otro relato de los que rescató Paula Marta Temprano de las viejas y sudadas libretas de Petronilo Marceliano Tardón, es La doctora. Los visos de realidad parecen escasos, pero en unas notas encontradas en la página contigua a  la narración, PMT había escrito: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;"suceso real: ojo con los nombres propios." &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;De donde podría colegirse que a pesar de la aparente inverosímil, quizás todo  sucediera como secuenta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffcc00;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;LA DOCTORA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella doctora me radiografió con la mirada.&lt;br /&gt;-Siéntese -ordenó seca.&lt;br /&gt;Buscó un formulario de respuestas. Mi dolencia, sin mucha importancia aparentemente, consistía en molestias sobre una rodilla, causadas quizás por algún golpe o algún esfuerzo excesivo.&lt;br /&gt;La doctora, según otros enfermos, se mostraba distante y profesional con los pacientes. No gastaba más palabras de las necesarias. Algunos opinaban de ella que era dura.&lt;br /&gt;Cuando hube contestado a una serie de preguntas sobre las características de mi sufrimiento, el grado de giro de mi pierna, la hinchazón de la parte enferma, volvió a ordenarme.&lt;br /&gt;-¡Póngase en pie y camine! ¿Es usted muy tímido?&lt;br /&gt;-No en exceso -contesté.&lt;br /&gt;-Pues quítese los pantalones y camine como si fuera usted una modelo, como si anduviera por una pasarela, como si llevara tacones.&lt;br /&gt;Lo intenté, pero no salí muy airoso. La doctora me volvió a increpar.&lt;br /&gt;-¡Más decidido, más elegante, hombre, que no es un inválido!&lt;br /&gt;Volví a recorrer la sala con la mejor intención pero no a gusto de ella, tal vez así no podía calibrar del todo donde se alojaba el mal ni el grado del mismo. Se puso en pie enérgicamente. Se levantó la falda hasta la cintura y de esta guisa, dándome la espalda, recorrió los cinco metros de la sala cumpliendo exactamente lo que me ordenaba. Se subía sobre unos leves y anchos tacones, cruzaba las puntas de los pies dibujando una línea recta, movía las caderas con garbo, en un andar suave como el de los gatos. Lógicamente, asombrado por su proceder, obnubilado por la textura de su carne y por la poca ropa que le cubría, - apenas una ligera raya negra que se hundía en lo más encrespado del valle, hijo de aquellas dos montañas gemelas, como un mínimo río- no me fijé tanto en las rodillas, pero parecía que no las doblaba. Cuando se dio la vuelta reparé en el pantano, también negro, sobre el que desembocaba- "¿por qué acequia escondida/ agua vienes a mí?" recordé a Machado- aquel hilo prometedor de la otra cara. De vuelta, caminando hacia mí de la misma manera, impertérrita, elegante, con una mano sobre la cintura, como los toreros hacen el paseillo, la cabeza alta, advertí que la punta de los zapatos no era fina, zapatos cómodos. No llevaba medias.&lt;br /&gt;-Ande usted así que yo vea como mueve usted las caderas igual que ha visto usted las mías -volvió a ordenar-. Es muy importante porque observaré si una pierna se le ha quedado más larga que otra o la lesión es solo superficial.&lt;br /&gt;Me miraba a los ojos mientras se explicaba. Yo, sin embargo me distraía con unos pelillos rubios largos pero no muy abundantes, que jugaban a salirse entre los calados de las bragas negras. ¿Era rubia y se teñía el pelo de la cabeza, o era morena y se había teñido el bello púbico?&lt;br /&gt;-¡Míreme!&lt;br /&gt;Se giró y volvió a caminar parsimoniosa y decidida sobre la línea recta, la falda levantada, movía de forma cadenciosa y en equilibrio perfecto ambas nalgas. Cuando llegó al fondo del despacho, se inclinó hacia adelante para tocar la punta de sus zapatos con la punta de los dedos de las manos sin flexionar las rodillas.&lt;br /&gt;Tanto espectáculo me había levantado el orgullo. Me llamó de nuevo.&lt;br /&gt;-Acérquese aquí y flexione las rodillas.&lt;br /&gt;Mi tipo no es precisamente atlético, las rótulas de mi espalda dan para poco juego y mis manos no llegaron mucho más abajo de las rodillas. Ella me ayudó. Tomándome por detrás los brazos y echándose encima de mí intentaba influir para que mis flexiones fueran más correctas. En uno de los intentos rozó mi ánimo, supongo que sin intenciones, de manera delicada.&lt;br /&gt;-Fíjese de nuevo en mí -dijo.&lt;br /&gt;Esta vez apoyaba las manos sobre la estantería metálicas y estiraba las piernas casi abiertas en compás. Yo me fijé en el abultamiento oferente. Con un leve movimiento de dedos descubrí el lago cubierto de juncos lacios. Puse mi bomba en su sitio por donde entró con facilidad en la cálida incertidumbre. Ella suspiró. Mis manos jugaron sobre la blusa y sentí como el viento del suspiro erizaba los puntos altos de los montes gemelos. Mordí con suavidad el cuello. Un bombeo más y sentí como sus rodillas se flexionaban. Las respiraciones, ya casi acompasadas, caminaban hacia el huracán. Mis rodillas se doblaban: no sentía ninguna molestia. Salí. Ella me miró a los ojos y yo a ella. Apenas nos rozamos los labios. No nos habíamos despeinado.&lt;br /&gt;-Puedes vestirte -volvió a ordenarme.&lt;br /&gt;Mientras me puse los pantalones ella se colocó el vestido.&lt;br /&gt;-Siéntate.&lt;br /&gt;Obedecí de nuevo, un tanto acalorado. Su rostro apenas denotaba emoción alguna a no ser por ese rubor exquisito de manzana madura en sus mejillas.&lt;br /&gt;Continuó con el protocolo. Tachó las casillas correspondientes y escribió algo al final. En otro papel escribió una nueva orden para otra revisión de coyuntura.&lt;br /&gt;-Vete ahora mismo y que te hagan una radiografía. La rodilla, al parecer no está mal del todo pero es necesario repetir el examen con más datos.&lt;br /&gt;Yo sólo pude preguntar:&lt;br /&gt;-En tu casa o en la mía.&lt;br /&gt;-No, No, -contestó ella con energía-, aquí, en la consulta, y a la misma hora dentro de dos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23 y 27 de agosto, &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-1100815033351698294?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/1100815033351698294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=1100815033351698294&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1100815033351698294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1100815033351698294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/04/la-doctora.html' title='LA DOCTORA'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3314569681260580710</id><published>2008-03-28T20:19:00.004+01:00</published><updated>2008-03-28T20:30:05.402+01:00</updated><title type='text'>ENCUENTRO CLANDESTINO EN CUENCA</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt; &lt;em&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Otro de los  relatos  que salvé de los cuadernos de Petronilo Marceliano Tardón fue éste. El título que el bohemio escritor  le había  colocado es  el que aparece  bajo estas  líneas, pero creí más interesnte acercarlo al lector con el título de "Encuentro clandestino en Cuenca".  El adjetivo "clandestino" seduce por lo oculto y al mismo tiempo ambíguo significado. Vean, curiosos lectores y lectoras  como las más dífíciles de las misiones políticas pueden terminar en gozosos encuentros.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;Paula Marta Temprano.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;LA CUESTIÓN DIPLOMÁTICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Cuando me encomendaron aquella gestión yo no sabía con quien me encontraría. Se trataba de conseguir un pacto muy delicado entre los dos partidos políticos en un tema determinado y en una comarca determinada. La ambigüedad es comprensible y la discreción con que había que llevar las conversaciones, también. Creo que por eso me eligieron a mí. No soy un militante destacado ni entregado al partido, me ha gustado siempre influir en las sombras y no suelo aparecer en fotografías ni ocupo un puesto importante.&lt;br /&gt;        Un alto cargo me había invitado a comer un día y me encargó la misión. Me aseguró que los otros también gestionaban las condiciones para que nos reuniéramos y expusiéramos claramente lo que deseaba el otro partido. La misión, delicada, como he dicho antes, necesitaba de mucha discreción. Me dieron un número de teléfono y yo llamé. Me contestó una voz de mujer, una voz suave pero rotunda, un poco como los vinos de Rioja: terciopelo puro.&lt;br /&gt;-Llamo de parte de Guerra.&lt;br /&gt;-Soy Paz -dijo.&lt;br /&gt;-¿¡Coincidencia, no!?&lt;br /&gt;-No está mal&lt;br /&gt;-Ya sabes por qué te llamo, ¿no es así?&lt;br /&gt;-Efectivamente. No es precisamente una cita de amor.&lt;br /&gt;-Tal vez por eso todo salga bien.&lt;br /&gt;-Eso esperan de nosotros, ¿verdad?&lt;br /&gt;-Efectivamente.&lt;br /&gt;-¿Qué te parece el próximo viernes en Cuenca?&lt;br /&gt;-No está mal.&lt;br /&gt;-Comemos en el mesón de la plaza.&lt;br /&gt;-Poco discreto.&lt;br /&gt;-Entonces en el Parador.&lt;br /&gt;-A cenar.&lt;br /&gt;-Si tú quieres...&lt;br /&gt;-Me han reservado ya habitación.&lt;br /&gt;-¿Qué he de hacer yo?&lt;br /&gt;-Reservar otra.&lt;br /&gt;-De acuerdo.&lt;br /&gt;-En el segundo piso.&lt;br /&gt;-¿Pregunto por Paz?&lt;br /&gt;-Inscríbete como Guerra.&lt;br /&gt;-Recurrentes los nombres...&lt;br /&gt;-Déjalo. Hasta el viernes.&lt;br /&gt;        Hice tal como acordamos. Llegué a Cuenca. Subí a la plaza, y me acerqué hasta el Parador, un caserón antiguo perfectamente acondicionado como hotel. Aunque no había hecho reserva, no tuve ninguna dificultad para contratar el hospedaje. La temporada de turismo había pasado. Me temía una noche de trabajo. La voz de la mujer me había sonado, suave y rotunda, pero como el vino, quizá se subiera a la cabeza y no me dejara dormir en toda la noche. Me sospechaba una noche dura.&lt;br /&gt;        Me acompañaron hasta el segundo piso. El pasillo, silencioso, totalmente desierto. Yo sabía, no obstante, que una de las habitaciones estaba ocupada. Entré en la habitación que me indicaron, amplia, limpia, bastante impersonal y fría como la de todos los hoteles. Comprobé el minibar repleto de bebidas: güisqui, ginebra, refrescos, cava. No tomé nada. Me desnudé y me preparé un baño. Me afeité. Me puse unos calzoncillos cómodos: me acordé de aquello que un actor preguntaba en una película: "¿Te imaginas a Henry Miller en slip?" no sabía con quien me encontraría y había que prepararse para cualquier circunstancia. Después me puse la camisa. Sólo llevaba esa. Azul celeste, discreta y elegante. Había escogido una corbata de seda verde y azul que a mí particularmente me gusta mucho. Hacía años que la tenía y pensaba que me daba buena suerte. ¡Cuestión fetichista! Me coloqué los pantalones. Lanilla suave. Azul marino, cómodos. En mangas de camisa, abrí sobre la mesa la cartera y eché otro vistazo a los papeles. Faltaba aún una hora para el encuentro. Debía concentrarme y descansar. Posiblemente la otra persona repitiera casi paso por paso mi comportamiento. Allí estaba el esquema de la estrategia. Sólo la estrategia. Del tema no debía quedar ni una sola muestra. Esa era la condición: nada firmado, nada por escrito, acuerdo verbal entre partidos. Un toma y daca que daría los frutos apetecidos en otro momento y en otro lugar, pero eso, ya no nos correspondía a nosotros.&lt;br /&gt;        Me tumbé sobre la cama. Me relajé. Cuando faltaban cinco minutos, me puse la chaqueta. Había que prepararse. Sonó el teléfono. Lo cogí. Volví a oír la voz con sabor a terciopelo.&lt;br /&gt;-¿Estás listo?&lt;br /&gt;-Cuando quieras -contesté.&lt;br /&gt;-¿En tu habitación o en la mía?&lt;br /&gt;-Cenamos primero. Nos vemos ahora mismo en el ascensor.&lt;br /&gt;-De acuerdo.&lt;br /&gt;-Cuelgo y salgo.&lt;br /&gt;        Yo hice exactamente eso. Ella también. Las puertas se abrieron casi de manera simultánea. Ella caminaba delante de mí. Su silueta se recortaba en el contraluz. Llevaba zapatos de tacón y unas piernas elegantes. Las caderas, voluminosas, marcadas por un traje sastre, se cerraban en una fina cintura. Media melena. En el ascensor conocí su cara. Rubia, ojos claros, nariz recta, labios carnosos, pómulos a lo Rita Haywort. Vestía de negro. Me sentí Humphrey Bogart. Sólo tenía entre sus manos un mínimo bolso. El ascensor fue para nosotros solos.&lt;br /&gt;-¡Hola, tú eres Paz! -saludé.&lt;br /&gt;-¡Hola, tú eres Guerra! -contestó.&lt;br /&gt;-Encantado -tendí la mano.&lt;br /&gt;-Tanto gusto -me la estrechó.&lt;br /&gt;        Tenía fuerza. Era una mano suave pero firme. Mano que no necesitaba guante para ser de acero y acariciar. Bajamos en silencio. Nos dirigimos al comedor en silencio. Nos sentamos en silencio. Nos trajeron las cartas. No soy excesivamente gurmet pero me gusta comer bien y regar las cenas con buen vino. En la ocasión pensaba en una cena muy ligera y en ausencia total de licores. Ni la más mínima sombra debía pesar sobre mi cabeza durante las conversaciones con mi compañera de mesa. Semioculto por la carta, levanté los ojos para mirarla de frente. Era muy hermosa. Leía atentamente la oferta. Me vino otro símil cinematográfico: ¿terminaríamos jugando al tute?&lt;br /&gt;-¿Qué vas a tomar tú? -preguntó Paz.&lt;br /&gt;-No lo he decido todavía, pero algo muy frugal: unas sopas y algo de pescado.&lt;br /&gt;-Me apunto también a eso.&lt;br /&gt;-Veo que te gusta comer.&lt;br /&gt;-La buena mesa hace a la gente más generosa.&lt;br /&gt;-Aquí en Cuenca hay una buena cocina.&lt;br /&gt;-No conozco Cuenca.&lt;br /&gt;-¡Qué lastima no haber venido en otra ocasión con más tiempo! Te hubiera enseñado gustosamente El Museo de Arte Abstracto.&lt;br /&gt;-Yo soy más clásica, no disfruto en exceso con las rayas y las manchas en los lienzos.&lt;br /&gt;-Bueno, porque no conoces este museo. Te mostraría una ventana y te preguntaría ¿qué ves una pintura o la calle? Te garantizo que no es sencilla la respuesta. A partir de ahí se aprecia la mezcla de colores.&lt;br /&gt;-Será así, pero no creo que me gustara en exceso.&lt;br /&gt;-¿Sabes que Cuenca fue el regalo de un rey a una princesa de la que estaba enamorado? -ataqué yo por el lado romántico para derretir el hielo de aquella rubia que, aunque de nombre Paz, aparentaba llevar fuego en las venas.&lt;br /&gt;        Nos habían servido la sopa, una sopa de ajo, sencilla pero riquísima, y andábamos aún tentándonos el uno al otro. Ella había descubierto que me gustaba comer y beber, cosa difícil de disimular, pues ciertamente no luzco un cuerpo atlético, aunque tampoco ofrezco una barriga desorbitada. Yo de ella sólo sabía que le gustaba vestir con elegancia, que usaba perfumes caros, y que, según decía, no le gustaba el arte abstracto, detalles tópicos de las mujeres de su partido. Era hermética y granítica, no cabía la menor duda. Ensayé el camino de la música.&lt;br /&gt;-Otra cosa interesantísima de Cuenca es la Semana Santa y los conciertos. Es extraño que no hayas venido nunca.&lt;br /&gt;-Me gusta la música pero no soy melómana como para viajar ex profeso. Siempre encuentro otras ocupaciones. En semana santa solemos ir a la playa.&lt;br /&gt;-¿A qué playa vas?&lt;br /&gt;-Tenemos una casita en Mazarrón.&lt;br /&gt;        Colegí que se refería a su matrimonio: su escasa religiosidad, sensibilidad plana para todo lo que se refiriera al arte. Sería una de estas mujeres pragmáticas que se han empeñado en subir cuando el marido les ha ido dejando solas. Lo cierto es que ni ella sabía nada de mi ni yo de ella. Faltaba muy poco para que nos encerráramos en una de las habitaciones a tratar asuntos difíciles y a duras penas nos considerábamos el uno al otro algo más que el nombre, contando que los nombres fueran verdaderos.&lt;br /&gt;-¿Estás casada? -ya sabía la respuesta, pero quería la de ella. Una señal, mínima ciertamente, apenas un hoyuelo circular en el dedo indicaba la existencia de una sortija.&lt;br /&gt;-Sí, sí -contestó muy rápido como si le hubiera cogido en un renuncio y ella hubiera reaccionado desde dentro. Dominaba los nervios y era lista.&lt;br /&gt;-Yo también -confesé.&lt;br /&gt;        Nos habían traído el pescado que, sin ser de una calidad extraordinaria, nada comprable con la sopa, también estaba apetitoso. Llegábamos al final de la cena.&lt;br /&gt;-¿Café?&lt;br /&gt;-Sí, sí -le gustaba el monosílabo repetido.&lt;br /&gt;-Y una copita de resolí-insinué.&lt;br /&gt;-Eso no.&lt;br /&gt;        Dudaba ahora si invitarla a dar un paseo por la parte alta de la ciudad hasta la Universidad Menéndez Pelayo o entrar directamente al toro, terminar cuanto antes e irnos a dormir. El paseo me apetecía a mí y a ella quería relajarla. La pregunta sobre el matrimonio le había despertado demasiado las antenas y mantenía en tensión todas las defensas, convenía destensar las cuerdas de los arcos para evitar que las flechas fueran mortales. Ambos sabíamos que debíamos llegar a un acuerdo, pero ignorábamos qué tendríamos que ceder. Ambos sabíamos que los límites eran amplios. Si ambos salíamos contentos, habríamos ganado los dos y nuestros partidos, si por el contrario, el uno hacía morder el polvo al otro, aún con el acuerdo aprobado, ambos, de manera personal, los dos, perderíamos mucho.&lt;br /&gt;-¿Te apetece que demos un paseo? -propuse.&lt;br /&gt;-Mejor lo dejamos. Vamos a trabajar. Tal vez mañana tengamos aún ganas y me puedas mostrar esas maravillas de Cuenca.&lt;br /&gt;-La dama manda -accioné con la mano. Ella se levantaba.&lt;br /&gt;        El comentario hacia el día siguiente me pareció esperanzador. Decidimos entrar en mi habitación, después de considerar ambas opciones. Ella ofreció la suya, pero advertí que deseaba entrar en la mía. Quería estudiar lo que había sobre mi mesa. Yo imaginaba que la suya presentaría un estado parecido al de la mía: nada a la vista. Por eso acepté que la reunión se desarrollara en mi terreno. Le proporcionaría folios. Facilitaría la remota posibilidad de producir un documento escrito. La mesa redonda y la luz del flexo de lectura de mi habitación nos sirvieron de testigo. Abrí mi cartera y le alargué unos folios en blanco y un bolígrafo. Si escribía o dibujaba mientras yo hablaba, si jugaba a eso, me proporcionaría alguna pista sobre su estado de ánimo y serviría a mi estrategia.&lt;br /&gt;-Vamos allá -comenzó.&lt;br /&gt;-Empieza tú misma.&lt;br /&gt;-Pues bien, como sabes...&lt;br /&gt;        Ella habló, yo hablé, ella replicó, yo repliqué, ella arguyó yo argüí, y paso a paso, sin ceder, pero sin perder el norte, ella dura, yo también, llegamos a las tres de la madrugada -nos habíamos encerrado a las once y media- cuando los dos dijimos al unísono.&lt;br /&gt;-¡¡Eso es!!&lt;br /&gt;        Repasamos con exactitud y sin falsas interpretaciones durante media hora los puntos comunes y las cesiones hechas para fijar totalmente el acuerdo. Nos levantamos de la silla y nos felicitamos. Esta vez nos dimos un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;-Bien, ¿me permites que te invite a cava?&lt;br /&gt;        No esperé la contestación. Había abierto el minibar y descorchaba un benjamín que escanciaba en las dos copas que encontré en el frigorífico.&lt;br /&gt;-¡Por los acuerdos! -alargué la copa.&lt;br /&gt;        Ella la tomó y la inclinó sobre la mía hasta que el cristal sonó.&lt;br /&gt;-¡Por los acuerdos!&lt;br /&gt;        Ambos bebimos. Permanecíamos de pie porque a los dos nos apetecía estirar las piernas después de tan larga sentada.&lt;br /&gt;-¡Por nosotros! -brindó ella espontáneamente.&lt;br /&gt;-¡Por nosotros! -contesté yo.&lt;br /&gt;        Se había transformado. Se había moderado. Levantó los brazos y puso sus manos sobre la nuca en un gesto bastante descuidado, lejano al excesivo protocolo mantenido hasta el momento.&lt;br /&gt;-Parece que ha salido bien -comenté.&lt;br /&gt;-Eso parece, sin embargo yo tengo la sensación de haber hecho algo mal.&lt;br /&gt;-¡Pero lo acordado, acordado está! -me alarmé.&lt;br /&gt;-¡Efectivamente, eso ya no hay ya quien lo mueva, pero tengo esa sensación! Como cuando, de niña, hacías alguna travesura y la escondías para que nadie supiese que habías sido tú y luego tenías cargo de conciencia. ¿A ti no te pasa? ¿No sientes que hemos engañado o no hemos terminado correctamente los deberes? Esa es la sensación que tengo.&lt;br /&gt;-¡La conciencia cristiana! Pero tú conoces con seguridad que las conciencias con el tiempo y el ejercicio se van transformando, ensanchan hasta convertirse en lasas.&lt;br /&gt;-A mi no me gustaría pasar por ahí, y ese es el dolor.&lt;br /&gt;-¡Bueno, bueno!, ¿de qué te quejas, de que hemos terminado enseguida?, ¿de que no han existido grandes desacuerdos?&lt;br /&gt;-Quizá sea eso. El tema para mi gente es un tanto peliagudo, vosotros lo tenéis más fácil.&lt;br /&gt;-Reconoce que se trata de algo capital&lt;br /&gt;-Lo reconozco y estoy de acuerdo en todo, pero deja que te diga que tengo esa sensación extraña...&lt;br /&gt;-Eso se arregla con otra copa de champán.&lt;br /&gt;-¡Venga! Una vez que se empieza a pecar, antes de confesarse, hay que disfrutar del pecado, decía una compañera mía de colegio.&lt;br /&gt;-Sabía entender la vida esa compañera tuya.&lt;br /&gt;-Por la mínima sospecha el confesor te ponía la penitencia muy cuesta arriba.&lt;br /&gt;-¿Ah sí? ¿Cuántas avemarías te mandaba?&lt;br /&gt;-¡Eso era lo de menos! En las clases particulares sacaba a relucir los pecadillos y te zurraba bien la badana.&lt;br /&gt;-Pero ¿cómo, rompía el secreto de confesión?&lt;br /&gt;-¡No hombre, no! ¡Era más sutil! Decía, por ejemplo: “¡Ángela ha estudiado poco durante el sábado y el domingo, se nota en los trabajos. Ángela ven acá!...” ¡ Ten cuidado!&lt;br /&gt;        La última exclamación me la dirigía a mí que llenaba su copa y el cava chorreaba pegajoso por sus dedos...&lt;br /&gt;-Disculpa.&lt;br /&gt;-No es nada... ¡Pero nos vamos a poner!...&lt;br /&gt;-Sigue contando lo de Ángela.&lt;br /&gt;-Colocaba la cabeza de la chica entre sus piernas, le tapaba la cara con la sotana y le daba unos buenos azotes en el culo, allí, en medio de la clase...&lt;br /&gt;-¿Y a ti?&lt;br /&gt;-¡A mí y a todas, allí no se escapaba nadie!&lt;br /&gt;-¿Y qué edad tendríais?&lt;br /&gt;-Entre doce y catorce años...&lt;br /&gt;-¿No os daba vergüenza?&lt;br /&gt;        Paz permanecía de pie, yo me senté en la silla que ocupaba mientras trabajábamos.&lt;br /&gt;-Lo veíamos normal, como todas éramos chicas y nos tocaba a todas... Recuerdo una tarde de domingo que me pilló en la plaza, saliendo del baile. El lunes no me dijo nada, pero el martes cuando me entregó el cuaderno, me comentó: “¿Ves Paz cómo no se puede vivir en las nubes? Resides in cornibus lunae, pero te voy a traer a la tierra.” Metió mi cabeza entre sus piernas, me levantó la falda y me puso el culo como un tomate por haber escrito hierba con "v".&lt;br /&gt;-¡Por haber escrito hierba con "v"! ¡Vaya con el cura!...&lt;br /&gt;-¡No creas! ¡Me gustó, he de confesar que me gustó! Aquel hombre tenía mucho carácter y a todas nos ha hecho mujeres independientes... Te diría que todas guardamos un especial cariño por él.&lt;br /&gt;-Si todas habéis salido como tú, ¡qué duda cabe! ¿Y ahora también te han pillado saliendo del baile?&lt;br /&gt;-Nos pueden pillar a los dos.&lt;br /&gt;-Voy a tener que hacer yo de cura y ponerte la penitencia.&lt;br /&gt;-Tú no sabes, buena pinta de curas tienes tú.&lt;br /&gt;-Fui seminarista. A mí también me pegaba una maestra en el culo.&lt;br /&gt;-¿A ti? ¡No me digas!&lt;br /&gt;-Era una maestra relativamente joven. A los muchachos no nos daba escuela, pero nos preparaba para la comunión. Era muy beata. Y cuando no nos sabíamos el catecismo hacía como tú dices. Nos metía la cabeza entre las piernas y nos daba en el culo. Y a mí, como a ti, también me gustaba. Ella no se levantaba de la silla. Decía, "¡Fulanito, ven aquí!" Te preguntaba la lección que había que contestar al pie de la letra, si fallabas una palabra, ¡azotes! Aún recuerdo la última vez que me pegó. Se levantó un poco la falda y mi cara quedó allí atrapada entre sus muslos. Me gustaría volver a oler allí. Cuando me dio con la mano en el culo, se me supo tiesa, y ahora recordándolo también. Ella se dio cuenta y no volvió a pegarme con la mano. Desde entonces lo hacía con una regla, pero metió muchas veces más mi cabeza entre sus muslos.&lt;br /&gt;-¡Vaya, si ahora resulta que te va a gustar la disciplina inglesa!&lt;br /&gt;-Depende del ama.&lt;br /&gt;        La miré directamente a los ojos. Paz, con la copa de champán mediada, se había sentado en el borde de mi cama. Me levanté, llené su copa y la mía, bebimos ambos. Yo de pie, ella sentada. Sin hablar una palabra, cogí su copa y junto con la mía deposité ambas sobre la mesa escritorio. Volví hacia la cama. Me senté al lado de Paz. Sin pronunciar palabra, sujeté su cabeza y la volví sobre sí misma. Su cara quedó entre mis piernas. Sus rodillas dobladas en el suelo, su media melena derramándose sobre mis piernas. Levanté la falda y sus nalgas quedaron al aire apenas cubiertas por la tenue seda de las bragas negras. Sus muslos, encuadrados en los tirantes del liguero, pedían el ritual de los azotes. Fui comedido. Dos palmadas en cada una de las cachas bastaron para que tomaran el color de mejillas arreboladas. Un suspiro de Paz indicaba que el castigo había sido suficiente. Ella se levantó airada. Yo temía lo peor: una denuncia por malos tratos, si bien suponía que nuestra delicada situación no le permitiría alegrías de ningún tipo. De pie, me increpó:&lt;br /&gt;-¡Tú tampoco has aprendido la lección! ¡Muy aplicado, mucho hacer los deberes, pero deprisa y corriendo! ¡Tú también mereces un castigo! ¡¡Levántate!!&lt;br /&gt;        Como yo la mirara perplejo y un tanto admirado, insistió.&lt;br /&gt;-¡Levántate, vamos!&lt;br /&gt;        Obedecí sumiso. Sabía de su fuerza, pero tanta energía, me sorprendió.&lt;br /&gt;-¡Quítate los pantalones, deprisa!&lt;br /&gt;        Sentada sobre la cama, con las piernas entreabiertas y la falda un poco por encima de las rodillas, levantó los brazos y mi cara se sepultó más abajo de su regazo. Percibía el calor de la carne y ese olor propio de la feminidad bien administrada. Ese perfume suave me transportó a otros años y sentí crecer, ahora que yo también me encontraba de rodillas y humillado, el más robusto árbol de mi bosque.&lt;br /&gt;-¡Y además desobediente! ¿Eh? -le oí mientras deshebillaba mi cinturón y tiraba hacia a tras de mis pantalones, como si pelara un plátano-. ¡Te había dicho que te quitaras los pantalones, como no sabes obedecer, aprenderás lo que es bueno! ¿Pero qué veo?, ¿calzones largos?, ¡abajo también!&lt;br /&gt;        Con todo el culo al aire me sentía excitadísimo, pero incapaz de moverme ni de reaccionar. Sentí la llegada de la palma caliente, una y otra y otra vez, al tiempo que se me endurecía más y más la parte cantante. Debió ser en aquel momento cuando suspiré o me quejé del ejemplar castigo, pero noté que mi boca tocaba el ángulo agudo aún cubierto. Aparté hacia un lado aquel trapito y adentré mi lengua como embajadora de otros elementos en la casa desconocida hasta entonces. La embajada fue bien recibida. Supe que las puertas se abrían de par en par y que inmediatamente las relaciones diplomáticas se pondrían en marcha y mi otro extremo recibiría honores de ministro plenipotenciario. Paz cayó de la cama y sus piernas se retorcieron en torno a mi cuello. Sentí el cosquilleo de su melena entre mis muslos y la cara cerca de mis reservas. En este número retorcido, las manos cumplían el papel de tropas expedicionarias que despejaban el campo de cualquier impedimenta. Ahora eran los volcanes, erectos picachos de nieve derretida, los que quemaban las caras internas de las columnas de mi imperio. Mantuvimos las maniobras conjuntas y paralelas hasta que el derrumbe de ambos bandos se presentía inminente. Se repetía la batalla anterior. Nadie cedía un palmo de terreno aunque ninguno de los dos queríamos que la hecatombe llegara. A punto de estallar sendas bombas atómicas, reorganizamos los ejércitos y ambos comandantes nos vimos las caras. Miré hacia el champán que burbujeaba expectante frente a la batalla. Pero ambos contendientes entendimos que era preferible el fuerte y tierno abrazo. En él nos fundimos en una larga y excitante noche que había comenzado con una total desconfianza...&lt;br /&gt;                         Velilla, 23 de noviembre, 1997.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3314569681260580710?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3314569681260580710/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3314569681260580710&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3314569681260580710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3314569681260580710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/03/encuentro-clandestino-en-cuenca.html' title='ENCUENTRO CLANDESTINO EN CUENCA'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6403785393677083939</id><published>2008-03-17T12:12:00.004+01:00</published><updated>2008-03-17T12:18:37.710+01:00</updated><title type='text'>POR LA VEREDA NUEVA: Mi amiga de verano</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;u&gt;&lt;span style=""&gt;POR LA VEREDA NUEVA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;por&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;Petronilo Marceliano Tardón&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;NOTA DEL EDITOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;Acorde con la tradición de la Editorial &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Tal &lt;/span&gt;V&lt;span style=""&gt;ez, y a sugerencia de Vereda Nueva, la joven periodista Paula Marta Temprano, rescató de los caóticos archivos del viejo escritor Petronilo Marceliano Tardón los cuentos que hoy ven la luz. Es necesario advertir que nada tiene que ver PMT en la temática, subida de tono en ocasiones, aunque sí en la forma, intachable como todo lo que ella escribe. La responsabilidad última sobre el resultado es exclusiva &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;del editor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;P.M.T.&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;MI AMIGA DE VERANO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Nos conocíamos de toda la vida. Hacía más de diez años que no coincidíamos de veraneo en el pueblo. Nos encontramos paseando nuestros perros por el campo un anochecer fresco de agosto. Ambos nos quedamos quietos, mirándonos, hasta que ella dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;–Dame un beso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El primero se quedó en las mejillas, el segundo del protocolo se escapó a los labios. Yo le abracé con fuerza; ella me echó sus brazos al cuello. Nadie nos veía, los perros se olisqueaban y jugaban en el prado cercano. Mi mano se coló bajo su falda. Se apretó contra mí. La senté en la pared de piedra berroqueña. Le mordí en el cuello y ella a mí. Bajé hasta el pecho y desabroché su blusa. Ella suspiró. Levanté su falda y metí la cabeza entre sus piernas. Ella puso sus manos sobre mi pelo. Seguí hurgando. Ella suspiraba. Me bajé los pantalones. Sentí sus piernas sobre mis hombros. Busqué sus labios de nuevo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La escena no duró más de diez minutos. Para los dos fue la segunda vez desde que dejamos colgada la adolescencia para siempre, otra tarde parecida, en una casa de heno cercana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llamamos a los perros. Cuando regresamos, su marido y mi mujer charlaban amigablemente tomando una cerveza en la terraza de un bar&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6403785393677083939?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6403785393677083939/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6403785393677083939&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6403785393677083939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6403785393677083939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/03/por-la-vereda-nueva-mi-amiga-de-verano.html' title='POR LA VEREDA NUEVA: Mi amiga de verano'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6939930898839880591</id><published>2008-03-15T10:38:00.002+01:00</published><updated>2008-03-15T10:50:57.155+01:00</updated><title type='text'>La biblioteca imposible, último capítulo:HACIENDO EL AMOR AL SON DEL OFICIO DE DIFUNTOS</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;Pienso en el dormitorio, pero es una habitación con las paredes forradas de libros. En medio una mesa muy desordenada repleta de papeles, colillas, restos de comida y vasos de güisqui sucios. Hay también una máquina de escribir, una vieja Olivetti. En una mesa auxiliar un ordenador muy sucio y un teléfono. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se sienta sobre la mesa y me acerco a él. Me recibe entre sus piernas nos abrazamos y siento sus manos en mis carnes. He dejado mi timidez y las mías también hurgan bajo su ropa. El pecho, robusto, cubierto de vello, me lo imagino blanco como su melena. Su boca se ha perdido en mi pecho y miro hacia el cielo ¡tan próximo! Sus manos anda por mis muslos, llega al vértice y acarician. Mis piernas flaquean y la habitación da vueltas. Me toma en brazos y cambiamos la postura. Su cara se posa entre mis piernas y su lengua juega alegre entre mis entretelas. Yo también río. Un impulso imparable me obliga a cambiar de postura: me arrojo sobre su cinturón que desabrocho y busco allá abajo. Mi boca necesita beber. Me para.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Un momento.- Dice, y se va.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se acerca a un viejo aparato de música, un tocadiscos. Pero no coloca un vinilo en el plato, sino una cinta. Suena el gregoriano cantado por una sola voz de hombre. Canta en latín, un latín muy malo, macarrónico. No son Carminas, es música religiosa. Petronilo ha desaparecido. Espero cualquier sorpresa, de él lo espero todo. Aparece con dos vasos tintineantes de güisqui. Se sienta en la silla de la mesa, y como si nada hubiera pasado, me alarga uno. Abre un cajón, saca tres libretillas de alambre, libretas pequeñas de bolsillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Posiblemente esto es lo que busques. Es toda mi obra, apuntes de novelas que nunca he desarrollado ni desarrollaré.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Tomo las libretas y las ojeo. De pronto me he quedado helada, fría, el fragor de hace unos instantes se ha convertido en atontamiento y desazón, en desconfianza y remordimientos, en descorazonamiento y fatiga. Remordimiento. No sé qué decir. Me siento ridícula. Como puedo coloco mi ropa. Sé que todo ha terminado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Petronilo habla otra vez. Habla deprisa para ocupar el tiempo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— ¿Sabes qué música suena? Es el Oficio de Difuntos cantado por el último sacristán de un pueblo moribundo. Él también ha muerto ya. La Iglesia ha desterrado, este "dies irae" de su liturgia, por tétrico. Yo creo que es lo que corresponde ahora. Acuérdate lo que decía el viejo Charles, "un sabor temprano de la muerte no es necesariamente mala cosa" y hoy, tú, vas a tener que guardar luto. ¡La gente, la vida! ¡Qué maravilla! Me gustaría estar con todas las señoras pero para mí ha llegado el dies irae. Una mujer se enamora. Una mujer casi adolescente se enamora de un viejo, más bien curiosa. Una mujer enamorada: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—Te quiero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—No me quieres. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—Voy a tener un hijo. ¡Es tuyo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—¡Estoy de acuerdo! ¡Hay que celebrarlo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—El hijo no es tuyo es del otro. ¡Perdóname!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Dos terminaciones:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—Envidia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—No podemos tener el hijo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—Generosidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;"—Tendremos el hijo y será de los tres ¿qué más da?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;No le escucho. Miro las libretas. No veo nada terminado. Me llama la atención un nombre de mujer: Alicia. El texto apenas ocupa una página que copio literalmente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;                                                            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;                                                      &lt;/span&gt;ALICIA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;        &lt;/span&gt;Alicia, traspasó su propia barrera del sonido el día que le dieron el alta en el hospital, después de permanecer interna más de tres meses porque su coche se empotró contra un árbol cuando se dirigía al trabajo. Sin avisar a nadie tomó un taxi y le dio su propia dirección. No encontró las llaves. Tocó el timbre. Le abrió una mujer un poco más joven que ella.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Alicia ya no vive aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Yo soy Alicia ¿Donde está Vicente? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— No ha vuelto todavía, pero no creo que tarde. Puedes esperarlo en el bar de la esquina.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;Alicia y Vicente habían vivido juntos dos años. Alicia antes había experimentado otro amor apasionado y tortuoso con Alejo. Alejo había terminado pegándole por unos celos sin control. Alejo murió con una botella de brandy en la boca que su padre le compró para que dejara de incendiar coches. De Alejo, Alicia se repuso como pudo. Las heridas del cuerpo sanaron antes que los sarcasmos de la hermana de Alejo, quien la culpaba del fin trágico de su hermano. Vicente ocupó el mismo lado de la cama que antes calentaba Alejo, aunque sobre otro colchón. Cuando Alicia, aún viva, regresaba del hospital, sintió como su lado, el propio, también se había ocupado.&lt;/i&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;Esperó a Vicente en el bar de la esquina. No tardó más que dos café.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Hola Vicente. Dame las llaves de mi casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Es que pensaba que no te ibas a salvar, por eso invité a Susana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— De acuerdo, pero he vuelto y el piso lo alquilé yo. Por favor, dame las llaves. Voy a esperar aquí una hora. Cuando vuelva, no quiero encontrar nada tuyo en casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Fueron dos cubalibres y un nuevo planteamiento. Su corazón seguiría abierto, y sus piernas también, pero nunca más a uno sólo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Desde entonces Alicia ha conseguido el doctorado en sociología con una tesis titulada "Casas compartidas y otras soledades", corre sin miedo en su coche a través de todas las carreteras del mundo sin que jamás se le caiga la sonrisa de los labios. Viaja sola. La compañía la encuentra en cada puerto.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El miserere ha concluido. Petronilo ha sustituido la salmodia religiosa por un sensual saxo en "Prelude to a kiss". Petronilo se ha sentado y bebe su güisqui. Yo también bebo cuando acabo de leer Alicia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Reacciono de repente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;—Quiero acostarme contigo, pase lo que pase. – Le increpo mirándole muy seriamente, de manera que no tenga escapatoria y acepte. Se me ha ido en la entrevista pero de aquí no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Bueno, podemos dormir la siesta, porque otra cosa… Siempre ha sido imposible, como las novelas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Ya veremos qué sucede hoy. Ven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Me acerco a él y me echo en sus brazos, le beso en la boca y le hago oler mi sexo. Cierra los ojos. Me abraza con ternura, de repente advierto una lágrima que corre por sus ojeras. Le tomo por las manos, tiro de él, le levanto y busco el dormitorio. Lo dejo tendido sobre la cama. Le quito los pantalones y él se deja hacer. Cuando ya lo tengo casi desnudo, intento ser Lady Godiva sobre éste que a mí me parecía caballo semental. No dice nada, sufre. Nos cobijamos bajo las sábanas, muy limpias y casi perfumadas, contrariamente de lo que se podía pensar. Jugamos, juego durante horas. El se duerme y mientras tanto abuso de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Cuando se despierta ya he preparado café. Le traigo una taza. Se incorpora. Sobre&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mi piel sólo una camisa de las suyas. Me llama a su lado y me acerco. Siento su calor, su ternura, su abrazo casi de padre. Espero la pregunta pero no la hay. Rompo el silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— ¿Has descansado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Sí, muy bien. ¿Qué hora es?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— ¡Qué importa!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Me abraza y me toca y mientras habla:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;Un nuevo libro ha nacido esta mañana al cruzar el Jarama. Hay una luz muy clara, muy especial. Es una luz de invierno que parece de primavera. Incluso algunos pájaros se han equivocado y vuelan hacia el norte. Paso de la primera, cansada bandada de emigrantes...&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Pero a lo que íbamos, el libro para la biblioteca imposible dice así: "El orden alfabético" y bajo cada letra, que no necesariamente había de estar en el orden convencional, habrán de contarse otras tantas historias que comenzarán por cada una de las letras del alfabeto, y, bajo cada una de esas letras, otro orden alfabético que se reproduciría a sí mismo, envolvería de nuevo a otro posible libro de letras, cuyas historias podrían o no estar ordenadas alfabéticamente hasta que la espiral tapase el sol y la clara luz de esta mañana invernal confundiera otra vez a los pájaros y creyeran que era de noche... Más que un libro es una biblioteca entera... Te la brindo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Suelto una sonora carcajada que él corea. Está alegre y yo, también. Tal vez él no sepa por qué río yo. Yo sé que es un buen amante y un buen escritor. Él ignora ambas cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se levanta hurga en la mesilla. Saca una rosa artificial envuelta en papel de celofán. Me la ofrece.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Disfrútala recordándome.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— ¡Gracias!- Me atrevo a preguntarle- ¿Por qué vives solo y aquí?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Me mira y ahora es el quien ríe escandalosamente. Sé que no me va a contestar. Cuando para de reírse dice:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— ¡Ni lo pienses! ¡No quiero a nadie en casa! ¡No quiero hablarte de lo que pienso de la familia! Te daría para tres o cuatro libros más y, con las libretas, ya llevas demasiados proyectos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Nos vestimos. Bajamos Don de Carlos. El ambiente de la noche del sábado es muy distinto al de la tarde. Parejas madura, gente joven, cubalibres y güisquis. Allí está Miguel Angel, las chicas que ligan con él, Carlos, el fotógrafo, Manolo Aparicio, la prima de Lola, el músico…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Don Carlos nos ve sonrientes, nos guiña un ojo, nos invita a güisqui y nos da dos cartones para el bingo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;Velilla, marzo, 2001&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6939930898839880591?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6939930898839880591/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6939930898839880591&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6939930898839880591'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6939930898839880591'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/03/haciendo-el-amor-con-el-oficio-de.html' title='La biblioteca imposible, último capítulo:HACIENDO EL AMOR AL SON DEL OFICIO DE DIFUNTOS'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-8824922458283718830</id><published>2008-03-08T00:39:00.001+01:00</published><updated>2008-03-08T00:51:39.725+01:00</updated><title type='text'>PMT versus  PMT</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— ¿ De los seres imaginarios cuales son tus preferidos?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; - Improviso para reponerme un tanto de la sorpresa por comentario sobre mis piernas y mi falda, lo único que he entendido... y él contesta a toda prisa:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;—Las huríes del profeta y las náyades de ojos verdes..., como los tuyos, mi joven entrevistadora. También me gustan las musas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Leo en una servilleta sobre la que garabatea: &lt;i style=""&gt;cuento &lt;b style=""&gt;"Sobre los espejos" &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;Lo miro, sólo lo miro. Y él continúa:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Se puede hacer un seminario sobre este tema: los labios de las huríes, las náyades y tus propias piernas. Un seminario reducido... entre tu y yo, solamente... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Interesante.-&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; Respondo.- Se ha percatado de que lo del seminario me ha llegado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Saca otra servilleta y me la entrega. Mientras la leo Petronilo Marceliano Tardón pide cerveza. Carlos llega hasta nuestra mesa, retira los vasos vacíos. En el ambiente suena una balada. Carlos trajina y baila. Hay poca clientela a estas horas. Un hombre nos mira, apenas saluda. En la mesa del fondo come el hijo de Carlos. Petronilo mira sin complejo mis piernas. Piensa que no lo advierto, pero noto como sus ojos, un tanto vidriosos, un tanto tristes, pálidos a través de los gruesos cristales de miope, suben más arriba de mis rodillas. En cierto momento casi noto su entusiasmo sobre mi piel. Leo en la servilleta que me tiende mientras bebe más cerveza:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;I&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Y ahora el cuento de hoy:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;II&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;¿Cómo comentar un combate de boxeo? ¿Hay otra manera de enfrentarse a la vida?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;No hay más en la servilleta. Lo miro a los ojos. Lo siento hombre ahogado y vital en lucha permanente consigo mismo. Lo miro mientras bebo cerveza. Ya no son los ojos. Ahora es su mano la que se posa sobre mi rodilla. Intenta llamar mi atención. Saca unas hojas de libreta y me las tiende. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Lee esto- dice.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;I&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;... Y sigue el cuento de ayer...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Cada noche me asomo a mi balcón a mirar el poyo vacío, pero mi vecina no ha vuelto a usar el jardín para tomar desnuda las noches de luna morena.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;Vive sola, no distinguí su cara, lo impedían las sombras... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Aquí hay ya otro cuento de espías...&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;II&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Otro libro. Este es de estudio, de erudición, pero ¿quien lo querría comprar? El título ya quema:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.15pt; text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"Escritores de baja estopa". &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Propuesta: los autores de padres pobres ¡habrá pocos! que publicaron,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los que ni siquiera pintaron o escribieron una línea, pero sintieron el alma de autores: de mi tío Hilario, lo verdaderamente genial fue su vida hasta el&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; &lt;i style=""&gt;punto de llevar tanta pintura en la cabeza que perdió una patera de los calzoncillos sin enterarse de ello. Cuentan que el cacho de trapo estuvo ondeando encima de un carrasco más de tres meses hasta que el sol y los pájaros se lo llevaron para hacer los nidos... Ese cuadro está por pintar, y el episodio sin narrar, y la historia y las ilusiones sin escribir.&lt;/i&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Otro libro. Caso de la amiga que inspira estos apuntes de la biblioteca inimaginable o ¿cómo se llamaba la biblioteca? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Al lado inverso, el Canario que vende mucha poesía por El Retiro durante las ferias del libro. Vive de la poesía y nadie lo reconoce... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;III&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Respeto a la gente, ¿será verdad que somos feos por naturaleza? Algunas personas lo aparentan. Me gustaría cambiar la afirmación.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;IV&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Chinos que recomiendan restaurantes y regalos. En los bares sirven peruanos y beben españoles. Aquí no pasa nada. Sombreros Borsalino de Casa Yusta, sombreros que yo he visto arreglar a los gitanos en el Pozo de las Bestias.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;31 de diciembre de 2000&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;El último libro del siglo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"Las cuatro estaciones". Otras cuatro estaciones, día a día, mes a mes, con bares, sexo, y rock and roll.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;Mientras leo lo anterior, Petronilo Marceliano Tardón se ha levantado, ha llegado hasta la barra, ha pedido más cerveza, ha ido hasta el servicio, ha vuelto con dos tubos, se ha sentado y me mira. Comienza a hablar de corrido, como si lo tuviera preparado pero sé que es instantáneo. No me deja terminar de leer. La vehemencia le sale de dentro, no pretende molestar, expresa lo que piensa espontáneamente. No se calla. Habla y habla:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Racimos de imposibles novelas nunca escritas. Editadas por editoriales y editores que nunca han editado un libro. Criticadas pro críticos que nunca las leyeron. Publicadas estas críticas en las mismas importantes editoriales antes citadas, en las secciones de ensayo y erudición. Recogidas después en enciclopedias inexistentes. Novelas guardadas en bibliotecas y clasificadas en peculiar manera. Bibliotecas a las que acuden no lectores... El otro lado de los espejos. ¿Qué te parece? - Pregunta Petronilo. Te has asustado un poco...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— No exactamente.-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Contesto. Siento que la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;entrevista se me va de las manos. Que nunca podré&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dominar a este personaje, no obstante&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ataco preguntando a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ver si le&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sorprendo-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;¿Por qué insistes tanto sobre las bragas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— El deseo de mirar bajo las faldas no es otra cosa que el intento de conocer el interior de la mujer, conocer sus pensamientos. Es una traslación de la mirada interior. Tal vez la metáfora de la Caverna que ya utilizó Platón, de la cual procedemos todos. Las bragas serían sólo esa suave tela de araña que impide volver hacia el pasado, hacia los orígenes, hacia la infancia... Ahí tienes psicoanálisis, ahí tienes erotismo, ahí tienes deseo y juego. ¿Te parece interesante el seminario que te propongo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Su mano esta vez llega hasta mi rodilla y acaricia muy suavemente el interior de mis piernas. No me retiro. No sé por qué. Aunque me da cierto miedo, siento también una atracción fatal. Son suaves sus manos. No me disgusta la caricia. Me palpita el corazón y siento subir el calor por mi cuerpo. Muevo las piernas para disuadirle, para disimular mi turbación y para inclinarme sobre la mesa, alcanzar el vaso y beber cerveza... Él me mira y sonríe, es una mirada tierna de miope... Retira la mano avisado, pero sé que volverá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Además de estos temas supongo que también te habrán interesado otros. Enumérame algunos de los proyectos más extravagantes que hayas imaginado...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se ha echado hacia atrás en la silla, pierde la mirada en el techo con cierta nostalgia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— Pues verás, en cierta ocasión hice un proyecto para una bodega de vino, en otra para una agencia de prensa, en otra para una gasolinera, en otra para un camping, en otra para un poblado celta y así hasta donde tu quieras, lo de los proyectos ya lo comentamos, te puedo proponer unos cuantos en poco tiempo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ahora se lanza a desgranarme cada uno de los proyectos que me ha enumerado y me llama especialmente la atención el del poblado celta. Me habla de chozos y pallozas, de sierras y de valles, de aguas subterráneas y de zahoríes, de leyendas, de la vida... Me cuenta que Don Carlos también hace proyectos: quiere irse a León y montar un hotel rural, un hotel para gente como nosotros que quiere tener una entrevista tranquila. Me comenta que lo más probable es que no se lleven a cabo nunca, pero lo ilusionante es la esperanza, el imaginar...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Pasan las horas. El magnetófono se ha parado sin avisar y a mi se me ha ido el santo al cielo. Hemos bebido más cerveza. El público ha cambiado. La tarde, a eso de las ocho, en este sábado de enero de 2001, se ha poblado de muchachas y muchachos muy jóvenes. La música también ha cambiado. Suena alguna canción de Sabina y mucho bakalao. Los jóvenes nos miran extrañados. El ruido es grande, casi molesto, Carlos reina detrás de la barra. Nos ha traído algunos pinchos. Eso es todo lo que hemos comido. Petronilo me ha cogido la mano entre las suyas. Yo no la aparto. Me gusta que me mire a los ojos. Yo también lo miro. El beso llega solo. Siento como se me eriza el cuerpo. Un escalofrío en la espina dorsal. Su lengua enreda en mi cuello y se entretiene en mi oreja. Le acaricio el rostro y le miro. No sé qué ha visto en mis ojos, pero siento su mano subiendo, subiendo, suave, despacio, por entre mis piernas. No llega hasta arriba. Sabe marcar los tiempos. Me ha vuelto a besar en la boca y ahora nos hemos entretenido más. De repente oímos un aplauso de los jóvenes que pueblan el bar. Despertamos. Nos lo dirigen a nosotros. Siento una vergüenza atroz. Debo presentar una cara roja como las amapolas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— ¡Déjalo, por favor! - Me atrevo a decir, casi con miedo a que me obedezca. Me besa en la mejilla y me murmura en el oído, al tiempo que aprieta mi mano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;—¡Vámonos!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Nos levantamos. Recojo el magnetófono y las servilletas escritas. El no paga ni yo tampoco. Carlos desde la barra nos mira salir y no dice nada, sonríe solamente. Apenas hemos andado diez metros. Entramos en un portal de una casa nueva. Petronilo llama al ascensor. Dentro, me abraza. Yo me cuelgo de su cuello. Siento sus brazos fuertes sobre mi cintura. Una mano se cuela bajo mi falda. No me importa, lo deseo. Un beso de dos pisos y una mano en mi grupa. Deseo montar en este viejo garañón que parece potente. Llegamos a su casa. Apenas me suelta la cintura para buscar las llaves. Abre la puerta, entramos y cierra con el tacón. Me abalanzo sobre él y le beso intensamente, apasionadamente, sin ningún pudor, totalmente entregada, le deseaba allí mismo y entonces mismo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— ¡Un momento, princesa!- Susurra Petronilo mientras se suelta y se encamina hacia una puerta cerrada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-8824922458283718830?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/8824922458283718830/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=8824922458283718830&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8824922458283718830'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8824922458283718830'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/03/pmt-versus-pmt.html' title='PMT versus  PMT'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-1234096637123204685</id><published>2008-03-01T13:00:00.001+01:00</published><updated>2008-03-01T13:05:37.236+01:00</updated><title type='text'>NO ES LO QUE PARECE II</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"—Está muy bien, bailas muy bien, y te exhibes muy bien, pero aunque a mí me gusta mucho mirar, también me gusta tocar, en cambio no me gusta la violencia... - Le dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"—A mí tampoco me contestó... Y se fue para volver con otro modelo y seguir la exhibición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"Se sentó en mis rodillas. La acaricié. Intenté meter un dedo dentro del tapa sellos para dejar sin duda las huellas dactilares donde hiciera falta. Mordí su cuello... No me dejó llegar a trazar con exactitud la bisectriz de su ángulo obtuso, no me dejó terminar. Prefirió iniciar una mediatriz en línea cambiante sobre su boca y mi ángulo agudo. Aquel día comprendí un poco más la importancia de la geometría aplicada y los secretos de las medianas. Fue el comienzo de la geometría del plano: comencé a entender los triángulos, la importancia de los ángulos y las relaciones con los senos... Recordé al geómetra del Manuscrito encontrado en Zaragoza. Yo tampoco he sido capaz de aprender&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a bailar la zarabanda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"Cuando apuré por fin el güisqui y encendí el cigarrillo de la despedida, ella me dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"— De ordinario son cincuenta mil, pero a ti te lo dejo en quince.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Yo me levanté, le&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pagué, me&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;despedí y nunca se ha vuelto a cruza en mi camino. Seguramente andará mostrando su colección a otros&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;interesados en esos menesteres o tal vez la haya donado al museo etnológico de la Universidad&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Autónoma, no sé..."&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;Petronilo Marceliano Tardón calló de repente. No añadió más. Me miraba sonriendo. Yo, sorprendida, no sabía qué preguntar, y eso es lo peor que le puede pasar a una periodista, que el entrevistado le gane la partida. El cuestionario, preparado a medias, ya se había ido al garete. Aquel hombre me producía sentimientos contradictorios: su capacidad de fabular sobre cualquier asunto y su incapacidad para terminar nada. También había admiración, a pesar de esa cierta grosería que él controlaba. Por eso le pregunté.&lt;b style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Por qué no escribe esa historia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— Porque la he vivido, querida, y lo que se vive no se escribe, y si se cuenta, se exagera. Eso es de ahora y de siempre. Tal vez sea un cuento intercalado, pero no lo escribas, ni lo niegues ni lo afirmes. Tu nunca debes escribir sobre lo que no te guste. Puedes escribir sobre lo que ignores, puedes escribir de eso. De eso sí puedes escribir cuanto te apetezca, puedes inventar, pero nunca escribas sobre lo que no te guste. Ahí mismo tienes una dificultad: ¿sabes lo que te gusta? Pero nunca debes preguntarte sabes lo que te gusta o no. ¿A quien puede importarle? Tú escribe, escribe, que ya aprenderás. En la Calle Atocha, podía ser Huertas, no voy a poner ni quitar nombres, pero no escribas de La Fíduala. No escribas del Ateneo, no escribas de Gurriarán, no escribas del Emilio Romero, ni de Virginia, ni de los policías, no escribas de la fuente, ni de Ángela, ni de Antonio, ni de Araceli, de la inglesa, ni de jazz, no escribas de lo que no te guste. No escribas de mí, no escribas poemas, no escribas, por favor, no escribas, por favor... No escribas nada. Escribe de ese tipo de carne y hueso que te conmueve, que te intimida... Sigo bajando por Atocha. Tal vez la misma calle por donde se bajaba hacia las huertas. Pero no es la calle Huertas. No quiero llegar a la calle Huertas. Eso es otro cantar, tal vez otro libro, como La Calle Valverde. ¿O has olvidado que en la calle Huertas estuvo el Diario Pueblo, El Ministerio de Trabajo, una comisaría... Y allí está también La Fídula, el primer café de música clásica y hasta el Ateneo. Podrás investigar y escribir, pero ¡ten cuidado! Te puedo contar una ocasión maravillosa: "La noche que me invitó el inglés", se puede titular. Pero no debemos adelantar acontecimientos. Sírvate saber que terminamos ¿cuántos? Al menos seis en una sola cama. Y yo aquí estoy. No sé nada de los demás ni los demás saben nada de mí y lo más posible es que no sepan nada unos de otros...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Petronilo Marceliano Tardón a estas alturas hablaba con una soltura fuera de toda regla. Si es que en alguna vez las había respetado. Yo sabía que era un hombre a su modo. Sabía, porque él me lo había contado en otros encuentros, de un tío suyo que había querido ser pintor, y que sólo pintó un San Bartolo en una pared, que debía haber sido tan bebedor y charlatán como él, había terminado sus días viviendo en una ermita, abandonado de todos porque con todos había reñido. Yo sabía más de él, que él de mí. Por eso le pregunté a bocajarro, pensando que le dominaría de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿ Qué tienes que decir de tu proverbial desorden? &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— Conozco una biblioteca que no debe pasar de los tres mil títulos, totalmente inutilizable por el simple hecho de que el orden que guardan los libros es un orden peculiar, pero muy lógico, según quien la organizó en su momento. Me cuentan que alguien hizo un curso de bibliotecomanía o como se llame. Le enseñaron que todos los libros deben llevar un número de registro y un tejuelo en el lomo. Pues bien este alguien se ha empeñado en colocar los libros por el orden del número de registro, que es el número de entrada. Es decir el orden por el que van llegando como si de una cola se tratase. Pero para encontrarlos, hay que buscarlos por el número del tejuelo del lomo, orden por el que se colocan en los estantes... Como consecuencia, para dar con un libro hay que consultar íntegro el libro de registro de entrada. Allí encontrarás el número de tejuelo, y a continuación se ha de esperar que el libro esté colocado en el anaquel que le corresponde... Pero tiene un orden, una lógica. Los libros forman un caos armonizado por una lógica de difícil utilidad para algunos, muy útil para quien la puso en práctica... Una lógica, en definitiva... ¡El caos y el orden! A mi parecer nos pasamos el tiempo intentando ordenar a nuestro gusto todo lo que ya está ordenado. Luz del Olmo recuerda sus libros por los colores: los nombra El Libro Azul, El Libro Amarillo... Esta clasificación aparece con frecuencia: el Libro Rojo, de Mao, el Libro blanco de Cualquier Cosa, Las Páginas Amarillas, la prensa salmón, las novelas rosas, los chistes verdes, el humor negro y quedarse en blanco... Pero eso también requiere una segunda lectura, y así sigue la contradicción del desorden de tu nombre. ¿Cómo puede haber desorden en un nombre aunque este sea el caos? Y concluyo: lo del caos es mentira, lo del orden, también. Cada uno intenta mantener su propio orden, el que le sea más querido, más cómodo o más sentido; pocas veces el más lógico. Tendemos todos a crear nuestro propio orden y queremos que los demás lo admitan. Cuando alguien manda, se dice que impone un orden y ese ordenador quiere que todo el mundo admita esa lógica. Lógicamente eso genera un opositor que lo que quiere es imponer su propio orden, y nacen el bien y el mal, dios y el diablo, el yang y el yeng, y tantas cuantas parejas se quiera: yo y el otro, el gordo y el flaco, Ortega y Gasset... Hasta que venga otro que monte otro sistema, a quien también le saldrá un opositor que tarde o temprano le ganará, y volverá a la oposición o a la invención de otro sistema... ¡Hasta el infinito volviendo continuamente al caos!... Pero todo esto ¿qué tiene de importante? Lo que verdaderamente me interesa ahora, y lo que me intriga es qué hay bajo tu falda, al final de tus piernas. Eso es lo me intriga y me gustaría oler a fondo y disfrutar de ese caos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-1234096637123204685?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/1234096637123204685/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=1234096637123204685&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1234096637123204685'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1234096637123204685'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/03/no-es-lo-que-parece-ii.html' title='NO ES LO QUE PARECE II'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-8571416335817697759</id><published>2008-02-27T17:30:00.001+01:00</published><updated>2008-02-27T17:34:28.101+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE VII: NO ES LO QUE PARECE...</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"— Un día,- continuó mi amiga- mi padre y yo nos dedicamos a ver ropa interior. Yo insistí y le compré unos calzoncillos que a él le parecían bragas porque eran pequeños y ajustados, pero yo le insistí que la ropa femenina era de otra manera y le conduje a la sección de señoras donde además de mostrarle las distintas colecciones y marcas, yo me compré algunas prendas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"— Nunca supe si tu madre tenía bragas o no porque nunca la vi ni desnuda ni desnudándose. Cuando nos metíamos en la cama ella llevaba un camisón con un agujero y de estas cosas, no entiendo. Dijo que le había confesado su padre aquella tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¿De verdad papá que nunca viste las piernas a mamá? Te voy a llevar a un espectáculo donde salen las mujeres desnudas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—No hija, no...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Yo me quedé pensando lo que mi padre había dicho: que nunca había visto a mi madre desnuda y posiblemente tampoco a otra ninguna mujer. Preparé la estrategia mientras llegamos a casa. El calor era una coartada perfecta. Apenas entramos, me fui a mi habitación, me cambié y, en vez de ponerme una camiseta como cada día, me puse una camisa abierta y ropa interior roja. Tengo mucha ropa interior porque siempre me ha gustado, nunca pensé lucirla delante de mi padre, pero tampoco me pareció inmoral en este caso. Esta primera vez advertí que mi padre miraba pero intentaba cambiar la vista por razones obvias. Los resultados de los análisis fueron más que preocupante. A pesar del mucho cuidado, todos los médicos me dijeron que llegaría al invierno. Había que tratarle pues, con el cariño propio de los últimos días. No se quejaba en exceso, pero se le veía que le dolía todo. Para consolarle me fui haciendo más atrevida e incluso prescindí unas veces de la camisa y otras de la parte inferior. Mi padre podía ver de manera transparente todo mi vellocino de...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—¡Oro! -Intervine mirándole a los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡No, de ébano! -Rió ella y continuó su historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"— Advertí como mi papá me miraba en ocasiones con ojos brillantes donde advertía cierto reproche pero lleno de admiración y respeto. A mí me había desaparecido totalmente la más mínima intimidación y si no me mostraba ante él desnuda del todo fue simplemente porque me parecía más basto. Sabía que mi padre moriría enseguida y no me importaba alegrarle dentro de lo posible, sus últimos días. No podría negarle nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"— ¡Cómo te pareces a tu madre!- me dijo un día, y yo pensé “será como te la imaginaste”, porque estaba segura de lo primero, de que nunca la había visto desnuda. Por estas fechas ya estaba muy mal, vivía bajo los efectos de los barbitúricos y poco más se podía hacer por él. A primeros de septiembre, me dejó. Él estaba solo y yo también, ahora estoy más sola todavía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡Cómo lo siento! Quise consolar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡No importa, me va bien sola, siempre he tenido amigos, me refiero de familiares directos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¿Y sigues teniendo esa colección de ropa interior? -Pregunté para cambiar el tercio triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Sí, claro. Es un poco yo misma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Me gustaría conocerla...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Si estás muy interesado, te la muestro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡Encantado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"El acto de presentación de "Con apariencia de tímida doncella" de Rafael del Moral había terminado la parte académica. Ahora, en corrillos, unos y otros bebían el vino y se lanzaban sobre las bandejas de canapés. A mi amiga siempre la había considerado una cazadora de canapés, era el momento de ponerle a prueba. Nos acercamos hasta el escritor. Felicitamos a Rafa y le dije a él, "tengo prisa". Le dejé saludando a otros curiosos y me dirigí a la recién conocida amiga:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Puesto que nos hemos dedicado las a presentaciones y exposiciones ¿por qué no continuamos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¿A qué te refieres?- Preguntó, como si ya se le hubiese olvidado...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—A tus bragas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Vivo al lado del Hotel Suecia, si quieres venir, estamos muy cerca...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"No pude darle más que otra vez la misma contestación:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡Encantado!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Diez minutos después me encontraba sentado en un sillón de orejas que se me antojó heredero de algún protagonista barojiano. Un sillón con historia: se me ocurrieron varias en aquel mismo momento, pero, las contaré en otra ocasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Mi desconocida amiga había desaparecido. Me había dejado a solas con un magnifico güisqui, sentado en un extraño sillón cuya estructura me recordaba otra aventura que te contaré, si te haces acreedora de ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"Habían pasado unos diez minutos, hoy el tiempo transcurría en períodos de diez minutos, cuando apareció de nuevo y ordenó más que invitó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—¡Sígueme!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Obedecí y entramos en un dormitorio excesivamente grande, me pareció a mí, para una mujer sola. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Sobre la amplia cama, se extendía, armoniosamente colocada, una colección de bragas ordenadas por colores, tamaños y formas. Se podían distinguir épocas. Yo conocía el libro de Lola Gavaldón "Piel de ángel", pero me parecía imposible que alguien se hubiera dedicado a sistematizar prácticamente los conocimientos en una exposición sin fisuras. Me juré acudir a una hemeroteca para estudiar los catálogos y averiguar si había algún museo del tejido donde se guardaran tan recatadas prendas. Yo no lo conocía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Ante mi silencio, con boca y ojos abiertos, y algún otro órgano en guardia ante tan exagerada disposición, mi reciente amiga, no tuvo otro recurso que presentarme lo presente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Esta es mi colección. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"A partir de ahí empezó a explicarme las características peculiares de cada uno de los objetos expuestos, con esa voz propia de las guías de museos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"—Está muy bien, pero a mí me apetecería sin duda verlas en el lugar para el que fueron confeccionadas, es decir puesta sobre ti misma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"No me contestó. Creo que no me entendió o si me entendió me tomó el pelo, porque lo único que hizo fue contar un chiste; me sacó de nuevo del dormitorio y me llevó al salón. Me acomodé en el sillón de orejas, me sirvió otro güisqui y desapareció de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Cuando volvió, esta vez no tardó más de dos minutos, vestía una bata transparente y una única braguita roja de Cacharell. Empezó a sonar -¿en el techo?- Joe Coker, y en concreto la música de Nueve Semanas y Media. Nosotros no llevábamos juntos ni siquiera cuatro horas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Mi desconocida amiga, aparecía y desaparecía con la periodicidad de dos minutos: cambiaba de bragas y de bata pero no de sujetador, algo elemental a mi parecer. Todo muy deprisa, como si estuviera muy ensayado, muy hecho. La música no cesaba, y la luz intermitente de un anuncio de la calle ponía el foco fugaz e incontrolado: el gato de porcelana, de Gardel, nunca de Piazzolla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"... ¡Y yo de espectador anhelante! A pesar de todo, extravié el protocolo y pasé de espectador a actor... En uno de los ires y venires tendí una mano hacia ella con el fin de que la cogiera...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Rozó mis dedos, jugó con su camisón y siguió huyendo. Cuando volvió, aún más provocadora, simplemente la abracé por la cintura, pero se zafó de nuevo. Regresó, y regresó otra vez... Yo permanecía quieto, sólo mirando, sólo comprobando... Sonaba la misma música, ¿alguien en tal lance ha comprobado lo que duran nueve semanas y media?...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Salió y tiré de ella hasta que la dejé tendida sobre los brazos del sillón. Allí la besé por primera vez. Nunca pensé que se resistiera, pero hizo un esfuerzo repentino y pegó un "respingo" nunca pensado. Se escapó. Me extrañó. ¿A qué jugaba, me preguntaba yo? Me había traído hasta allí, me había calentado, y ahora ella jugaba con las cartas marcadas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Volvió a salir. Yo bebí güisqui, y no hice nada por acercarme a ella. Ella intentó jugar más conmigo: metió su trasero en mi cara y una de sus tetas en mi vaso de güisqui. Cuando se volvió, la miré. Me mostré entusiasmado. Mis ojos en sus ojos, mi mano en su mano, el brazo del sillón jugando a ser mi pierna, el mástil en guerra...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-8571416335817697759?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/8571416335817697759/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=8571416335817697759&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8571416335817697759'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8571416335817697759'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/02/la-biblioteca-imposible-vii-no-es-lo.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE VII: NO ES LO QUE PARECE...'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2016474432299215315</id><published>2008-02-16T12:21:00.001+01:00</published><updated>2008-02-16T12:25:56.905+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: ENCUENTRO EN EL BELLAS ARTES</title><content type='html'>&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; font-weight: normal;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;— A propósito de eso. Te voy a contar una historia que me pasó en otro sitio, muy cerca de por aquí. Siempre me había resultado extraña aquella mujer. Yo la conocía de vista, pero de nada en concreto. Coincidíamos frecuentemente en diversos cafés de Madrid y casi con la misma frecuencia en actos más o menos culturales donde nunca éramos de los importantes, pero casi siempre de los presentes. Fue una tarde en el Círculo de Bellas Artes. Yo paseaba por allí. Entré en la Librería Crisol y, cómo no, ella miraba unos libros. Esta vez fui cortés, no la ignoré como hasta entonces había acontecido y la invité a una cerveza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Entramos en el Círculo y subimos hasta el Salón de Baile donde se celebraba la presentación de la novela de Rafael del Moral, titulada de una manera ambigua, que sonaba casi como un verso de agua, una ola en círculo, ni transgresora ni aparatosa, pero que te lleva al paseo de un largo y quieto jardín art nouveau. "Con apariencia de tímida doncella",&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tenía por título.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Tú tienes apariencia de tímida doncella. Le dije.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Pero sólo apariencia: No soy nada tímida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—¿Y doncella?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Por favor...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Es raro, siempre te veo sola. ¿No tienes amor, no tienes amigos? Pregunté de manera pedante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—No te fíes de mí...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Mientras se desgranaban los elogios bien merecidos sobre el libro y exaltaban argumento, estilo y planteamiento, personajes y tiempo, y el padre de la criatura, bostezaba, quizá abrumado, quizá de sed, mi amiga y yo nos distraíamos de la muchedumbre y deambulábamos por distintas salas del hermoso palacio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Visitamos una exposición de Ibarrola y su obsesión por los árboles. Seguimos viajando por el tiempo y las pinturas, los bucles del estuco y los dibujos. Yo le contaba historias de bailes y carnavales celebrados allí mismo. Entre otros aquel en que no sé cómo ni por qué aunque no fue ajeno el ascenso desde la calle por una gran escalinata hábilmente montada desde la acera de la calle de Alcalá hasta el salón de baile del Círculo, ni tampoco fueron ajenos lo s güisquis, los disfraces atrevidos, el ambiente, ni... En definitiva dos señoras y dos caballeros, cuyo conocimiento no había pasado de leve y ocasional- como el tuyo y el mío, ahora - terminamos los cuatro en una sola cama... A partir de entonces&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ni ellos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;han vuelto a saber nada de mí ni yo de ellos: el olvido. Es imposible contar con mediana exactitud lo que sucedió en la cama, porque allí despertamos los cuatro desnudos sin que saber yo, al menos, qué había pasado antes y durante toda la noche o cuantas noches...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Se lo debí contar todo de un tirón - tampoco sé muy bien ahora como se lo conté-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ni qué más le conté, porque ella me preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—¿Cómo supiste donde habías estado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Nunca lo supe con exactitud, -le contesté- pero no era muy lejos de aquí. Porque cuando salí, aunque había desayunado mucho café, en la calle tomé otro antes de llamar a un taxi para que me condujera a mi casa. La única tarjeta de presentación que guardaba eran unas bragas negras de seda en el bolsillo de mi chaqueta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—¿No te acuerdas de nada más?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"Observé que mi nueva amiga, aunque vieja conocida, se interesaba de una manera muy particular sobre el encuentro. Le gustaba que le regalaran el oído. Por eso inventé y traté de adaptarme a ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;“—Me acuerdo más bien poco, como te he dicho, debió ser el güisqui y las circunstancias, sólo recuerdo vagamente, que accedí a la ropa interior de una señora, la que me acompañó durante buena parte de la noche, en uno de los sillones de este mismo salón, y aquí es donde debí quitarle las bragas, guardármelas en el bolsillo. Recuerdo algo así como que me dijo que se sentía muy cómoda con aquellas bragas y por eso se las había puesto aquella noche, que no pretendía ninguna sofisticación. El otro día las miré de casualidad porque me las encontré entre mis recuerdos, yo soy bastante fetichista, y efectivamente, es una prenda sencilla, también me dijo que no le importaba que se las quitara en publico porque le excitaba el riesgo de que le vieran todo lo demás. Yo actué con cuidado pero creando expectación para un dos mirones disimulados que jugaban entre las cortinas. Como característica principal, las bragas carecían de elásticos lo que facilitaban el acceso a todos los lugares secretos y dejaban bastante ventilado la parte central de la cruz de San Andrés... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;"Sentado en el mismo sofá&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que le había señalado antes, y mientras continuaba la presentación del libro "Con apariencia de tímida doncella" yo no callaba.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Mi reciente amiga me miraba sorprendida pero le noté con deseos de intervenir e hice una pausa que ella aprovechó para contarme una historia tan extraña como ella misma:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:14;" lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;"El último verano había venido su padre a Madrid para que le hicieran unos análisis médicos. El padre vivía en un pueblo donde él y ella habían nacido. Un lugar pequeño entre Guadalajara y Teruel, en las tierras altas de Medina de Aragón, una de las zonas más frías de Castilla. El campesino resistía con resignación el calor sofocante del julio madrileño. Para paliar en lo posible el bochorno, ella le llevaba a El Corte Inglés donde, después de pasear por una y otra planta, terminaban casi siempre en la cafetería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2016474432299215315?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2016474432299215315/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2016474432299215315&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2016474432299215315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2016474432299215315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/02/la-biblioteca-imposible-encuentro-en-el.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: ENCUENTRO EN EL BELLAS ARTES'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-5520057010992122828</id><published>2008-02-09T11:07:00.000+01:00</published><updated>2008-02-09T11:08:55.794+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: ATREVIMIENTO</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El viejo Tardón pasa al ataque. Paula Marta comienza a sentirse desarmada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¡Atrévete!- le digo desafiándole en su imaginación totalmente desbocada. Advierto que me conduce por dónde él quiere. Ya no soy yo quien domina la entrevista...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¡Escucha! Son la siete y media. Entra gente nueva, ¡es un decir! Son muchachos que quieren ver cine y no saben dónde, y mayores a quien les gusta el mundillo. La sala ha quedado tranquila. En la barra un hombre con gabardina y otros dos con chubasqueros mantienen pendientes al grupo. Un muchacho pregunta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;"— ¿ Cómo fue 1975?- Nadie le contesta... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En una mesa un hombre de barba blanca ojea el prospecto del cine. Es un hombre de edad media y móvil. La camarera, rojo y negro, como la tarde, administra el cotarro de las mesas. Una pareja, con cara de tres licenciaturas, toma café. También hay un guardia de seguridad con escudo en el brazo. El hombre de la mesa que alterna cuaderno y programa de cine, interrumpe sus apuntes, deja el bolígrafo sobre el papel en blanco y emprende un diálogo con otro hombre de barba negra que se ha atrevido a sentarse en la misma mesa. Hablan de Edi Piaff y Gloria Lasso, Concha Piquer, de Conchita Márquez Piquer, de El Pescailla y la rumba, de la Jurado, de Carmen Sevilla, de Marifé de Triana. No queda nadie de la copla que no salga esta noche a cantar: La Jurado tiene mucha voz pero no tiene sentimiento, La Pantoja mucho sentimiento, pero sin voz. Hay comparaciones entre Serrat y Raphael, como en los viejo tiempos. Salen tambien Chiquetete y el Pantojas y concluyen, ya avezados y convencidos, que cada uno ha dado, sobre este tema, con un experto que le gusta tanto como al otro estas aventuras. En el ambiente, suena una música de cine, parece que ponen bandas sonoras famosas: Bailando bajo la lluvia, Un hombre y una mujer, El bueno, el feo y el malo... Gloria Lasso fue la Edi Piaff española, y la heredera de ambas, Paloma San Basilio. No muy convencido de lo que oigo, me pregunto ¿será otro libro? y no encuentro contestación, pero podría serlo... Salimos de la sala y atravesamos por el mercado Doré, por el pasaje... El mercado que está al lado del Cine tampoco tiene desperdicio: la interculturalidad, los puestos, otro libro... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;—¿También le inspira la calle?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¡Cómo no! Sígueme en la misma ruta: Atocha:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;" lang="ES-TRAD"&gt;El mundo fantástico: Sexi Show: chicas que se desnudan. Las miro... Dos chicas ponen el culo sobre la ventana del espectador y se van. Dos tipos: las que parecen alegres y las tristes. Las tristes no me gustan. Sobre las alegres se me ocurren historias y llamar en mi ayuda a Anäis Nin, o a ti misma ¿conoces Pájaros de Fuego? escribe lo que mejor te parezca, mezcla las historias con intrigas de espías, que según algunos fue lo que hizo la Nin durante la segunda guerra. En el salón algunas parejas que no entrar a ver el show pero curiosean especialmente los juguetes eróticos: consoladores, coños artificiales, muñecas, cremas... Se ríen mucho las señoras. En la tienda veo flores. Compro una. Luego te la regalo, la tengo en casa, a condición de que la huelas para mí... Son unas bragas rojas como la pasión... ¿Por cierto de qué color son las tuyas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;span style="font-size:100%;"&gt;        &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me quedo pensativa. Debe notárseme en la cara, he sentido como un latigazo en el cuerpo. No me esperaba la pregunta, aunque venía preparada para cualquier cosa. De Petronilo, se debe esperar todo. Sin embargo contesto:&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;—Blancas. Son blancas. Tengo poca imaginación para esas cosas.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-5520057010992122828?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/5520057010992122828/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=5520057010992122828&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/5520057010992122828'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/5520057010992122828'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/02/la-biblioteca-imposible-atrevimiento.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: ATREVIMIENTO'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-5101202906485664674</id><published>2008-02-06T19:21:00.000+01:00</published><updated>2008-02-06T19:32:18.428+01:00</updated><title type='text'>LA  BIBLIOTECA IMPOSIBLE IV PROYECTOS</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:78%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:78%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;— Pero si escribe ¿cuándo lo hace y dónde?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;— Escribo en los bares... Durante cinco o seis minutos, o quizá menos, en cualquier sitio y sobre una servilleta de papel, por ejemplo. ¿Debería adjuntarla como se hace con otros documentos en las actas? Mira aquí tengo una. Se titula&lt;b style=""&gt; "las notas de la servilleta" &lt;/b&gt;debajo una pregunta, para unir al tema del ¿soporte? Y a continuación sólo renglones, cada renglón una ida, que podría desembocar en una novela, cada línea me refiero. Imagina si no:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;El viejo Petronilo Marceliano Tardón saca una servilleta arrugada, doblada en cuatro o cinco trazos, con algunos garabatos a lápiz, la mancha con la cerveza que ya casi termina, y lee:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;Las piernas de mi vecina&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;: Se sienta frente a mí una señora treintañera Habla en inglés. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Y qué más?- Pregunto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;— No recuerdo nada más, seguro que cuando tomé esta nota permanecía más atento a las piernas de la señora que se sentaba frente a mí que a otra cosa. Me sucede ahora lo mismo, estoy más pendiente de tus piernas que de tus preguntas... Relaciono las piernas de aquella señora con su cara: las piernas se pierden sobre la silla..., no hay cara..., tú querida, puedes presumir de bonito rostro y espléndidas piernas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ignoro el comentario sobre mi físico y sigo preguntando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Por qué siempre me habla de lugares con gente, a ser posible muy llenos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;— Tan sencillo como lo anterior. ¿Te imaginas un sitio sin cerveza, sin vino, sin güisqui y sin cubalibres? ¿Sin ruido de vasos? Sería un sitio muerto. Te voy a contar una cosa. Te voy a poner en situación. Imagínate lo siguiente: Filmoteca. Cine Doré. Viene la misma gente de hace 25 años. Para no variar, en estos tiempos de comportamientos políticamente correctos, de globalización, hay una pareja que se besa con toda pasión, como aquellos perros que describe Cela en el Viaje a la Alcarria. En las mesas, los mismos: aquella incomunicación terrible, absolutamente invencible. Esas barreras que sólo se rompen sólo cuando se ha estudiado el bachillerato juntos o ya nada importa. Las mesas, ocupadas sólo por una persona en cada una, la gente dando vueltas alrededor, nadie se atreve a preguntar si puede compartir mesa y silla. Nadie pide compartir la conversación... ¿Hay algo más literario que eso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;— Efectivamente es literario lo que dices, pero ¿qué gente ves en la filmoteca, en esos bares que tu frecuentas y donde te inspiras?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:times new roman;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:130%;"  &gt;— En su mayoría hombres, varios de ellos con el pelo largo. Las mujeres todas acompañadas de besucones. Algunas mujeres, muy pocas, acuden solas, son mayores. Se me ocurren algunas cuestiones sobre las mujeres: No van porque no les interesa la cultura. Las que vienen, acompañan a hombres que dicen que les interesa el cine, pero yo lo dudo, creo que sólo les interesa "chercher la femme" . Las que vienen solas, pocas. Y lo definitivo: las mujeres que no vienen porque tienen que fregar... o mejor no vienen, simplemente, porque son listas y esto es aburrido. Los hombres, algunos, casi todos, por las conversaciones, se las dan de leídos y hay un buen número de gays. Hablan de las columnas de El País, o del artículo de fondo del ABC, aparentan conocer a todo el mundo. ¡Vaya calaña, ésta! Quizá sean ciertas esas relaciones de las que presumen, pero... Ignoro la película que ponen, ciertamente no hay entradas y por la cafetería atraviesa una enorme cola, como un camino de hormigas, de esta fauna difícil de encontrar en otros sitios.&lt;b style=""&gt; &lt;/b&gt;¡Qué lugar el Cine Doré! Cine emblemático de Madrid. Falta el libro en la biblioteca imposible, fácil de escribir, por otro lado. El libro de los &lt;b style=""&gt;Cines de Madrid&lt;/b&gt;, el &lt;b style=""&gt;Libro de los Cines de la Región&lt;/b&gt;, el &lt;b style=""&gt;Libro de los Cines de España.&lt;/b&gt; Tres nuevos libros. Sitio idóneo éste para la presentación. El método de investigación, sencillo: ¡mucha hemeroteca!…. El Colegio de Arquitectos, de cómplice, las productoras y distribuidoras de cine, también. Falta ese capítulo en la historia del cine. El de los videos lo dejamos para otros. O mejor lo complicamos con los productores: en honor a Gustavo Quintana, Payell, las películas de la transición, Emiliano Piedra, Emma Penella. Te propongo este tema para otro proyecto. ¡Ojo al negocio! Todo un panorama, un libro cantado y de éxito... ¿Quieres que te cuente historias de este cine? Saldría otro libro...&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-5101202906485664674?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/5101202906485664674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=5101202906485664674&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/5101202906485664674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/5101202906485664674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/02/la-biblioteca-imposible-iv-proyectos.html' title='LA  BIBLIOTECA IMPOSIBLE IV PROYECTOS'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-1622695662594561585</id><published>2008-02-02T11:55:00.001+01:00</published><updated>2008-02-02T11:58:12.448+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE III</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Seguimos con "La  biblioteca imposible": Paula Marta Temprano continúa entrevistando al viejo Petronilo Marceliano Tardón...&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Propóngame un libro fragmentario&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Se me antoja muy fácil uno. Echa cuentas: cien años, a cien renglones cada año, mil renglones; dividido entre treinta que caven en cada página, dan unas cuarenta páginas. Un cuento largo, no da para una novela corta; habría que pensar qué tema tocar... Vuelve la duda, el juego de la imaginación. No es tanto escribir el libro como imaginarlo. Mi amiga Yolanda habla en su curriculum de los libros que tiene pensado escribir... Y esta sería otra buena idea para escribir un libro: &lt;b style=""&gt;los libros imaginados que hay en los libros imaginados nunca escritos por escritores imaginados por otros escritores, que nunca&lt;/b&gt; &lt;b style=""&gt;escribieron una línea... &lt;/b&gt;Ahí tienes el tema, casi borgiano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Proyectos, proyectos, pero usted no lleva ninguno a cabo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— ¡Deja de llamarme de usted! Soy viejo pero me gustas. ¿Quieres otra cerveza? Yo sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Pide dos cervezas más. Me mira a los ojos. La grabadora da vueltas y parpadea. El bar Don de Carlos comienza a poblarse de trabajadores que llegan a tomar café, copa y puro. Son casi las dos de la tarde. Se está bien aquí. Cuando ha bebido un buen trago de la segunda cerveza, continúa sin que yo le pregunte. Acciona con las manos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— Una cereza, según la imagen ya gastada, viene enganchada a otra y se me ocurren los diversos proyectos redactados y los que quedan por redactar. No es necesario realizarlos, son proyectos que cuentan, se imaginan, tal vez se sueñan... Tambien hay proyectos de encargo, tan absurdos como la propia vida... En cierta ocasión oí que no eran importante los proyectos, sino el llevar a cabo uno solo... Medianamente de acuerdo: un proyecto es buscar un trabajo, hasta que se encuentra el que te gusta... Después no se vuelve a buscar más... Un proyecto es buscar el amor, y a quien lo busca, pueden tildarle de casquivano, hasta que se enamora de verdad y es correspondido... No vuelve a buscar más..., por un tiempo. ¿No se harán más proyecto cuando encuentres el definitivo?... Lo dudo. Siempre habrá otra esperanza, otra ilusión más allá. Hace muchos años leí en algún sitio: "¿Qué habrá de tras de aquella montaña?" Preguntaba uno de los personajes, y otro contesta: "No lo dudes, un valle y otra montaña... que también querrás escalar"... Es casi imposible que un proyecto coincida totalmente con su desarrollo, pero puede servir de motor a otros proyectos que poco tengan que ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;— ¿Por qué no desarrolla todo esto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;—¡La puesta en situación! ¡Mira que es difícil! Siempre hay una buena excusa para no escribir. Tampoco te facilita nadie la tarea. El dejarte solo es un milagro, una ofensa para todos, sólo pensar que necesitas la soledad: ¿pues qué vas a hacer? ¿tanto te molestamos? Las contestaciones son poco aconsejables. No quiero hacer nada, sólo mirar a las musarañas, pensar y contarme historias, cuentos, y reflexiones que irán a parar a la biblioteca imposible, o bien, si entendemos que la imaginación en sí puede ser un soporte, descansarán en la biblioteca imaginaria. Allí esperarán el diccionario imaginario y serán anotadas en libros de registro imaginarios, tendrán sus números y sus siglas en el lomo, ocuparán un trozo de anaquel en la imaginación... No molestas, pero ¿cómo explicarte que necesito estar solo? que aunque estés en silencio, sin hacer ningún ruido, ningún movimiento... ¡nada!, sólo saber- ¡qué saber, sospechar!- de tu presencia, me intimida... tengo la sensación, imposible, en efecto, pero real también, de que tu me ves los pensamientos tan claros como los veo yo, y no quiero que me sorprendas en las dudas, en las vacilaciones, en las carreras contrarreloj de mí contra mí mismo... y eso intimida-¡Intimida, intimida mucho! Impide que nazcan las historias, ya sean sólo imaginarias, historias apenas prendidas de la imaginación, historias no nacidas ¿son esto historias? Pero podrían serlo... Ese es el dilema: ¿cuántas historias no han nacido por la simple intimidación? ¡Mira si es difícil escribir! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-1622695662594561585?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/1622695662594561585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=1622695662594561585&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1622695662594561585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/1622695662594561585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/02/la-biblioteca-imposible-iii.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE III'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2282342575260178350</id><published>2008-01-29T11:51:00.000+01:00</published><updated>2008-01-29T11:52:00.770+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE I</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-right: 49.6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;PEDRO M. TALAVÁN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando conocí a Petronilo Marceliano Tardón, me felicitó por estudiar periodismo. Me contó no sé cuantos proyectos y me ofreció mil ideas sobre gloriosos y espectaculares reportajes para la radio y televisión, para revistas y diarios. Era una tarde fría de invierno en un café del centro de Madrid. Bebimos cerveza, mucha cerveza. Pensé que Tardón había de ser un gran escritor. Busqué sus libros en la Biblioteca Nacional y no hallé nada. A lo largo de mi carrera he coincidido con él en distintos saraos: presentaciones de libros, exposiciones, charlas de café. Siempre lo he visto en tascas, tabernas y terrazas con un vaso en la mano, una libreta en el bolsillo y mucho humo alrededor. Cada vez más viejo: el pelo blanco, encorvado, los ojos relucientes, mal vestido Se le ha ido agriando el carácter y la sonrisa eterna, un tanto ingenua, se ha transformado en una cierta actitud de enfado permanente que le conduce a no dejar títere con cabeza: un cascarrabias. Por eso, cuando Prudencio Manuel Tirado me habló de que Tal &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; font-family: Symbol;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;Ö&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;ez, pudiera editar libros sobre bebedores, me acordé de él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;Algunos textos son apuntes de P.M.T. recopilados por Paula Marta Temprano quien apenas pone las preguntas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Localicé a P.M.T.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;en un bar que sabía frecuentaba. Lo cité Don de Carlos, un bar cerca de su casa en Velilla de San Antonio. Se presentó. Pedimos cerveza. Me miró de arriba abajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;—Esta muy guapa- dijo y me largó el anterior poema de Bukowski -. Toma y apréndelo. Lo he bajado de Internet, yo creo que puede serte útil. Donde pone mujeres, lee hombres, pero es lo mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Lo he copiado como me lo entregó así como copiaré también las respuestas &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;dadas a mi magnetófono y otros retazos de sus libretas. Es toda su obra. De momento, no hago caso a lo escrito y pongo en marcha mi batería de preguntas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Usted ha escrito mucho pero ha publicado poco- &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;comencé dando por sentado que me contaría proyectos y posibilidades pero pocas realizaciones&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Yo no soy escritor, querida, soy imaginador... Una cuestión de soportes...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Cómo sostener las ideas, los proyectos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Son preguntas cuyas respuestas, en ocasiones resultan ñoñas, pero que hay que formularlas. Las ideas existen, pero ¿dónde se alojan?, ¿cómo florecen?, ¿dónde se plasman? Cabe situarse en el centro del camino, en cualquier momento, en todo momento, en cualquier lugar, en todo lugar, puedes situarte en el centro del camino y mirar hacia atrás, hacia adelante, y al rededor. Hacia atrás, la historia ilumina o enfría, quizá las dos cosas a la vez, ¿enturbia también?, ¿cambia?, las diversas ideas que existieron... Pero las ideas que nos han llegado lo han hecho prendidas en algún soporte, nunca son del todo ideas puras, siempre mixtas y transportadas en mixto. Más que ideas son informaciones que nos llegaron... ¿Cuántas quedaron atrás por no encontrar soporte? ¿Existieron o no existieron las ideas que no nos llegaron? Y no queda más remedio que contestarse: en la arena escribí tu nombre... El soporte débil y leve como el ser.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Sigue usted soñando, imaginando historias?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Esta misma mañana se me ha ocurrido la posibilidad de escribir un libro fragmentario. Un libro de retazos, como es la vida. Del libro sólo existe el título, lo demás habría que inventarlo, revivirlo o simplemente copiarlo: &lt;b style=""&gt;"Hoteles, pensiones y otros alojamientos..."&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Cómo se le ocurrió eso y por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Muy sencillo. El tema: relacionar los sitios donde cada uno haya dado con sus huesos. La idea del continuo cambio se aloja en las mismas bases de todo ser humano. Es la necesidad de mudar de casa por angustia, por placer, no siempre por propia voluntad, por opciones radicales, en ocasiones, por condicionantes menores y mayores... El cambio apareja en todo caso el abandono de un lugar y la búsqueda de otro. El eterno viaje a Itaca. Importa más el camino que la propia meta. "La noche y la carretera, se han hecho para huir"... canta Miguel Ríos, tal vez lleve razón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Y lo de fraccionario?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— El regalo que Günter Grass hizo a sus doce nietos al comienzo del final del milenio- la relatividad del tiempo- cien historias del abuelo, una por año, a lo largo de un siglo, responde a un libro fragmentario compuesto de estampas y viñetas, que presenta un mosaico generacional. Y a vueltas con los fragmentos no puedo por menos que pensar en una cuestión fundamental. Los fragmentos siempre han de pertenecer a un todo, por eso son fragmentos, de lo contrario el todo lo sería el propio fragmento. Otra dificultad: la organización de los fragmentos. Hay múltiples formas de organizar los fragmentos. Cada una de ellas encuentra su lógica y cada uno de nosotros podemos dar nuestra propia lógica para organizar ese todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— ¿Por qué le llaman la atención los fragmentos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;— Hay muchos escritores con afán universalista: sólo algunos títulos modernos, pero se podía igualmente buscar en cualquier época: &lt;b style=""&gt;Todas las almas,&lt;/b&gt; Javier Marías, &lt;b style=""&gt;Todos los nombres&lt;/b&gt; José Saramago, sin entrar en las grandes enciclopedias y diccionarios de todo tipo y títulos... El universalismo, el quererlo abarcar todo parece coherente con la intención de escribir, con la intención de crear... ¿Cuantos cuadros hay con el título de Dios Creador? ¿No es eso la síntesis de lo universal? Si describo a Dios que lo creó todo, pinto a Dios y lo pinto todo. Saramago se propone en &lt;b style=""&gt;El Evangelio según Jesucristo,&lt;/b&gt; un salto definitivo: Jesucristo no necesita de exégetas, el mismo Cristo es su propio biógrafo y quien expone su pensamiento, una visión que, procediendo de Saramago, no deja de resultar iconoclasta y, sobre todo, totalizadora... Pero claro, esa universalidad siempre es mentira. Siempre quedan cosas atrás, por eso opto por los fragmentos...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2282342575260178350?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2282342575260178350/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2282342575260178350&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2282342575260178350'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2282342575260178350'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/01/la-biblioteca-imposible-i.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE I'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2065904751854284588</id><published>2008-01-17T12:35:00.000+01:00</published><updated>2008-01-17T12:41:11.088+01:00</updated><title type='text'>LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: PRESENTACIÓN</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:18;"&gt;NOTA DEL EDITOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:18;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La Editorial " &lt;b style=""&gt;Tal &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=";font-family:Symbol;font-size:14;"  lang="ES-TRAD" &gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;Vez&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;", nació el uno de enero de 2001, por la tarde. Don de Carlos se juntaron en la tranquilidad vespertina del resacoso día, el propio don Carlos a la barra, José Manuel García al anís y este editor al güisqui y hablamos de proyectos: Don Carlos quiere trasladar su negocio a León; de libros: José Manuel sigue escribiendo greguerías; de la dificultad de editar; y de las múltiples ilusiones que se acumulan a lo largo de la vida. En menos que canta un gallo montamos un nuevo proyecto: venderíamos libros y copas. Nos fijamos una fecha para comenzar las actividades y, después de una segunda copa, nos pusimos a trabajar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los textos de José Manuel ya habían sido producidos. Faltaban otros. Para ello este editor buscó a una joven periodista, tan joven como la editorial. Paula Marta Temprano. Muchacha recién salida de la facultad. Ella misma propuso el tema: una entrevista con un escritor que no había publicado nada porque nunca había terminado nada, pero que siempre andaba metido en diez mil proyectos. A ello se añadía que frecuentaba las barras de los bares y se inspiraba en las tabernas. Al editor le pareció de perlas el personaje. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Faltaban dos cuestiones más: el espaldarazo de un escritor clásico que se pareciera a los que aparecieran en la primera entrega y saltó Bwkonsqui. También faltaba un prologuísta conocedor de los escritores, del patrocinador de la editorial y amigo de Don Carlos. Este era Miguel Ángel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"  style="font-size:14;"&gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El resultado es el que tienes entre manos, desocupado y alegre lector.&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2065904751854284588?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2065904751854284588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2065904751854284588&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2065904751854284588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2065904751854284588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2008/01/presentacin.html' title='LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE: PRESENTACIÓN'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6833513339453544488</id><published>2007-12-18T22:55:00.000+01:00</published><updated>2007-12-18T22:57:12.068+01:00</updated><title type='text'>COMO SER UN GRAN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 18pt;"&gt;COMO SER UN GRAN ESCRITOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Charles &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Bukowski&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Tenés que cogerte a muchas mujeres &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;bellas mujeres &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y escribir unos pocos poemas de amor decentes &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y no te preocupes por la edad &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y/o los nuevos talentos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Sólo tomá más cerveza más y más cerveza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Andá al hipódromo por lo menos una vez &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;a la semana &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y ganá &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;si es posible. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Aprender a ganar es difícil, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;cualquier boludo puede ser un buen perdedor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Y no olvides tu Brahms, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;tu Bach y tu &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;cerveza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;No te exijas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;dormí hasta el mediodía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Evitá las tarjetas de crédito &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;o pagar cualquier cosa en término. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Acordáte de que no hay un pedazo de culo &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;en este mundo que valga más de 50 dólares &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;(en 1977). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Y si tenés capacidad de amar &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;amáte a vos mismo primero &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;pero siempre sé consciente de la posibilidad de &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;la total derrota &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;ya sea por buenas o malas razones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;una mala cosa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Quedáte afuera de las iglesias y los bares y los museos &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y como las araña sé &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;paciente, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;el tiempo es la cruz de todos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;más &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;el exilio &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;la derrota &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;la traición &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Toda esa basura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Quedáte con la cerveza &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;La cerveza es continua sangre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Una amante continua. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;agarrá una buena máquina de escribir &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y mientras los pasos van y vienen &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;más allá de tu ventana &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;dale duro a esa cosa,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;dale duro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Hacé de eso una pelea de peso pesado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Hacé como el toro en la primer embestida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Y recordá a los perros viejos, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;que pelearon tan bien: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;como te está pasando a vos ahora, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;sin mujeres &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;sin comida &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;sin esperanza... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Entonces no estás listo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;Tomá más cerveza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;hay tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;y si no hay &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;está bien &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;igual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6833513339453544488?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6833513339453544488/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6833513339453544488&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6833513339453544488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6833513339453544488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/12/como-ser-un-gran-escritor.html' title='COMO SER UN GRAN ESCRITOR'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6211058406259060583</id><published>2007-12-08T19:38:00.000+01:00</published><updated>2007-12-08T19:54:06.855+01:00</updated><title type='text'>"OPERACIÓN  BALALAIKA" CAPÍTULO XV Y ÚLTIMO</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 0, 0);"&gt;Si os portáis bien y opináis sobre la novela, os prometo colgar -me reservo por donde- la primera aparición de Paula Marta Temprano:&lt;br /&gt;"La biblioteca imposible".&lt;br /&gt;Y&lt;br /&gt;  ahora&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;OPERACIÓN BALALAIKA: EL DESENLACE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 15&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Comenzaba septiembre. Fue Paula Marta quien llamó a Tardón. Ahora en Velilla disponía de teléfono. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Paso a visitarte mañana por la tarde – anunció la periodista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Aquí te espero – contestó Petronilo y añadió-: ¿por qué no llamas a Palmira Márquez y nos vemos los tres?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Nos quieres a las dos juntas, eres un pillín!-rió Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡No, mujer! Lo que quiero es enterarme del final de la historia del mes de julio. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Mañana te la cuento, pero si quieres llamo a la Bailarina.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;--Sí, sí. Llámala.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A la mañana siguiente, como cada día, Petronilo Marceliano Tardón compró el periódico. En primera plana, aunque no la más destacada, venía la detención de varios componentes de una banda que actuaba por toda España y cuya casa central se encontraba en Torrejón de Ardoz. La noticia no aclaraba mucho más. Señalaba las iniciales de los cinco detenidos, tres hombres y dos mujeres todos ellos procedentes de los países del este. No daba más detalles. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sobre las siete y media de la tarde llegaba Paula Marta a Velilla. Ya no hacía tanto calor como durante los meses de julio y agosto, pero aún reinaba el verano. Llamó por teléfono a Tardón cuando aparcó el coche. No hubiera sido necesario porque ella disponía de las llaves del piso de la calle Rafael Alberti desde que lo entrevistó por primera vez, hacía ya cinco años. Lo llamó para comprobar si la esperaba. Un escueto “¡sube!” imperativo y amable al mismo tiempo fue la respuesta. Tomó el ascensor. La puerta aparecía entornada. Entró sin llamar. En un ambiente sombreado, las persianas medio bajadas permitían una luz natural pero escasa, Tardón leía relajadamente un periódico. La mesa del escritorio desbordada papeles y atiborrada de libros escasamente dejaba asomar la pantalla del ordenador.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Hola, buenas, estoy aquíi! –canturreó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bienvenida- contestó escuetamente Petronilo Marceliano. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Estás enfadado o estás enfermo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ninguna de las dos cosas, por fortuna –enfatizó Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues dame un beso por lo menos. Salúdame.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No sé yo. La última vez que besé a una mujer a solas me costó una condena de arresto domiciliario y chichón en la cabeza.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ven acá, yo no soy de esas con las que tú te juntas. Yo quiero darte un beso y nada más.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta se acercó a Tardón le quitó el periódico de las manos y, abrazándole, le plantó dos besos, uno en cada mejilla. Se quedó sentada en el brazo del sillón con una mano por encima de los hombros del hombre. Tardón la miró a los ojos. Paula Marta iluminaba su alegre cara con unos ojos guasones. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Hoy te habrás lucido! – cambió la conversación Petronilo, ahora sí, con una sonrisa en los labios.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Por qué? - preguntó perpleja Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Por la detención de esta banda en Torrejón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Por eso? Ya no trabajo en el Tribuna de Alcalá.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Desde cuando?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--El próximo lunes comienzo a trabajar en otra empresa. Voy de directora de varias publicaciones. Por eso he venido a verte porque me despedí hace unos días y me tomé unas vacaciones. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Joder cómo asciendes! ¡Especifícame eso!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ni yo misma lo sé – tornó el semblante Paula Marta, mientras se levantaba del brazo del sillón y se colocaba frente a Petronilo-. Un día me invitaron a comer en un restaurante del barrio de Salamanca y me propusieron el cargo. Me pagan mejor que en el Tribuna y dispongo de los fines de semana libres. ¡Además ya son diez años en el mismo periódico, necesitaba cambiar de aires!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero tú harías algún movimiento, mandarías tu cuirriculum, alguna cosa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No, fue más sencillo todavía. Cuando el asunto aquel tuyo, mantuve una larga conversación de principios con el Director y el Consejero Delegado del periódico. Me jodía no poder contar lo que había sucedido porque me parecía aceptar un chantaje. No obstante me convencieron: la petición de no publicar nada no sólo venía de los colegas de la Bailarina, sino que además el comisario de policía de Alcalá recomendaba muy seriamente que para facilitarles el trabajo a ellos retuviéramos la información todo el tiempo que pudiéramos. Yo juzgaba que publicar el intento de chantaje sería primera página en todos los periódicos, pero se optó, y yo no tuve más remedio que aceptar, por la solución del silencio. Eso me creó cierto mal estar. Y en esos días llegó la oferta de este trabajo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero tú sigues en relaciones con el Consejero Delegado o no?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿De ligue, dices? Bueno, ahí andamos, pero nada definitivo. Nos llevamos bien y de vez en cuando nos vemos...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿No ha intervenido él en que encuentres este nuevo trabajo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No lo sé. Yo creo que no, porque cuando hace una semana, el viernes al medio día, le dije al Director que al cierre terminaba mi contrato con ellos, llamó al Consejero Delegado y, entre los dos, además de echarme la bronca del siglo por despedirme así, me rogaron una y otra vez que nos les dejara. Incluso me ofrecieron más dinero, pero a mi me apetece la dirección de estas publicaciones y librar los fines de semana.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya me contarás como te va en el nuevo curro, pero los motivos del cambio yo las buscaría en la casa...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Acaso sea como tú dices. ¡Cualquiera sabe..., pero yo estoy contenta!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sonaba el móvil de Paula Marta de manera insistente como hacen estos aparatos. Tonos “in crecendo”.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Hola Palmira! Sí claro, estoy en casa de Petronilo. ¿Vas a venir?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya... – tapando el teléfono Paula Marta comenta a Petronilo quién llama.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Es una lástima que no vengas. Habría cosas que contarte y que tú nos contaras a nosotros.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No. Ya no trabajo en el Tribuna y las publicaciones a las que voy son específicas: viajes y aventuras.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, pues tal vez te fiche como corresponsal. ¿Quieres saludar a Petronilo? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Te lo paso. Toma. Es Palmira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Petronilo coge el teléfono que le ofrece la periodista. Escucha.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Que te vas a Ámsterdam a dar clases de canto a una escuela de jazz? ¿Pues tu especialidad no es la música barroca?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y qué quieres enlazar la música selecta del barroco con los movimientos literarios de las vanguardias, con el cubismo y la música emergente? Eso ya lo ha hecho Lousier con Bach y lo intentan algunos coros de Alcalá.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--O sea, te has ligado a Miguel Rodríguez, el pianista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, chica, es una pena. Quería invitaros a cenar para aclarar algunas cosas. Nada más que eso. Que te vaya muy bien. Te paso con Paula Marta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las dos mujeres se despidieron y se disculparon la una con la otra. Cuando apagó el teléfono la periodista, Petronilo la invitó a bajar al Copacabana, un bar brasileiro que habían abierto recientemente.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Cómo hablas con ésta después del número del secuestro? – preguntó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Yo qué sé si hubo secuestro o encoñamiento!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Te acostaste con ella! –afirmó taxativa Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No lo sé –abrió las manos y bajó la cabeza Tardón-. Puso música, bebimos güisqui y perdí el control. Eso es todo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y lo de aparecer en la glorieta de Bilbao?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Tampoco lo sé. Cesar paró junto a mí. Me invitó a subir a su coche. Yo me dormí y desperté en la habitación de una casa donde Palmira Márquez me llevó un café muy cargado y muy bien hecho. No sé más. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llegaron al Copacabana cuando Cesar consumía un gin tonic. Ninguno se extrañó por el encuentro. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Vaya, dos escritores juntos!- saludó Cesar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Y un chantajeador!-arremetió Paula Marta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Mujer, tanto como eso...! –replicó César.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues ya me contarás como se llama a la faena de Atocha de hace dos meses...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Salvar tu pellejo y el de aquí el amigo Petronilo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Nos tienes que contar eso con pormenores –intervino PM Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Con detalle? ¿Y vosotros que leéis todos los periódicos me pedís detalles? ¡Oye Juan!, –llamó César al camarero, un muchacho rubio oculto tras la pantalla de un portátil- ¿Tienes por ahí el periódico de hoy?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En la esquina -César abrió El País y mostró un titular de la segunda página que decía: “Caracas compra armamento a Bielorrusia por 720 millones de euros.” – Y ayer venía la noticia de la desarticulación de una banda con sede en Torrejón de Ardoz que se dedicaba a la trata de blancas y a la venta de Kaláshnikov. No teníais ni idea a donde os metíais. Eso es lo que había detrás.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y mi golpe en la cabeza? ¿Y mi regreso en casa de Palmira MT?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--A ti te gusta el güisqui y el jazz y el perfume de las señoras ¿verdad?, pues ¡cuidado bajo qué sábanas te metes! A ti nadie te dio en la cabeza, te caíste tú solo entre las medias de seda.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y la pistola que PMT llevaba en el bolso?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Su herramienta de trabajo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué quiere decir eso? –pregunto Paula MT- PM Tierno, que yo sepa se dedica a cantar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Y canta muy bien y en muchos escenarios. Más de los que tú puedas imaginar. Canta hasta para los rusos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Me he perdido! ¡No entiendo nada! – saltó P Marceliano T.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Te lo resumo: Una red de gente del este se dedica a vender armas. Vende armas a bandas y a países. El sistema es sencillo. Salen las armas de Bielorrusia a Letonia donde embarcan. Aquí se hacen los tratos. Las armas duermen en Latinoamérica: armas por petróleo en Venezuela, por ejemplo, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;y al cabo de unos años aparecen en África o donde se puedan vender. La misma red provee de mujeres rubias a los clubs de carretera. Esta actividad sirve de tapadera al negocio mayor, y si es necesario también se importan drogas por el camino inverso al de las armas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y lo de la inscripción en cirílico? –pregunta PMT.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Jugar al despiste. Lo importante eran las fotografías del club de jazz, porque aquella noche concurría allí lo más granado: espías venezolanos, espías bielorrusas, periodistas, músicos e intelectuales. No había nadie que no estuviera implicado en algo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero qué eran servicios secretos o mafias?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero existen diferencias?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y tú a qué te dedicas?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Me gano la vida cada día.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Y yo sin escribir el reportaje...!- se dolió Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Pues ahí lo tienes!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Velilla, 24 de julio de 2007.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6211058406259060583?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6211058406259060583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6211058406259060583&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6211058406259060583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6211058406259060583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/12/operacin-balalaika-captulo-xv-y-ltimo.html' title='&quot;OPERACIÓN  BALALAIKA&quot; CAPÍTULO XV Y ÚLTIMO'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-9216832012368614321</id><published>2007-12-06T15:01:00.000+01:00</published><updated>2007-12-06T15:03:14.272+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO XIV</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 14&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;A mediados de agosto, cuando se concretaba la fecha de regreso de los niños, todos los padres de acogida habían comprado grandes maletas de regalos para sus respectivos adoptados. Además, Víctor Fernández, se había encargado de organizar una campaña entre comerciantes y entidades culturales y las administraciones locales con el fin de conseguir material escolar para los colegios a los que acudían los niños. El cargamento se acumulaba en unos almacenes que prestó alguien en Villarejo de Salvanés. De allí partiría la expedición.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El éxito de la abundante cosecha también debía mucho a el Tribuna de Alcalá. Una jovencísima becaria se había encargado de escribir diversos reportajes sobre la opinión de los niños, donde se recogía lo bien que se lo pasaron entre los padres de acogida y sus nuevos hermanos, las carencias que sufrían en su tierra y la diferencia de clima y costumbres. Los padres de acogida alababan el excelente comportamiento de los acogidos y los motivos por los cuales ellos se habían comprometido. Abundaba la solidaridad con otros pueblos necesitados y los que lo habían hecho por caridad cristiana. El Tribuna de Alcalá también había entrevistado a Emma como monitora y encargada del buen desarrollo de la operación, quien había destacado la ayuda de todos los padrinos, de las instituciones y el buen ambiente que se había vivido en los tres años consecutivos que había traído niños a España. Todo con abundantes fotografías donde no faltaba ninguno de los implicados. Además de prestar voz a los protagonistas, el periódico había publicado un editorial y una serie de columnas sobre el tema. Todos los colaboradores de opinión habían hablado del evento, cada uno desde su particular punto de vista. Los niños, por gentileza del diario, llevaban en sus recién estrenadas mochilas dos ejemplares de cada uno de los números.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se planteaba un problema de logística: todo lo recaudado no cabía en la bodega de un solo autobús y los fondos de la asociación no daban para más. Se pidió una derrama entre los padres de acogida, familiares y amigos. Gracias al esfuerzo de todos y la generosidad de la empresa de autobuses Sabroso Fraile que corría con el transporte, la dificultad se salvó de manera satisfactoria.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Por último se programó que alguien de los implicados custodiara uno de los autobuses porque en el otro viajaría Emma. Se barajaron nombres. Incluso se llegó a decir que fuera la autora de los reportajes de el Tribuna de Alcalá, y se decidió que Víctor Fernández cumplía todas las condiciones. Además, por invitación expresa de la Universidad de Minks, gracias a los buenos oficios de Emma, se le invitaba a dar una conferencia en el aula magna. Víctor Fernández aceptó el reto encantado. El viaje de vuelta se lo pagaba él de su bolsillo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;i style=""&gt;¡Y tuvo que ser la última noche cuando se enteró de todo! Durante las horas de vuelo desde Minsk hasta Ámsterdam, Víctor Fernández recompuso minuciosamente todos los detalles sin que faltara el inédito que Igor le había confiado para entregar a Adela de los Montes, secretaria de la asociación que se encargaba de reclutar y colocar a los niños de acogida. Fue así de sencillo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--Hemos fracasado en todo –se quejó Emma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--“A ti y a mí nos gusta el verbo fracasar.” Canta Sabina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--Inés murió hace un mes –murmuró casi quejándose Emma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¿Y tú por qué lo sabes? –preguntó Víctor Fernández.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--Porque yo lo provoqué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¿Que tú provocaste &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la muerte de Inés?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;-- Tenía que hacerlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¡¡¿Que tuviste que provocar la muerte de una persona?!!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¡Claro que tuve que hacerlo! ¡Si no colaboro no me dejan salir, ni trabajar y posiblemente hubiera acabado en la cárcel como Igor! ¿Cómo crees tú que funcionan las cosas? ¡No vayas de inocente! Pero no me siento culpable. Ahora lo único que deseo es volver a irme para contar toda la verdad, pero eso no interesa a nadie y tendré muchas dificultades para salir otra vez de mi país. Se acabaron las acogidas para mi. ¿O tú crees que Europa se va a quedar sin gas por la muerte de una mujer bielorrusa? ¡Tú serías el primero en no entenderlo! ¿Por qué te crees que no se investigó a fondo la muerte de Inés? Enseguida se acabaron las sospechas. Una rusa muerta, sería una puta, un ajuste de cuentas entre bandas del Este. Seguramente alguien muy cercano al grupo sabía mucho más de lo que aparentaba, pero estos asuntos son así. Nadie intenta averiguar nada porque a nadie le interesan. Yo soy otra víctima, aunque nunca me podré perdonar que Inés muriera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¿Y cómo quieres que te crea?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--De ninguna manera. Me da lo mismo que me creas o no. Te he contado la verdad. Mi verdad. El resto te lo dejo a ti y a tus habilidades. Y ten cuidado ahí fuera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--Parece un consejo de serie de televisión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--En adelante, colaboras y entregas el manuscrito de Igor donde te han dicho o seguirás el mismo camino que Inés. Esto no es un juego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¿Pero qué hacía Inés, qué sabia Inés?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--No lo sé, ni lo quiero saber y tú no te lo preguntes, si quieres guardar el pellejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--¿Me amenazas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;--No. Tu vida está en peligro porque esta es la típica manera del antiguo KGB de solucionar un problema: matando al testigo... Te aviso, porque siempre recordaré momentos felices junto a ti...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor apartó la vista de la cara de Emma. Las sábanas de la cama cubrían levemente los cuerpos de los dos amantes. Llegaba el momento de la despedida. La amarga despedida, el fuerte sabor del vodca de patata. Los días de sol y música terminaban así en una desangelada habitación de un hotel de medio pelo en una ciudad triste. Le quedaban apenas dos horas en Minsk. Subiría al avión y olvidaría -¿olvidaría?- aquella pesadilla que había comenzado como un triunfo: el representante de los bienhechores trayendo juguetes para los niños pobres o el compañero solidario capaz de ayudar a los pueblos deprimidos. Ellos lo habían recibido así, como el hombre bueno que aporta lo que tiene y a cambio, ellos le aportan lo que él desea: conferencias en la universidad, conversación con catedráticos, agasajos, presidencias honoríficas de comités, nombres españoles a salas de clases, fotografías, entrevista en los periódicos, aparición en la televisión de la ciudad, parafernalia y juegos florales. Y hasta contacto con los disidentes. Discretos ciertamente, pero tolerados con apariencia de clandestinos: el profesor que se aparta de la manada y le cuenta su historia: “está represaliado, dice, porque no tolera la falta de discusión ya sea académica o social. Su postura crítica, nada popular, nada de movimientos de masas, le ha conducido al ostracismo. Sus libros no se publican, le permiten impartir pocas clases, sólo dirigir alguna tesis y, por supuesto, de ninguna manera le consienten dictar conferencias. Saben quienes son los alumnos que le visitan o hablan con él. Y ahora le acusan de vender exámenes. La única actividad que le admitían, la de preparar en clases particulares a los alumnos que aspiraban ingresar en la universidad. ¡Claro que tenía contacto con otros profesores!, ¡claro que les pidió dinero por la preparación de las pruebas!, ¡claro que las cuestiones que les planteaba en la simulación de los exámenes se parecían mucho a las que les exigían en el entrada a la universidad! ¡Pero eso también lo hacían otros! ¿Y de qué vivía su familia, si no? Le habían llevado a la cárcel acusándole de vender las pruebas, pero no era cierto. Le habían llevado a la cárcel por discrepar del sistema. Por eso le rogaba que, si no resultaba muy oneroso, llevara su manuscrito a la dirección que le señalaba. Él y el pueblo bielorruso le estarían muy agradecidos” Y él aceptó el encargo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Emma abandonó la cama. Fue hacia el cuarto de baño. Mientras se duchaba repasaba acontecimientos y soñaba futuros. Futuros inciertos, imperfecto. Ahora entendía el modo verbal en su justo significado. Había cumplido su cometido. Le remordía la conciencia por la muerte de su compañera Inés, pero ¿le quedaba otra forma de actuar? Con el aviso a Víctor deseaba tranquilizar su conciencia, pero no podría afirmar que el destino de su amante de aquella tarde y de otras noches en otros hoteles, no corriera parejo al de su amiga Inés. Aún había más: la muerte por cáncer de aquella otra maestra en Bilbao, quizá podría haberse evitado si ella no le hubiera confiado algún secreto. Su ex marido, padre de su hijo también se había perdido. El vozca lo acodaba inconsciente en la plaza. Su hijo había marchado a Italia. Tal vez no volviera a verlo. Sería lo mejor para él. La única manera de sobrevivir consistía en mantener su puesto de subdirectora en el colegio y seguir obedeciendo. Cuando regresó, aún desnuda, Víctor permanecía en la cama con los ojos cerrados. Emma se vistió delante de Víctor de manera discreta pero impúdica. Volvería a desearla como la había deseado desde que se conocieron. Ella también le había deseado. Ahora llegaba el fin. No se atrevía a pensar que la manera oferente de vestirse representaba el deseo de otro abrazo, de más besos. A mediada que se asentaba la ropa vivía el frío de la piel. El adiós de caricias apasionadas pesaban tanto como la conciencia de una despedida sin retorno, de un deber, de una obligación contraída hacía años sin advertir entonces que ponía coto a su intimidad, que aquella felicitación de alumna sobresaliente había resultado una cadena perpetua atada a su conciencia. Había producido algunas muertes, inevitables, sin duda, pero ella no había sido el instrumento. Víctor no se movía. Ella había terminado de vestirse. Entendía el desprecio del amante y admiraba su capacidad para reprimir los sentimientos de engaño y miedo que ella debía provocarle en aquellos instantes. ¿Le daría un beso de despedida? Víctor no se movía. Permanecía con los ojos cerrados y las manos detrás de la nuca. Parecía dormir. Le besó levemente en los labios. Reaccionó al instante. Atrajo a la mujer sobre su pecho en un abrazo desesperado, con todas las fuerzas que le quedaban. Ella no hizo nada por separarse de los labios de él. Las manos se hundieron por huecos adecuado, óptimos para el arrobo, sin delicadeza. Algunos broches saltaron como el crepitar de la leña en el fuego, las manos llegaron hasta los pantalones ya sujetos con cinturón y hebilla, y las barreras resultaron inútiles y los botones danzaron rompiendo hebras, las cremalleras bajaron hiriendo dedos y carnes y las manos se perdían entre los pliegues primero soñados, después, gozados y ahora, minuto último de la batalla, temidos y amados, hasta que cualquier impedimento fue anulado en aquella fortaleza que no ofrecía resistencia sino que por el contrario deseaba el triunfo del enemigo... No había palabras. Sobraban las palabras. Si allí sobraba algo era la palabra. Se había empleado demasiado, ¡excesivas palabras! Ahora la saliva tomaba el protagonismo. Sólo tacto. Los ojos cerrados, mirando hacia dentro en un acto compartido, egoísta y vengador por ambas partes. Ni siquiera pensamiento. Ráfagas de recuerdos que se concretaban otra vez en el remolino de sed de venganza y aleluya final de una ceremonia concreta que había marcado todos los tiempos de los rituales humanos. Sobraban las palabras. Se perpetró el atentado suicida. Estalló la bomba. El eros y el tánatos de nuevo de la mano, como habían caminado a lo largo de toda la eternidad. No cabían explicaciones. No se necesitaban. Primer y único gesto gratuito, sin calibrar consecuencia, sin medir futuros porque ya no cabían. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Esta vez se levantó Víctor primero. Caminó hacia el baño. Cuando volvió Emma ya no estaba allí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-9216832012368614321?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/9216832012368614321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=9216832012368614321&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/9216832012368614321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/9216832012368614321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/12/operacin-balalaika-captulo-xiv.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO XIV'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3524550109509518325</id><published>2007-12-04T13:05:00.000+01:00</published><updated>2007-12-04T13:07:01.328+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO XIII</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 13&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Salieron de la Estación de Atocha a través del Metro. Joaquín había dejado el coche en las tapias del Retiro, frente al Observatorio Astronómico. Caminaron de prisa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ahí arriba hay un péndulo de Foucault –informó Joaquín a Paula Marta- pero es muy difícil de visitarlo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sitio de aventuras, como ya lo demostró Umberto Eco –respondió Paula Marta-. Pero para aventura las nuestras. ¿Has conseguido alguna fotografía de mi amigo César?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y lo dudas? ¿Has visto alguna vez que yo no haya conseguido la imagen que deseaba? – respondió ufano Joaquín.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Tienes en la cámara aún las imágenes que conseguiste en Segundo Jazz?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No. Las descargué en el ordenador de mi casa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues volando a Alcalá y me haces una copia en el pen drive y añades la de Cesar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué quieres hacer con ellas?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya te he contado ¿no?, me piden que no se publique ni una y quiero ver por qué.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Subieron al coche, un Fiat punto, negro, arrancaron por el paseo de Alfonso XII, hasta la plaza de la Independencia para empalmar con O`Donell y, por la R-3, hasta la M-45. A La Garena, donde vivía Joaquín, un paseo: veinte minutos. Las cuatro menos cuarto. A las cuatro Paula Marta disponía de una copia de las fotos, otra copia descansaba en el ordenador de Joaquín y una tercera se escondió en un disco que Joaquín prometió depositar en la Churrería Cibeles de la calle Hans Sevilla. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Llévame a la comisaría, y si no te llamo en una hora empiezas a distribuir fotos y decir que Tardón está secuestrado.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--De acuerdo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La Glorieta de La Fiat o de Fiesta, atascada como siempre, relentizó el viaje pero a las cuatro y media Paula Marta llamaba a la puerta del des pacho del comisario Paniagua. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Adelante! –se oyó la voz del comisario.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta entró mostrando su mejor sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Hola! deseaba verle a usted.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues aquí me tienes. Cuéntame.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Es una cuestión particular.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Dispara.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Verá: tengo unas fotos y avisos de que no las publique.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Tienes aquí las fotos?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--A verlas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta sacó su memoria USB y se la mostró al comisario.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Aquí están.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El comisario colocó el dispositivo en su ordenador y dejó que se abriera.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿No habrás pillado a algún mandamás en algún momento indiscreto? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo creo que no son de ningún mandamás. Son fotos bastante corrientes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Son estas del grupo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí y esa otra en la que yo estoy con un tío en un restaurante.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues las fotos no parecen que oculten nada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues ese tío que está conmigo en el restaurante, que dice que se llama Cesar, me ha dado a mí el tercer aviso. El primero se lo dieron a Joaquín en el Club Segundo Jazz, a Tardón, le dieron el segundo y a mi el tercero hace una hora y Tardón está secuestrado.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Por partes, por partes!- calmó el comisario Paniagua.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta relató detalladamente todo el asunto, incluyendo los reportajes sobre los niños de acogida. El comisario repasó las fotos una por una. Vio algo que le llamó la atención. No dijo nada, pero un gestó de los labios no pasó desapercibido para la periodista. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ah!, se me olvidaba –intervino de nuevo Paula Marta Temprano enseñando al policía la nota que le entregó Cesar- ¿Qué puede significar estas letras en cirílico?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues yo sé tanto ruso como tú. No tengo ni idea. Pero apúntate el teléfono y déjame la nota. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No. la nota no se la dejo. Es el salvoconducto para mi amigo Petronilo Marcelino Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hacemos una fotocopia, y no te preocupes por Tardón. Es perro viejo y escapa de todas las dentelladas. En cuanto a las fotos hay aquí una mujer que se parece mucho a una que ha aparecido muerta en el río Torote esta mañana. De esta muerte, lo que te han dicho: ni mencionarla. No sé si es la misma, pero tengo que comprobarlo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Quién es? -preguntó la periodista inclinándose hacia el ordenador.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ésta –señaló Paniagua a Rita.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ahí va, Rita, la bielorrusa exilada! Esa dio a Emma otra nota con un teléfono y unas palabras en cirílico, como la que me han dado a mí, según me contó Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Delante de quién te lo contó?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Estaba Palmira Márquez Tierno, la cantante a quien Tardón y yo llamamos La Bailarina y Joaquín Amestoy, el fotógrafo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y dices que Tardón está con la tal Palmira Márquez Tierno?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Eso me dijo él.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Esto se complica. Pero ya sabes: ni una palabra de la muerte, ni una foto de esta gente de la cogida de niños. ¡Nada! En cuanto a Tardón, no intentes entrar en contacto con él ni con Cesar ni con la cantante hasta que yo te llame. Y ahora te vas, que tengo mucha tarea... Copio tus fotos y te devuelvo tu chiriflú que es como llama una compañera de pádel a este aparatejo. Por cierto, ahí tienes un buen reportaje local: las pistas de pádel del Ayuntamiento son caras. No va nadie, por tanto las cerrarán. Después un empresario las querrá explotar. Las privatizarán y conseguido el objetivo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No está mal la idea. Lo tendré en cuenta – se despidió Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Abandonó la comisaría tan preocupada como curiosa por saber lo que pasaba y deseosa de escribir el gran reportaje de su vida. Sólo la retenía una cuestión: el paradero de Petronilo Marceliano. Por lo demás, pensaba en los apriorimos del oficio de periodista: una crónica se queda viaja a los cinco minutos, pero si no se ha escrito, ni existe siquiera: si se acaba el mundo que ya lo hayas anunciado y te pille con el periódico en la calle y tu crónica en primera. Tomó un café en un bar frente a la casa de la salud. Bajó por la calle Nueva hacia la calle Mayor, Plaza de Cervantes hacia se el periódico. Llegó a las siete menos cuarto, su hora de entrada. En la redacción había espíritu de trabajo. Cada cual, en su puesto. Joaquín Amestoy la miró interrogativo. Ella le miro a él comunicándole que todo seguía igual. Gerardo, el redactor Jefe, saludó con un simple hola. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta entró en la pecera. No llevaba cinco minutos, apenas el tiempo justo de escribir el título: “asunto Petronilo” cuando le avisaron de dirección. Acudió. En el despacho del director también se hallaba el Consejero Delegado. A Paula Marta se le tranquilizó el ánimo, con el Consejero existía ese filing especial que se crea en noches de vino y rosas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿En qué te has metido esta vez? – preguntó el director con una sonrisa cómplice.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues ya ves: que buscando arena he encontrado oro –y Paula Marta contó todo lo que sabía y les mostró las fotos. El director se quedó con una copia&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Se parece bastante a lo que ha contado el Comisario Paniagua –afirmó el Consejero Delegado- pero la orden sigue en pie. Ni una foto ni una información sobre lo sucedido ni sobre la muerta del Torote, que efectivamente es tu amiga de la foto.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡En qué berenjenales te metes! –rió el director-. ¡Y seguro que ya habías comenzado a escribir la crónica de lo sucedido!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Por supuesto! ¿Pero en qué berenjenal he entrado?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En una cacharrería que nosotros tampoco sabemos. Guarda todo lo que tengas para dentro de mes y medio o dos meses, a la vuelta de las vacaciones, puede que lo demos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Qué largo me lo fiáis!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Bien por Zorrilla! –exclamó el Consejero.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Me llamas zorrilla? – ironizó Paula Marta- ¡Ya te cogeré yo por banda!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los tres soltaron la carcajada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Por cierto – intervino el director- ya puedes encontrar a tu amigo Tardón. Llama a ese teléfono del mensaje en cirílico.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta abandonó el despacho de los jefes y volvió al suyo. Apuntó tres ideas sobre lo sucedido en el hueco del día y lo guardó. Comprobó lo que había en la carpeta de archivos compartidos. Comenzaban a llegar las informaciones. Repasó algunas de ellas y retocó un par de títulares. Marcó el teléfono que le había facilitado César. Sonó tres veces. A la cuarta oyó la voz de Palmira Márquez.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué tal está Petronilo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ya está bien del todo! –contestó la cantante al otro lado del teléfono-. ¡Es fuerte como un roble!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Seguro que ya lo has comprobado! – pinchó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡De todas las maneras posibles!- entró al toro Palmira Márquez&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- ¿Puedo hablar ahora mismo con nuestro amigo Petronilo Marceliano? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Sí, Sí, claro!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y verlo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡También ahora mismo!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ahora no puedo, pero si me lo mandas para Alcalá, te lo agradezco.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo lo acompaño hasta Coslada en metro. Paramos en la Rambla y nos vemos en un bar que se llama Xana, el dueño es Juan. Desde allí lo llevas tú hasta Velilla, donde él tiene su casa. ¿De acuerdo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--De acuerdo. ¿A qué hora llegareis?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo te llamo cuando salgamos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Vale. ¡Que no sea muy tarde! ¿Me lo puedes pasar ahora?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ahí lo tienes!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Paula Marta? –se oyó por el teléfono.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Hola Petronilo Marceliano! – exclamó la periodista- ¿Qué tal estás?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Bien, aquí con Palmira Márquez!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Me alegro. Dentro de un rato nos vemos. ¿De acuerdo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--De acuerdo. Más que bien, estoy eufórico. Aventuras como éstas son las que hacen buenos periodistas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Luego me lo cuentas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Venga!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta salió de la pecera e hizo una seña a Joaquín que trabajaba en su ordenador. Joaquín se dirigió al despacho de la jefa. Paula Marta le pidió que le acompañara auque esta vez viajarían en el coche de ella. La forma, la empleada en la cita de Atocha. Joaquín se mostró de acuerdo. Paula Marta habló por teléfono con el director. La llamada de Palmira se produjo a las ocho de la tarde.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3524550109509518325?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3524550109509518325/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3524550109509518325&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3524550109509518325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3524550109509518325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/12/operacin-balalaika-captulo-xiii.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO XIII'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-833989849845611083</id><published>2007-12-01T19:18:00.000+01:00</published><updated>2007-12-01T19:30:50.884+01:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XII</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt; text-align: center;"&gt;Capítulo 12 &lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta llegó el lunes a la redacción a las doce de la mañana. Los de deportes acudían al mismo tiempo. La reunión de planificación fue muy breve: el trabajo muy sencillo, cubiertos los partidos de fútbol, baloncesto y fútbol sala de las &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;distintas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;categorías, poco más había que hacer. Muchas fotos y pies, resultados y algunas entrevistas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;En cuanto a la política local y cultural no se presentaban grandes novedades. La política nacional e internacional la servían las agencias y las cuestiones más frívolas, aunque interesantes,-agenda, revista, reseñas- las cubría perfectamente Gerardo y sus becarias.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Una vez repartidas las tareas, Paula Marta llamó a Gerardo el Redactor&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Jefe. Paula Marta desde su silla de subdirectora le invitó a sentarse frente a ella. La mesa les separaba. La periodista quería marcar los distintos rangos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, Gerardo, ya puedes pensar a quien encomiendas los reportajes sobre los niños de acogida. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y las fuentes están disponibles? –dudó Gerardo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- Están –sentenció Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y los temas a tratar?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Eso no te corresponde a ti?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero ¿sabemos las entregas que vamos a ofrecer? ¿Las fechas?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Es que esto es un examen de reválida o qué? ¿Por qué me preguntas tantas cosas? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Porque no estoy convencido de que hayas atado todos los cabos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Y yo te digo que sí y no se hable más. Mañana me dices quien se va a encargar del contenido éste, que hable conmigo y que se ponga a trabajar. Urge. Hay un congreso aquí, en Alcalá, de una asociación de profesores de español en el extranjero &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;y allí encontrará material y fuentes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--El sitio más adecuado, sin duda.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Así es. De modos, que ya sabes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Lo que usted mande, señora subdirectora – se burló&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Gerardo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta no contestó. El teléfono sonaba y se lo puso al oído. Desde centralita le avisaban de que un señor&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que se decía su amigo, pero que no había facilitado el nombre, deseaba hablar con ella.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pásamelo –dijo Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Gerardo salió de la pecera haciendo un gesto con la mano que podía&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;significar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cualquier cosa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Paula Marta?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí soy yo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No me conoces, pero soy amigo de Tardón y me ha dicho que hable contigo, es sobre una muerte en Torrejón. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--A mi esas notas me las pasa la policía. No solemos hablar con particulares a no ser que estén muy implicados&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en el asunto.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--El tema te interesa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y quien eres tú?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Me llamo César y vivo en Velilla. Pregunta a Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;¡Cualquiera localizaba al crápula de Petronilo! ¡Lunes al mediodía, sin móvil, sin saber con exactitud donde vive, sabe Dios...!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Déjame un teléfono y, si eso, ya te llamo yo – alargó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No tengo móvil y en casa paro poco. Que te llame Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues cuando estéis juntos me llamas ¿de acuerdo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Estoy con él ahora, peno no se puede poner. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué le pasa?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ven a verme y te lo cuento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero esto qué es?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Quiero darte unos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;datos que te interesan: escucha.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta hacía aspavientos con las manos desde la pecera para captar la atención de alguna de las redactoras.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Me escuchas? – volvió a repetir la voz.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, sí. Te escucho.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Joaquín Amestoy, el fotógrafo, recién llegado a la redacción, se dirigía al despacho de Paula Marta. Ella le hizo señas para que pasara.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Tienes que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;venir sola a la estación de Atocha.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta tomó por los hombros a Joaquín y compartió con él auricular.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Cuando? –preguntó resuelta mientras que Joaquín la miraba extrañadísimo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Por qué no comemos juntos? Dentro de dos horas. Te sientas en la cafetería Sidarta. Arriba. Yo te conozco a ti. Yo me acercaré.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ahí estaré –rotundizó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No faltes. Te interesa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El teléfono se colgó.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Has entendido algo?- preguntó Paula Marta a Joaquín.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué tenía que entender? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--O sea, que no.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Alguien que te invita a comer.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Si te esperas y vienes conmigo, te lo cuento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero la invitación es para ti sola.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta le sacó la lengua mientras marcaba un número interno en el teléfono.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Puedo ir a verte? –Preguntó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ahora mismo voy – y colgó el auricular-. No tardo nada –se dirigió al fotógrafo-. Espérame.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Salio de su despacho hacia el área de administración del periódico y a los pocos minutos se presentó de nuevo en la redacción. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Vamos –dijo a Joaquín Amestoy. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El reloj marcaba la una. A las tres estarían en Atocha.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Como tú digas, tú eres la jefa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Gerardo miró a los dos, pero no se atrevió a preguntar. Sólo hizo un gesto de extrañeza&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con las cejas. En la calle, Paula Marta relató a Joaquín la conversación con el desconocido. Trazaron un plan. Joaquín acudiría en coche hasta Atocha. Paula Marta tomaría el tren. Joaquín no la perdería de vista ni un instante desde que llegara, pero no se acercaría a ella.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llegó y atravesó el pasillo hasta el vestíbulo central de la estación de Atocha. La estación, viva como siempre, agrupaba a viajeros curiosos y gente desocupada. Al rededor del lago central descansaba personal en tránsito y otras comparsas que merodeaban sin rumbo. Había mujeres de distintas edades que charlaban entre ellas en idiomas extraños para Paula Marta: rusas o ucranianas. Parecía un lugar de cita para encontrar trabajos. Había oído que Atocha&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;era lugar de encuentro y de intercambio de información para la inmigración de los países del este, pero nunca lo había comprobado expresamente. No se entretuvo en averiguar lo que había de verdad en la información y en la impresión. El tiempo era escaso. Las tres menos diez. Deseaba llegar para sentarse en una mesa que diera al patio central de la estación. Subió las escaleras del restaurante Sindarta. Había muchas mesas libres, podía escoger sin dificultad. Le pareció adecuada una situada junto a una columna de hierro que dejaba ver&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el bosque artificial y, entre las palmeras, permitía observar la plaza donde esperaba la maleta de hierro, el abrigo y el sombrero del viajero imaginario. Facilitaba desde allí que Joaquín la viera desde los descansos de la escalera habilitados&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;como miradores. Pensaba esperar hasta las tres y media. A partir de ese momento, en caso de que nadie apareciera,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;buscaría a Joaquín y se marcharían. No pensaba responder a ninguna llamada telefónica. No le preocupaba en exceso la situación de Petronilo, pero le extrañaba la llamada. La relacionaba tal vez con la noche del sábado. Por eso también prefería&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que Joaquín estuviera al tanto. Conocía a la gente lo mismo que ella.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Mientras distraía la mirada hacia las escaleras y atrio de la estación y hacia la puerta de entrada al restaurante, le pareció entrever la figura del marido de Inés que se escapaba hacia las terminales del AVE. Eso la distrajo. Un hombre alto con gafas de sol se acercaba a su mesa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hola Paula Marta. Veo que has sido puntual. Yo soy Cesar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hola –sonrió Paula Marta-. Usted también ha sido puntual.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El hombre se sentó frente a la periodista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Tardón está bien. Quizá un poco cansado, pero bien.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué le ha pasado?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Eso debías saberlo tú. ¿A qué hora le dejaste el sábado por la noche?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No sé. Al rededor de las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tres y media o las cuatro de la mañana.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues debió seguir él solo la fiesta, porque ha amanecido &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;esta mañana en la Glorieta de Bilbao con un golpe en la cabeza, la camisa sucia y con pintas de haberse pasado tres pueblos con el güisqui.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero eso son dos días. No creo que aguante tanto tiempo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ese es el misterio ¿dónde estuvo el domingo por la noche?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno. Antes de seguir. ¿Quien es usted y qué quiere de mí?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No te preocupes soy amigo tuyo. Conozco a Tardón de Velilla. Yo también vivo allí aunque salgo mucho. Él también es amigo mío.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y qué&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;quiere usted de mi?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Primero deberías venir conmigo a visitar a Petronilo. Luego hablamos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El camarero se acercó a la mesa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;desean tomar los señores?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El hombre pidió una cerveza y Paula Marta un refresco de naranja.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No. Aquí sólo se sirven comidas –informó el camarero.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Podemos bajar a la cafetería de abajo –propuso el hombre desconocido, pero Paula Marta reaccionó rápido. Si bajaba por las escaleras del bar podría obligarla a caminar por los pasillos que conducen a la calle y Joaquín la perdería de vista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Entonces tráigame la carta –contestó&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Quiero hablar con Petronilo desde aquí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Eso es sencillo –dijo el desconocido mientras sacaba&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el móvil y marcaba una dirección. Hecho esto, entregó el móvil a Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El teléfono sonó varias veces antes de oír una voz femenina que sin duda era la de Palmira Márquez Temprano.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ah! ¡Eres tú!, soy Paula Marta. ¿Está Petronilo Marceliano contigo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, aquí lo tengo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Puedo hablar con él?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, pero poco tiempo. No está para muchos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;trotes. Tiene un buen golpe en la cabeza.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pásamelo. ¿Y por qué está contigo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Habla con él. Luego te lo cuento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se oyó un susurro y a continuación la voz cascada de Petronilo, esta vez tenue y doliente, al contrario de su fuerza vital acostumbrada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hola Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero qué te pasa? ¿Donde andas?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Estoy bien. ¿No te ha contado Cesar? Estoy en casa de Palmira, que me cuida con mucho mimo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Cuándo te puedo ver? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo creo que mañana ya estaré bien y te llamo yo a ti. Mientras tanto escucha a Cesar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Me quieres decir algo en concreto, necesitas cualquier cosa?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No, no necesito nada. Estoy bien, te mandaré un articulillo. Haz lo que te dice Cesar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y sigue con tu trabajo. Hasta mañana.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El teléfono volvió a manos de Palmira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No te preocupes, mañana le damos el alta, pero ahora no se puede mover. Ya te contaré.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El teléfono calló. El camarero había traído la carta y esperaba las peticiones. Paula Marta, en un vistazo rápido, se decidió por un filete con patatas fritas. El desconocido se unió a la petición.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y ahora qué quiere de mi?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Muy sencillo. El sábado estuvisteis en ese club de jazz y el fotógrafo que venía contigo hizo muchas fotos. Lo que quiero es que no se publique ni una sola de esas fotos. Puedes tener problemas. El camarero del club ya le avisó y Tardón ha recibido el segundo aviso. El tercero lo recibes tú. ¿Entendido?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, eso no es tan fácil. Veré que puedo hacer.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No. Ya sabes lo que tienes que hacer.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta consumió medio filete y algunas patatas. No hablaba&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y su acompañante, tampoco.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Puedes dejarme algún teléfono donde localizarte?- se atrevió a tutear al desconocido.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Complicado. Palmira te informará. A través de ella puedes ponerte en contacto conmigo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero tampoco tengo su número. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ese te lo doy yo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sacó una libretilla y en una de las hojas garrapateó algo, la dobló y se la brindó entre los dedos índice y corazón. Paula Marta la desdobló. Había un teléfono y una nota escrita en caracteres cirílicos. Paula Marta miró a la cara al desconocido. El desconocido&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mantuvo la mirada a través de las gafas de sol. Paula Marta no preguntó, no hacía falta. Cesar tampoco añadió nada. Paula Marta intentó pagar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Estás invitada. Puedes marcharte si quieres.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Paula Marta no lo pensó, dejó la comida por donde iba y descendió por la escalera al aire de la terraza hasta el bosque tropical. Bajo un sombrero de fieltro, la esperaba Joaquín camuflado de viajero exótico... &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-833989849845611083?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/833989849845611083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=833989849845611083&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/833989849845611083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/833989849845611083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/12/captulo-xii.html' title='CAPÍTULO XII'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2210691294736440181</id><published>2007-11-27T23:06:00.000+01:00</published><updated>2007-11-27T23:12:45.672+01:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XI</title><content type='html'>&lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Capítulo 11&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El domingo por la mañana Petronilo Marceliano Tardón aún mantenía en su lengua el áspero sabor del güisqui, en su oído el suave eco de la voz, en su nariz el embriagador perfume y en su piel el escalofrío del aliento de Palmira Márquez Tierno. En su memoria permanecía la invitación y en su bolsillo el teléfono. Llamó después del mediodía. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La cita era en su casa. Petronilo se sorprendió cuando conoció la dirección: Princesa-3, apartamentos. PMT había conocido a gente que vivió en Princesa 3: un dibujante con el cual había coincido en una revista y a una cantante negra que se desnudaba mientras actuaba en un club cercano, a quien había entrevistado para una agencia de prensa anodina. Casualmente el dueño de la agencia tenía en España la exclusiva de la agencia TASS de Moscú, cuando Rusia era la URSS. A la agencia le interesaban las fotos de las chicas. Las entrevistas se podían rellenar de cualquier manera. Petronilo conocía el negocio. Había inventado la historia de muchas chicas como aquella, pero el dueño de la agencia mostraba especial interés y la entrevista se realizó con todas las de la ley: grabadora, apuntes, situación política de su país, El Congo, sus circunstancias en España y vida de de una cantante calva... Del dibujante dejó de saber un día que los dibujos no aparecieron en El Indiscreto Semanal. Los dibujos los distribuía la misma agencia y a ninguna otra publicación le interesaban. De eso conocía Petronilo los apartamentos de Princesa- 3. Apartamentos amueblados de alquiler por semanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Estaba seguro que la cantante de jazz le recibía allí, pero no vivía. Cuando llamó a la puerta, Palmira Márquez abrió sonriente. Le esperaba. La puerta daba directamente a un salón luminoso con vista a Princesa y a los jardines del Palacio de Liria. Petronilo echó un vistazo discreto pero escrutador: la decoración, tan impersonal, tan neutra, como la de la casa del dibujante y la de la cantante negra, por eso fue tan bestial en el saludo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿No intentarás que te pague después del servicio?...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Pero qué servicio?- rió alegre y acogedora Palmira-. No te voy a prestar ni cobrar ningún servicio, te he invitado a tomar un café en mi casa y charlar. Lo que tú me dijiste que querías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Muy amable por tu parte, pero tú no vives aquí, este estudio es alquilado y eso me lo tienes que contar...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;¡Claro que es alquilado! Yo soy ave de paso. Pero &lt;/span&gt;siéntate tranquilamente- rió nuevamente Palmira-. ¿Cómo te gusta el café solo o con leche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Con un poco de leche, por favor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira desapareció por una de las puertas que daban al salón, moviendo el trasero con esa gracia que sólo lo hacen las mujeres con mucho ejercicio. Tardón intentó husmear en el bolso de Palmira colocado con indolencia sobre una mesita auxiliar entre las dos parte del cómodo sofá, pero no dispuso de tiempo suficiente, apenas lo imprescindible para tocarlo por fuera y notar dentro un objeto con forma conocida y no muy de fiar. Palmira volvía y, en vez del bolso, Tardón tomó de la mesita el último número de El Siglo, revista de política y economía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;¡&lt;/span&gt;Vaya!, veo que te interesas por la política –lanza Tardón con sonrisa burlona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No en exceso, pero me gusta permanecer al día y saber del mundo donde vivo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Eres una mujer muy completita: cantante de jazz, pianista, leída, rubia y elegantísima...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Tú crees?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Y misteriosa – afloja Tardón –. Eso lo pareces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pues no lo creas – ríe Palmira -. Todos los misterios son suposiciones de otros. ¡Espera, el café ya se ha hecho!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira vuelve hacia la cocina. Tardón toca de nuevo el bulto del bolso y percibe con exactitud la forma del objeto. No necesita abrirlo. Sabe lo que hay dentro. Sigue mirando El Siglo. El café huele bien. Ha de seguir con la ficción de que lo que le interesa es el ligue. Palmira trae los cafés servidos: una bandeja con dos tazas, una jarrita de leche y un azucarero lleno de terrones. “otro signo más de que no vive aquí: los azucarillos – piensa Tardón.” El café podría resultar envenenado, lo tópico sería cambiar la taza, pero consideraba a Palmira más inteligente que eso. Tomará el café solo y con un azucarillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿No quieres leche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No, gracias. Tengo sueño y lo prefiero negro. Bueno, y ahora cuéntame de qué conoces a Inés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿A Inés, la de don Juan? – bromea Palmira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No. A la rusa que estaba conmigo la otra noche en Segundo Jazz, mientras tú cantabas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;La conocí allí, junto a ti – enfatizó Palmira Márquez Temprano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No es verdad... – contestó burlón Petronilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; ¿Por qué te iba a mentir? – se enfadó Palmira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Eso me lo cuentas tú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No la conocía, pero podría haberla conocido perfectamente en otro lugar. Ella es maestra y le gusta la música. Yo soy música y doy clases, por tanto es fácil coincidir en cualquier parte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;De lo más sencillo: una maestra rusa que se ha escapado y trabaja en el sector de seguros coincide con una cantante de clubs que de vez en cuando da una clase particular de piano a una niña bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Tardón permanecía con la taza de café a la altura de la boca sin probarlo, esperando que se enfriara, mientras miraba fijamente a los ojos de Palmira. Palmira distendió el gesto con una dulce sonrisa. Los labios carnosos ofrecían el preludio amoroso, pero Petronilo aún no se encontraba a esa altura, necesitaba averiguar algún detalle más. Palmira habló.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Bueno, sí, la conocí cuando ella vino a Madrid. Canté para los niños bielorrusos y los padres de acogida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pero de eso ya hace tres años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Después me he encontrado con ella en otras dos ocasiones. Una cuando yo cantaba en un solo en un coro de gosspell y ella vino a saludarme, y en otra ocasión en que cantaba arias de óperas. Ya sabes que canto un poquito de todo. Es fácil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Sí, ya sé que eres muy completa: te conocí cantando el brindis de la Travista a capella en un desastre de congreso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pues fíjate si no habré conocido gente de ese modo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pero me extraña que conocieras a Inés. ¿Qué te parece a ti la acogida de niños? – atacó por otro frente Petronilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira miró hacia el techo, como si midiera sus palabras antes de contestar. Tardón notó que la pregunta no le gustaba. La mujer trataba de encontrar una respuesta que satisficiera al preguntón y al mismo tiempo resultara poco comprometodera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;En eso, como en todo hay distintas opiniones. Ya no es como hace algunos años. Parece que ahora están muy interesadas en el tema las organizaciones religiosas: cofradías de semana santa, hermandades de vírgenes y esas cosas. Hay quien piensa que lo hacen para conseguir subvenciones, pero también se interesa mucha gente particular por la acogida de niños. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Crees que hay algún negocio sucio detrás de esto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pues no lo sé y tampoco me importa mucho, si te he de ser sincera, ¿pero por qué me preguntas todas esas cosas? Yo pensaba que tú te interesabas por el jazz más que por la acogida de los niños bielorrusos. Te voy a poner un poquito de música.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira tomó el mando a distancia y puso en funcionamiento el DVD. Comenzó a sonar un saxo insinuante, claro, a quien acompañaban unas notas de piano casi en sordina, un bajo que marcaba el ritmo, lento, acariciador y al fondo unas escobillas galanteaban la piel del tambor que resultaban insoportables de puro arrulladoras y tiernas. Petronilo quedó en suspenso, casi con la boca abierta, sorprendido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Necesito un güisqui... – casi murmuró Tardón – con hielo y un poco de agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Te lo traigo ahora mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira se levantó y volvió hacia la cocina. Petronilo, se relajó en el sofá. Se olvidó del porqué estaba allí y lo que había ido a buscar. La música del Coltrone le había enviado a las regiones donde la imaginación conduce en los momentos menos oportunos. ¿O era oportuno el momento y la música? Había pasado de la claridad del saxo al piano lento y suave como unas medias de seda. ¿Por qué pensaba en medias de seda junto al piano? Regresaba Palmira con una bandeja donde venían dos vasos, una cubitera de hielo, una jarrita con agua y una botella de Clan Campbell de dieciocho años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Sírvete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Procedió Tardón saltándose las etiquetas y utilizando las manos para poner el hielo en el vaso. Se sirvió para él. El vaso de ella quedó vacío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Sírveme a mí también.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt; ¿&lt;/span&gt;Con los dedos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Como tú quieras, hombre...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Sonaba el solo del bajo y las cuerdas arañaban en el vientre y el hormigueo subía por las pantorrillas hacia los muslos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¡Por nosotros! – levantó el vaso Palmira.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Y por el buen jazz – enfatizó Tardón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;¿Sa&lt;/span&gt;bes cómo se llama esta canción?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;He conocido el saxo de Coltrone, perno no sé el título...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;I see your face before me – susurró Palmira mirando fijamente a Petronilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;"  lang="EN-GB"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pues muy bien, porque mi inglés no llega ni hasta ahí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los ojos seguían allí, clavados, y los labios se entreabrían. La invitación, el solo del bajo, las escobillas sobre el vientre y todos los demonios revueltos junto con el vaso de güisqui. “¿A qué he venido aquí?” pensó Tardón, pero aquellos labios se acercaban y la respuesta se perdió en la suavidad del beso y la mano de Palmira en la nuca de Tardón. La canción se disipaba en un acorde de todos los instrumentos, pero ya no era necesaria la música. No obstante en plena batalla sonaba la voz cálida y aterciopelada de una dama que Tardón no conocía que lamía los huesos con un “kiss me” innecesario. Y allí estaban las medias de seda que soñaba Tardón. En pleno fragor de la batalla Tardón no olvidaba el objeto contundente que había en el bolso de Palmira, sin embargo se dio una tregua para tratar ese asunto. También quedaban lejos los niños de acogida...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Despertó porque notó frío. Miró al rededor. Se encontraba sentado en una marquesina del autobús. Miró las esquinas: La Glorieta de Bilbao. Las tres de las mañana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2210691294736440181?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2210691294736440181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2210691294736440181&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2210691294736440181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2210691294736440181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/captulo-xi.html' title='CAPÍTULO XI'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6441056015986718400</id><published>2007-11-24T12:20:00.000+01:00</published><updated>2007-11-24T12:21:24.707+01:00</updated><title type='text'>CAPITULO X</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 10&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Al fin has venido!, – exclamó Tardón-. Por poco apareces cuando esto se acaba. No obstante has llegado en el momento oportuno. Luego te cuento. ¿Has visto quién está aquí?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- ¡Ahí va, La Bailarina!, – se sorprendió Paula Marta, mientras se dirigía a Palmira- ¿Y tú qué haces aquí?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- Yo trabajo aquí – saludó sonriendo Palmira a Paula Marta- soy yo quién pregunta qué haces tú aquí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Este trasto! – señalando a Tardón – que siempre me mete en los follones que a él le gustan.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- ¡A mi no me impliquéis en nada yo vengo de invitado!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;No se habló más. Emma se sentaba en una silla y abrazaba una guitarra. Los músicos esperaban expectantes. El batería cruzaba los brazos y sostenía en cada mano su &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;baqueta, prontas y dispuestas para acompañar a la espontánea. El bajo, hacía descansar el mástil de su instrumento sobre el hombro y lo abrazaba por la cintura como si fuera una novia. El piano asomaba su cabeza rubia por encima de la caja y también miraba a la cantante a través de sus gafas, con esa mirada tan característica de los miopes que en más de una ocasión resulta arrolladora sin que ellos lo adviertan. El guitarrita dejaba descansar su guitarra roja sobre el soporte y miraba con los brazos cruzados. El saxo colgaba del cuello de Rafael Serrano que aguardaba con una sonrisa en los labios y observaba tanto a los músicos como a la sala. Se sentía responsable del experimento.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Joaquín Amestoy no había perdido el tiempo y disparaba su flash sobre el escenario. Un camarero se le acercó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No están permitidas las fotos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Son privadas para los músicos, que son amigos míos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Eres amigo de Rafa Serrano?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No sé quien es, pero soy amigo del guitarrista, Chema Sáez y del pianista Miguel Rodríguez.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bien, pero no quiero fotografías de los clientes. Si lo intentas te mando otro mensaje. ¿De acuerdo?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Oído cocina!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El público, además de la mesa de los amigos de las rusas, no era muy abundante dos mesas con dos parejas cada una y otra con cuatro hombres en esa edad mediana de los cuarenta que tomaban copas sin prestar mucha atención a lo que sucedía en la sala. Parecían congresistas de algún extraño evento en horas de asueto o forasteros en Madrid acortando la noche del sábado.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El mismo camarero se acercó por la mesa a ofrecer copas a la recién llegada, momento que aprovechó Palmira Márquez Tierno para avisar de que el fotógrafo era amigo de todos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Emma rasgueaba una guitarra clásica para ajustarla a su garganta. Delante de ella, dos micrófonos: uno para la voz y otro para la guitarra.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Buenas noches – se dirigió a la sala-. Perdón por mi osadía, pero no me quedaba más remedio que complacer a estos amigos españoles que tanto me quieren y a quienes tanto debo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Acto seguido empezó a sonar la guitarra. El silencio en la sala era total. Sólo los disparos de la máquina de Joaquín rompían el impresionante silencio. Hey Jude.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La voz aterciopelada acariciaba la letra en perfecto inglés y la guitarra sonaba acompasada, rítmica, armoniosa, perfecta. En el segundo Hey Jude comenzó a tintinear una leve pandereta. Rafael Serrano se balanceaba marcando el ritmo. Al tercer Hey Jude se dejó oír un bombo marcando el compás de la guitarra. Después fueron unas notas del bajo, después el piano y después el coro...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Together! – invitó Rafa Serrano a la sala. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En la sala se fue levantando un murmullo de “laaa lalalaa, Hey Jude” al tiempo que todos movían sus cuerpos. El batería se había ajustado perfectamente al ritmo de la cantante improvisada y los músicos hacían los coros. La sala se convirtió en una fiesta donde todos participaban.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y esa quien es? –preguntó Paula Marta a Palmira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No sé – contestó Palmira Márquez-. Una de las de aquí que quiere hacerme la competencia. Pregúntale a Petronilo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Cuanto tiempo sin verte!, – se interesó la periodista-. ¿Cómo te va? ¿Sigues cantando ópera?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Me va, que no es poco –se quejó Palmira-. Canto donde sale y lo que sale.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Joaquín había aprovechado los aplausos y el coro de todos los asistentes para apuntar su flash hacia la mesa de la reunión. El camarero vigilaba para que la cámara no &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;emprendiera otras direcciones.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Svela gritaba entusiasmada y puesta en pie. A Víctor Fernández se le iluminaban los ojos y se retorcía en el asiento. Le hubiera gustado subir a la tarima tanto para abrazar a Emma como para recibir los aplausos. Inés aplaudía pero difícilmente disimulaba la tensión que sufría. Jorge, el novio de Inés, casi dormitaba, parecía que la fiesta no iba con él. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Rafa Serrano, de nuevo al micro, agradecía la actuación de Emma, mientras ella le devolvía la guitarra y se despedía de cada uno de los músicos con un beso. Fue Svela quien comenzó a gritar ¡otra, otra, otra!, cuando Emma daba el primer paso para abandonar el estrado, después se unió toda la sala. Joaquín seguía con sus fotos. Rafa Serrano y los demás músico rogaron a Emma que aceptara la invitación y la bielorrusa tomo de nuevo la guitarra, rasgueó y advirtió.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero ésta es la última.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Acto seguido entonó “¡Qué tiempo tan feliz!” Expectación. La voz nostálgica e intensa de Emma volvió a sonar. Ahora nadie la acompañó con ningún instrumento. El recuerdo, tema común en ambas canciones, tomaba en ésta la vía de la evocación de tiempos mejores que Emma acentuaba dirigiendo de cuando en cuando la mirada triste hacia sus amigas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sabe usar la voz, pero no la tiene muy educada –susurró Palmira a Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Es cantaora de grupo de amigos, no de tablao como tú –le contestó PMT al oído, casi rozando el lóbulo con los labios-. Tú lo haces mucho mejor, pero le pones menos sentimiento. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Espérate y verás –replicó Palmira también al oído de Tardón. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Tardón se volvió porque se le erizaron los pelos con el aliento caliente de la cantante. Miró a los ojos a Palmira y le tomó la mano. Palmira correspondió con un suave apretón que presagiaba complicidad. Emma terminaba su canción y la sala entera de nuevo aplaudía, ¡hasta la mesa de los cuatro hombres indiferentes! Otra vez besó a todos los músicos y descendió del estrado mientras Rafa Serrano le agradecía el gesto. Sin transición, los músicos arrancaron con un estándar que permitía el lucimiento y el virtuosismo de cada uno de ellos. Solo de saxo, solo de piano, bajo, batería, vuelta y apoteosis final... música condescendiente para tomar una copa, charlar y fumar sin necesitar una atención excesiva. El jazz en los tugurios donde nació: las cavas parisinas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Emma, de nuevo entre los amigos, ocupaba su asiento junto a Víctor Fernández. Petronilo había presentado a Paula Marta a las maestras bielorrusas. Paula Marta, que no desperdiciaba ocasión, charlaba con ellas sobre su misión, el congreso al que asistirían, que, por cierto, se celebraría en Alcalá de Henares, en el salón de actos de la Cisneriana. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Inés –intervino Víctor Fernández- ¿Por qué no vienes tú también al congreso? Yo te invito.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Muchas gracias, Víctor, pero yo tengo que trabajar –agradeció Inés-. Ya sabes que mi ocupación ya no se dirige hacia el español como asignatura, sino como herramienta de trabajo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero podrías disponer de más tiempo con tus amigas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Inés vio la oportunidad de comunicarse otra vez a solas con Emma. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Emma y yo nos tenemos que ver ¿verdad Emma?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, sí, cuando tú quieras –respondió veloz Emma.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Inés sacó una libreta y apuntó algo en una hoja y la arrancó.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Toma –ofreció a Emma el papel doblado-. Y no pierdas mi teléfono otra vez. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Emma abrió la nota y advirtió que había algo escrito. Volvió a doblarla y la guardó en el bolso. Tardón también advirtió que en la nota había escrito algo más que un número de teléfono. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los músicos terminaban su segunda pieza. Los aplausos sirvieron para que &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;Jorge, el novio de Inés comunicara sus deseos de marchar. El grupo en general estuvo de acuerdo en que la hora, más de las dos de la madrugada, se presentaba idónea para la retirada. Se hizo una derrama entre los hombres. Palmira bebía gratis, según dijo ella. Joaquín exigió a Paula Marta que pagara, que para eso era la jefa. Paula Marta protestó, pero ni permitió que Petronilo pagara por ella ni se negó a pagar por Joaquín. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Por qué no os quedáis un poco más?, –invitó Palmira-. Falta mi segundo pase. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Nosotros nos vamos –insistió Jorge.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Y nosotros también –corroboró Víctor Fernández.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Petronilo y Paula Marta se miraron.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Nosotros nos quedamos ¿verdad Paula Marta? –concretó Petronilo Marceliano. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí. A mi me apetece escuchar a Palmira. Nunca le he oído cantar – sentenció segura la periodista. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las dos mesas juntas resultaban excesivas para las tres personas que las ocupaban, porque Joaquín había salido con los que se iban “para hacer una foto de familia” según dijo. Petronilo Marceliano Tardón se vio atrapado otra vez en un club de jazz por Palmira Márquez Tierno y Paula Marta Temprano. Tomó una mano de cada una y exclamó para las dos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Esta vez no tengo regalos para vosotras, aunque vuestra compañía sí es un regalo para mí. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡No te pongas cursi!, -exclamó Palmira- que no te va. Aquí estamos todos trabajando. ¿A que sí Paula Marta?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo he venido a tomar una copa porque Petronilo insistió. Pero mi trabajo ha terminado hasta el domingo al mediodía. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero no has perdido tiempo en asegurarte un reportaje.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Como tú no pierdes tiempo si te ofrecen una actuación.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Vaya, vaya! Las gatitas se arañan.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Pero con mucho cariño! –rieron ambas a la vez.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los músicos comenzaron otra pieza. Palmira se levantó. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Me marcho. Entro después de esta pieza. ¿Os esperáis a que termine y tomamos tranquilamente una copa con los músicos?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ninguno tenemos que madrugar mañana – concedió Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--De acuerdo – ratificó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Entonces, hasta luego –se despidió Palmira. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Joaquín regresaba a la mesa sin soltar su cámara. “¿Dormiría con ella?” se preguntó Petronilo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Como te dije, aquí hay más que cuestiones de niños y congresos de español. Esta noche es la segunda vez que Inés entrega una nota a Emma. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Era el teléfono, hombre.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, escrito en cirílico.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Los tengo a todos! – se sentaba Joaquín-. Los cuatro hombres que estaban en la mesa salieron cuando se fueron éstos y a esos también los tengo. A las parejitas las había cazado antes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El camarero se acercaba. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Cuidado, el camarero!, -avisó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ahora me toca a mí la copa! –exclamó Joaquín.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué tomarán los señores?, – interrumpió el barman-. Invita la señorita Palmira, la cantante. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Repitieron los güisquis y el gin tonic.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, ya conoces a casi todos los protagonistas de la movida esta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero la única que cuida niños es la que cantó.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, efectivamente, Emma. Svela, la letona, viene para encontrarse con sus amigas Inés y Svela. Pero las relaciones entre Inés y Emma son extrañas: parecen adolescentes pasándose notas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Callaron porque aparecía en el escenario Palmira Márquez. Vestida como Rita Hayworth. Entonó “Amado mío”. El guante se dirigió a la cara de Petronilo que lo cazó al vuelo y lo besó mirando a la cantante que continuaba interpretando a Gilda. El Segundo jazz se convirtió en el tugurio de Montevideo. Sólo faltó la bofetada.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Terminada la actuación de la cantante no quedaban clientes en el club.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Te ha gustado? –preguntó Palmira a Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--El guante olía muy bien. Me gustaría profundizar en el sabor, ya conoces mis debilidades.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Cuando tú quieras me llamas y te invito a un café. Me gusta hacerlo en cafetera italiana y molerlo antes de hervir el agua. Apunta mi teléfono.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--El ritual auténtico de un buen café –río Petronilo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Organizaron la retirada: Joaquín llevaría a Paula Marta y a Miguel Rodríguez hasta Alcalá de Henares. Rafa Serrano acercaría a su casa a la cantante. Petronilo Marceliano Tardón se quedó solo con el teléfono de la cantante y la invitación para tomar café. Iría al día siguiente.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La noche, tranquila, invitaba a pasear. Petronilo aprovechó para descender por la Castellana enredando con sus fantasías hasta Atocha donde vivía en una pensión.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6441056015986718400?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6441056015986718400/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6441056015986718400&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6441056015986718400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6441056015986718400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/capitulo-x.html' title='CAPITULO X'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3995885703464817412</id><published>2007-11-20T12:58:00.000+01:00</published><updated>2007-11-20T23:21:28.536+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO IX</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 9&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La noche del sábado se habían citado en Segundo Jazz. Tocaba Rafa Serrano, amigo de todos, un saxo extraordinario. Llegaron en distintas bandadas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pero casi todos al mismo tiempo. Desde Torres acudieron Víctor Fernández, Emma y &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Svela. Tardón venía desde Madrid. Poco después llegaron&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Inés y Jorge.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los músicos comenzaron a juguetear. De pronto apareció aquella mujer: rubia alta, vestida de negro, “con un swing que derretía&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el hielo de las copas” voz impostada, pegada a los instrumentos, paralela al piano que le adelantaba la nota dejándola en la libertad de expresar el sentimiento que requería la canción,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;voz casi nasal, perfecta para la balada, ese desahogo dulce, sensual. La cantante arrullaba y movía los demonios de los presentes. Tardón la reconoció. Era la misma que se había encontrado en Alcalá cerrando aquel congreso hacía dos años, cuando el caso&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;del director de coros que apareció muerto. Ignoraba que cantara jazz. La misma voz, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la misma categoría pero cien puntos arriba en la sensualidad. Quizás fuera el local, quizás la circunstancia, el momento... A Tardón le recorrió un escalofrío: aparecían escenas que más valía olvidar, pero era imposible. Había visto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y vivido de todo, al menos eso creía él, sin embargo aún &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;el tiempo para las sorpresas no había terminado. Allí estaba. No había vuelto a saber de Palmira Márquez&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;desde que la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dejara en compañía de Paula Marta aquella noche&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;extraordinaria e irrepetible. Y allí estaba otra&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;vez. Cantó cinco canciones y desapareció detrás de la tarima que servía de escenario. Rafa Serrano también dejó el saxo apoyado sobre el soporte. Se dirigió hacia la mesa de sus conocidos. Se acercó el camarero.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ponme un cubalibre.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor Fernández&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;presentó el músico a las tres rusas y a Jorge. A Tardón no era necesario, se conocían de sobra. Tardón sólo miraba. A Tardón le entusiasmaba el jazz, pero Tardón había acudido para observar. Esperaba vagamente que Paula Marta apareciera por el bar acompañada de Joaquín Amestoy. Sería el momento de las fotos en familia y también el momento en que entraran en contacto la periodista y las maestras. Petronilo había pensado no presentar a Paula Marta como periodista,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;para que la gente hablara de manera más distendida, sin embargo no parecía fácil este empeño.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Cuando advirtió&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;quien era la cantante, la idea se vino a bajo. Tardón agudizaba el ojo, pero él también se sentía observado por la cantante Palmira Márquez, amiga de Leopoldo Rodríguez.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Rafael Serrano se mostraba muy agradecido&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;porque los amigos del pueblo hubieran escogido su música para deslumbrar&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;a las rusas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Qué os ha parecido? – preguntaba de manera genérica sin dirigirse a nadie en concreto.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Muy interesante. Yo conozco poca la música de jazz- comentó Svela&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;inundando la conversación con su contagiosa sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En el segundo pase, te invito a que cantes.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No, no, volvió a reír Svela, a mi no. Invita a Emma y si tienes una guitarra se la dejas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Ella&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;es la que canta muy bien. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿En español o en ruso? – preguntó Rafael Serrano.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- En lo que haga falta – contestó Víctor Fernández- Emma lo canta todo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor Fernández se mostraba constantemente pendiente de Emma. A Tardón le&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pareció que no se podía hablar de romance, más bien de embobamiento. Le gustaba lo extraño, eso era&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;todo: Víctor , se había casado con una mujer&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;francesa hacía muchos años. Se casó con lo exótico: por presumir del ligue con la turista. Los años setenta eran así.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Ahora repetía la misma historia: intentaba ligar con Emma porque era rusa. Sin duda alguna Emma trascendía más allá de la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;simple apariencia física, a ella añadía su cultura, su don de lenguas, sus opiniones siempre medidas y su claridad de ideas. Estos datos también encandilaban&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a Víctor y a Emma no le parecía nada mal el cortejo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En la segunda parte te invito a cantar. ¿Te atreves? –insistió Rafael Serrano.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No he cantado nunca jazz, pero si me dejáis una guitarra y me seguís, canto– concedió Emma&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en tono pausado y los ojos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;brillantes por la alegría&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tan difícil de ocultar manteniendo aún su la actitud seria.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡¡Muy bien Emma!! - inundaba con su cristalina alegría Svela el atrevimiento de su amiga.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Me gustaría acompañarte al piano! –Exclamó Víctor Fernández.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- ¡Hombre, Víctor! – se extrañó Serrano-. No seas tan atrevido, que al piano está Miguel Rodríguez y del escenario no nos la llevamos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Si lo que siento es envidia por no poder tocar como vosotros -contestó Víctor Fernández.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Servían las copas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuando avanzaba por entre las mesas la cantante de jazz. Se dirigía al grupo. Vestía de calle, ya no llevaba puesto el vestido negro sino un pantalón&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ceñido que resaltaba las caderas. El pelo rubio se derramaba&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en una melena suelta por la espalda. En el rostro, un tanto pálido a pesar de los coloretes, reinaban dos ojos azules expectantes y acariciadores. “Océanos para perderse, pensó&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Tardón” que hablaba poco y observaba las estrategias de ligue&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;del amigo Gabril del Rosal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hola – saludó a la concurrencia- y buscó una silla para sentarse entre Tardón y Rafa Serrano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, no la conocéis –presentó Rafael Serrano-. Ella es Palmira Márquez Tierno.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí nos conocemos- cortó Tardón-. ¿Verdad Palmira?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Claro! Nos conocimos en Alcalá. Nos presentó el padre del pianista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues como Petronilo ya la conoce y conoce&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a todos vosotros&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que os la presente él.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Tardón fue escueto:&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Aquí una cantante, aquí un grupo de amigos. El resto lo pone la conversación.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Palmira&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;saludó a todos con una sonrisa, extrañada&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de la breve introducción. Víctor Fernández, acorde con su actitud de parecer más educado que nadie,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ejerció de animador:&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ellas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tres son bielorrusas –comenzó- y...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡No!- cortó riendo Svela- ¡ellas son bielorrusas! ¡Yo soy letona y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;me llamo Svela.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, pero estudiasteis las tres juntas la misma carrera filología hispánica- volvió a puntualizar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de manera pedante Víctor Fernández y continuó-: las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tres son profesoras en sus países&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y están aquí acompañando a los niños de acogida&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que traen cada verano. Esta noche es su noche libre, porque es sábado y hemos venido a escuchar a Rafael Serrano que es vecino nuestro. Ellas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;son Svela, Inés y Emma. A ellos ya les conoces – señaló a los dos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;hombres que tenía a cada uno de sus lados, Rafa y Petronilo. El es Jorge, amigo de Inés y yo soy Víctor Fernández, profesor y escritor, como Petronilo. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--A mi no me metas en líos. Yo escribo algunas cosillas – intervino Petronilo- aquí el erudito es Víctor Fernández. El hombre que más novelas ha comentado en el mundo...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La conversación derrotó por&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;senderos diversos y vericuetos de confidencias&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a medias palabras, risas sonoras de Svela, chistes de Rafael Serrano, intereses por la música de las mujeres y los ojos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;medrosos de Inés. El novio de Inés, absolutamente silencioso&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;durante toda la noche, mostraba la cara depresiva que Víctor había advertido en el primer encuentro en Madrid. Parecía cansado y fuera de lugar. Inés, mostraba el rictus asustadizo de los ojos junto a la sonrisa, si no tan franca&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y abierta como la de Svela, al menos sincera aunque forzada. “Está&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;triste Inés”, se había dicho para sí mismo Tardón, observador de la noche. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Inés, se sentaba entre Tardón y Jorge. Tardón pudo escuchar&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;que Palmira y Inés hablaban de lugares que las dos conocían aunque sin darse excesivas explicaciones y ni mostrar más confianza.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Inés, levanta ese ánimo -exclamó Svela-, poco arreglarás con esa actitud.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--La nostalgia me embarga. Es irremediable -explicó Inés.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y tú Emma&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cantarás con Palmira? –preguntó Víctor Fernández.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo no puedo cantar con Palmira – se defendió sorprendida Emma -. Ella es mucho mejor que yo y canta otras músicas...&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Tú cantas? – se interesó Palmira.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, pero en casa y con los amigos.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Generalmente todas vosotras disponéis de una muy buena educación musical. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En mi país la música tiene mucha importancia en la escuela, desde muy niños se les enseña a cantar y a tocar algún instrumento. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Inés aprovechó la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;conversación de Palmira y Emma para lanzar una mirada entre amedrentada y cómplice a Emma como invitándola a una confidencia entre ambas. Era el mimo mensaje que lanzaba la noche de la cena.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Para Tardón tampoco paso desapercibida. El reloj marcaba la una y media de la noche. Petronilo dio por perdida la asistencia de Paula Marta. Rafael Serrano se despedía y volvía al escenario. Palmira permanecía en el corro. La luz se hizo más tenue en la sala y se iluminó el proscenio. Los músicos sobre las tablas volvieron a entrar al saco con el clásico “Summertimes”. Cuando terminó la pieza, Rafael Serrano tomó el micrófono para saludar de nuevo a los asistentes y anunciar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que se encontraba en la sala una mujer con una voz impresionante.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Es bielorrusa, nos visita esta noche en compañía un buen grupo de amigos y la invitamos a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que suba con nosotros y cante. Ella es Emma. Emma mostró sorpresa, el rostro triste y sereno tomó un cierto color rosado de vergüenza. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡¡¡Que suba, Que suba!!!- aclamaron desde la mesa. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las miradas de los presentes&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se dirigieron al lugar más bullicioso y poblado. Emma se levantó y se dirigió la tarama en medio de un gran aplauso.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;En esta circunstancia Petronilo advirtió unas manos sobres sus hombros y unos labios que besaban sus mejillas. Era Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3995885703464817412?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3995885703464817412/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3995885703464817412&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3995885703464817412'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3995885703464817412'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/operacin-balalaika-captulo-ix.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO IX'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-8275097295531869672</id><published>2007-11-17T22:19:00.001+01:00</published><updated>2007-11-17T22:19:55.841+01:00</updated><title type='text'>OPERACION BALALAIKA CAPÍTULO VIII</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;Capítulo 8&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando Petronilo Marceliano llegó a Alcalá de Henares procedente de Torres, llamó a Paula Marta Temprano. Deseaba hablar con ella y la mañana se presentaba propicia, pues el haber dormido en Torres facilitaba el encuentro. No la llamó a la redacción de El Tribuna de Alcalá, sino a su teléfono particular. Deseaba hablar a solas y no quería que su llamada se registrara en la recepción. En fin, la cita se produjo con puntualidad inglesa a las tres de la tarde en un restaurante de bodas y comidas de empresas que regentaba un italiano afincado en Alcalá. El restaurante, cercano a la estación de trenes, se ubica en la calle Infantado. Mientras esperaba a esa hora Petronilo se embebió en una novela de ladrones que había comprado poco antes en la librería de lance que abre sus puertas en la Plaza del Palacio. Una novela barata titulada “La canción de los ladrones” escrita por un tal Sergiusz Piasecki y publicada en España por Plaza y Janés en 1961. El ejemplar que tenía en la mano, había sido vendido por primera vez en la librería “Editorial Gómez” de Pamplona y había costado quince pesetas. Una vez deslomado, a Tardón le había costado un euro, la inflación, la Unión Europea y la pérdida de valor del dinero, pero eso poco importaba. Había comprado el librito porque en el prologo se decía que la novela había sido escrita en Vilna durante el tiempo de la ocupación alemana. Y el autor afirma: “&lt;i style=""&gt;por aquel entonces tenía que interrumpir mi trabajo en mitad de una frase, sin poderlo reanudar hasta pasados algunos meses a causa de la situación política”.&lt;/i&gt; También hablaba en el prólogo, escrito por el propio autor, de una población que el llamaba Minsk Litewseki y de otra Minsk-Komarowka. La novela trata de justificar la actividad de los ladrones por pura necesidad de supervivencia y porque cualquiera puede caer del lado malo de la vida. Termina el prologo con alegato definitivo: “Yo&lt;i style=""&gt; os digo que a la prostituta y al ladrón que, no hace mucho, pelearon a vuestro lado por la libertad de nuestra nación, tal vez los encontraréis alguna vez en la última barricada de la cultura. Si vencen en esta última barricada, entonces ya no habrá jamás criminales profesionales.” &lt;/i&gt;El prólogo lo había leído en la propia librería y le llamó la atención la nacionalidad indefinida del escritor, casi rusa, casi polaca, casi lituana, tan indefinida como las propias fronteras de la Rusia Blanca. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llegó al restaurante Calafell y pidió una mesa discreta. Conocía al dueño, un italiano, desde los meses que vivió en Alcalá. En aquella misma calle vivía una de esas amigas que Tardón visitaba de año en año y que siempre terminaban en una unión de almas solitarias y cuerpos hirvientes: amores desperdigados. Tentado estuvo de tocar el timbre. La hora no era mala: dos y media de la tarde del primer viernes de julio. Su amiga, Clara, ferviente católica, estaría sola en casa. Su marido, abogado, trabajaría aún en el despacho o comería con algún colega. Buena hora y buen día para labores de caridad amorosa: la hora de la siesta propicia cualquier encuentro. Pero optó por la prudencia. Hoy se lo dedicaba a Paula Marta. El dueño y maitre le indicó un rincón discreto al fondo del amplio salón. No había mucha gente: tres mesas ocupadas. La época de las comuniones y la despedida de curso habían pasado. No era día de bodas. Pidió vino y advirtió que esperaba compañía. Aún no había consumido la primera copa cuando aparecía la periodista. También hoy vestía pantalones. ¿Por qué ocultaba las piernas si las tenía muy bonitas? La camisa resaltaba los firmes pechos y los botones parecían a punto de liberar la abundancia. El frío del local propicio la floración de las manzanas y Petronilo se quedó un momento perplejo entre besar en las protuberancias o en los carnosos labios de Paula Marta. De nuevo la contención, como exigía la regla, limitó el saludo a los besos protocolarios en las dos mejillas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Entonces dos gazpachos – concluyó el camarero.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí, sí – contestaron a coro Paula Marta y Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--De segundo os recomiendo unas chuletitas de cordero muy ricas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Eso esta bien – afirmó Tardón.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo prefiero el solomillo de ternera – precisó Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- ¿Os traigo gaseosa?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Una jarra de agua, mejor – escogió la periodista.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El metre se retiró.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno ¡cuéntame! – se lanzó Paula Marta sin esperar a los postres. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Quería verte porque el asunto de los niños de acogida se complica. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿En qué sentido?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya te advertí que yo soy viejo para estos trotes del reporterismo. Eso corresponde a gente joven con ganas de meterse en líos y aquí los hay.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Pero de qué tipo? –se puso seria Pula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues verás y yendo al grano: los niños en sí importan un bledo. Tengo la sensación de que no vienen los que lo necesitan sino los que tienen enchufe o pagan por venir. Las maestras se ocupan de más cosas que de cuidar a los niños y en torno a ellas revolotean como moscones personajes de poco fiar.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Son putas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No, no. No van por ahí los tiros. Me da estremecimiento decirlo, porque no dispongo de ni una sola prueba, pero tal vez haya contactos con mafias o grupos extraños.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿En qué te basas?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--En nada en particular: en sensaciones e impresiones. Sería interesante que tú conocieras al grupo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Si vas a tener alguna reunión con ellos, te mando una periodista rumana que trabaja con nosotros. Es muy buena. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Yo preferiría que vinieras tú. El montaje parece serio.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero yo no puedo. Ya sabes que ahora me encargo de otras cosas y que uno de los motivos del ascenso es precisamente que no me meta en berenjenales.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero una periodista de raza como tú, no puede dejar escapar un buen reportaje e intuyo, por aquello del olfato, que este es un gran reportaje y ya te digo, no por el asunto de los niños, que ese sí se lo puedes encargar la rumana, o a quien quieras y hacer un gran despliegue de fotos, pero hay más y no sé lo que es. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La camarera, una rumana rubia comedida y tímida, servía ya el segundo plato. Las chuletilla recientes y bien asadas y el solomillo despedía un olor que presagiaba un sabor exquisito. Unas setas revoloteaban sobre el color marrón de la salsa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Huele bien tu salsa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Prueba si quieres –ofreció Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No, gracias, tú también hueles muy bien.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pues prueba también, pero antes dame alguna pista, convénceme, véndeme el reportaje.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Eh, eh, hermosa, que ya no eres la redactora jefe ni yo te quiero colocar nada, ni estoy para juegos malabares. Soy viejo y pellejo y hay cosas que ya no ejerzo: ni el periodismo y la carne cruda. Mi tiempo de ligar y discutir con esos personajes a los que había que ofrecer cinco temas para que dijeran que no a cuatro, ya ha pasado. Yo sólo tomo notas en libretillas y si acaso, acribo impresiones personales, ¡pero muy personales! en mi blog que ahí sí me he modernizado. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya te leo. Escribes muy bien y dispones de una serie de fans que siempre apostillan tus estrambóticos comentarios tan bien contados.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero de esto, como habrás podido observar, no he escrito ni una sola palabra. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya lo he notado.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Mira: el sábado toca en Segundo jazz Rafael Serrano y Miguel Rodríguez, a quien tú conoces muy bien desde hace años. Apareces por allí a eso de las doce de la noche y te llevas a Joaquín Amestoy con el pretexto de hacer unas fotos a los músicos. Como yo estaré allí, propicio el encuentro y te presento a toda la fauna.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Dime al menos quienes van a estar allí.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No lo sé con certeza pero te adelanto caracteres.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Ya. La novela.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Bueno, pues la novela. Sabes perfectamente que cada reportaje lleva tras sí otro reportaje y en cada novela de puede contar el revés de la trama.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Cuéntame, a ver –rió concesiva Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;-- Por de pronto los músicos: conozco a Rafa Serrano y tú a Miguel Rodríguez, dos grandes del jazz español, aunque todavía jóvenes y posiblemente también toque Chema Saez. Sólo por escucharles merece la pena.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Hasta ahí bien.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Un profesor del instituto Complutense, prendado de los efluvios de las bragas rusas.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Suena erótico.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Te podría contar más cosas, pero no procede.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sigue.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Tres maestras: una letona, otra exiliada en España y una tercera que viene con los niños. Las tres hablan perfectamente español y estudiaron juntas. De una se dice que le tiró los tejos el antiguo KGB.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Marchando una de espías! – soltó la carcajada Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Ríete, ríete!, pero por ahí van los tiros. La exiliada vino con niños de acogida y no volvió. Se quedó. Se lió con tío que se dedica a los seguros.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Los personajes al menos son variados y propios de John Lecarré. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--O de Sergiusz Piasecki.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Y ese quien es?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Un escritor bielorruso de novelas de intriga y miseria que he descubierto esta mañana.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Qué barbaridad es que cuando te metes en un tema, te metes a fondo!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pero no pienso escribir ni una línea. El sábado por la noche es un buen momento para que conozcas a esta pléyade. Y falta una cuarta rusa: Elena, una química que también se ha exiliado apoyada por una familia de ingenieros que hace caridad cristiana. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Si me desenredo pronto del cierre, voy.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Pero si el sábado no tienes cierre, es el día que libras porque el domingo no salís!&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¡Joder, estás en todas! –volvió a reír Paula Marta.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Es que es un ultimátum, o vas el sábado o dejo de averiguar cosas... Además me gustaría tomar una copa contigo y presumir de amiga guapa.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Eso me convence más. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Entonces te lo digo de otra manera: Señorita ¿me concede la noche del sábado?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Pediré permiso a mi marido.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--¿Casada?&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--Sí con el periodismo.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;--No le seremos infieles, lo nuestro será un romance pasajero. A mi me abandonó hace años. Me debe la revancha.&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La conversación se alargó dos horas más. El metre ofreció helado de postre que los comensales aceptaron. Después llegaron los güisquis de Tardón y los gin tonic de Paula Marta. A las siete salieron cogidos de la mano hasta la puerta donde se despidieron con un fuerte abrazo, besos en las mejillas y la mirada repleta de esperanzas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-8275097295531869672?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/8275097295531869672/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=8275097295531869672&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8275097295531869672'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/8275097295531869672'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/operacion-balalaika-captulo-viii.html' title='OPERACION BALALAIKA CAPÍTULO VIII'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-6521529800496911893</id><published>2007-11-15T23:45:00.000+01:00</published><updated>2007-11-15T23:54:17.511+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPITULO VII</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;Capítulo 7&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;¿&lt;/span&gt;Alguno de vosotros conocíais a Inés?- preguntó Pascual a los cuatro ocupantes de su coche, cuando regresaban de la cena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–De referencias, sí–contestó inmediatamente Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¿De qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Tiene su historia, pero tampoco es muy larga. Verás: Emma me avisó por teléfono de que ella y Svela &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;deseaban asistir al congreso de profesores de español y que les gustaría encontrarse, tanto a ella como a Svela con su compañera&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Inés. Inés, Svela y Emma estudiaron juntas en Moscú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¿Y al novio?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Lo conocí antes que a ella. Cuando la llamé, porque Emma me pidió si podría a encontrar a Inés. Fue una aventura, pero la encontré. Bueno encontré al novio. Quedé con el en la cafetería Santander de Alonso Martínez. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Y se presentó él solo...- intervino Tardón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Pues sí, así fue. A Inés la conocí dos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;días después en el mismo sitio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¡Vaya sitio para encontraros! –volvió a intervenir Tardón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¿Por qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Porque esa cafetería tiene fama de reunir con frecuencia a policías, periodistas y algún que otro conspirador de todas las guerras. Eso era un nido de espías&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y una vez que un sitio comienza una actividad, por lo común la continúa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Pues Jorge, el hombre no tiene mucha pinta de espía, ya lo habéis visto esta noche: tímido y depresivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¿Entonces por qué te citó&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a ti, Víctor, y no se presentó su novia Inés?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Porque no sabía quién preguntaba por su novia y no se fía de nadie...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Teme que se la quiten... – socarroneó&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Petronilo – No se fía de su novia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¡Hay que ver qué alegría mostraba Svela. Se atrevía hasta con los chistes en español – cambió Víctor&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Es verdad - intervino Margarita Flores –. La más alegre de las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tres, aunque las tres estaban muy contentas. Se las veía felices.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Pues Emma tenía más bien una cara triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Emma es muy seria – intervino Pascual. – pocas veces se ríe con alegría...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–A mi lo que me admira de Emma es su dominio del español – volvió a intervenir Tardón –, las tres amigas lo hablan perfectamente, pero Emma además conoce la cultura hispana y sabe hasta de vinos, y no creo yo que en Bielorrusia se beba mucho vino...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– Emma habla perfectamente cuatro idiomas: bielorruso, ruso, español e inglés – afirmó Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;–Emma sabe mucho de todo. Por algo fue número uno de su promoción y la quiso fichar hasta el KGB – refirió Pascual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– ¿Y aceptó?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;– Ella dice que no – concluyó Pascual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llegaban a Torres de la Alameda donde vivían todos menos Tardón. La noche, perfecta.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Aún no apretaba el calor del verano ni el relente de la meseta. Las estrellas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;invitaban a pasear. Pascual y Margarita &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;explicaron que no se entretenían porque deseaban saber donde trotaba Nadia, la niña que ellos acogían por segundo año. La habían dejado a cargo de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;su hijo Julio, un muchacho que estudiaba Física en la Universidad Autónoma de Madrid, pero tampoco confiaban en que hubieran permanecido toda la tarde juntos: Julio, muy responsable, transitaba los dieciocho y Nadia apenas había cumplido los once. Las diferencias de intereses&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a esas edades son considerables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Petronilo, como siempre propuso la última copa&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y Victor señaló &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;el pub del pueblo. Sólo había un sitio que permaneciera abierto hasta la hora que la clientela quisiera, un bar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tranquilo sin música, nada que ver con una discoteca.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Tardón asintió. En la barra del bar&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se apoyaban los habituales. Entre ellos César. Cesar conocido &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;de Petronilo de los tiempos de Malasaña,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;es un tipo peculiar. Al tiempo que se desarrollaba la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Marcha Verde de Marruecos para reivindicar el Sahara César&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cumplía el servicio militar en el ejército español y sufrió una caída en una de las misiones de observación mientras buscaba &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;y encontró algunas armas camufladas junto a un pozo de avituallamiento de agua. Esa caída le había proporcionado una pensión no muy alta pero suficiente y la amistad de algunos de los jefes militares quienes le&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;clasificaron como buen observador. Todo ello le había permitido trabajar como vigilante jurado en una empresa fundada por uno de los militares de aquel episodio.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Petronilo saludó extrañado a César y presentó a Víctor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Venimos de una cena intrigante – comentó Tardón - . Ha sido una cena donde había rusos y españoles hablando de cosas intrascendentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; Y habéis cantado “Ojos negros”- concluyó Cesar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt; ¿&lt;/span&gt;Y tú por qué lo sabes? – preguntó Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Porque los&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;rusos siempre cantan las mismas canciones: “Ojos negros” y “¡Qué tiempo tan feliz!”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Conoces Rusia? – preguntó Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Conozco más Ucrania, pero también he viajado a Moscú en más de una ocasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Y con qué motivo? – insistió Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;De los más variados. Tengo allí un tío de los niños de la guerra que no se ha querido venir y, cuando me separé, me eché una novia rusa que además de los buenos ratos me proporcionó un arreglo de dientes perfectos. Los médicos rusos son muy buenos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt; ¿Por qué viajas a Ucrania?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;font-family:Symbol;" &gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;Eso son cuestiones de trabajo que poco tienen que ver con las fiestas, aunque las amistades de Ucrania son más fiables que las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;rusas. Son amistades de camaradería&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y de profesión. Cuestiones de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;logística que es a lo que yo me dedico. Dentro de unos meses, no sé la fecha exacta, he de volver porque tengo una boda del hijo de un gran amigo mío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La conversación se fue llenando de copas de vodca, ambiente distendido y referencias crazadas de los tres hombres sobre sus conocimientos de los países&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;del Este frecuentados con la imaginación, pero siempre lejos del alcance&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y de los circuitos corrientes de las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;guías&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;turísticas. Los nombres de Inés y de Jorge centraron&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la insustancial&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y relajada&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;charla porque&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ambos personajes también eran conocidos por César que se movía con mucha facilidad por todos los ambientes de la creciente inmigración de los países del este, y al parecer, Inés y Jorge también frecuentaban los lugares de cita de los eslavos. Además César andaba últimamente muy enamorado de una señora moscovita cuestión que aún le acercaba más a ese mundo paralelo que se&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;forma en las&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sociedades plurales ignorándose unos a otros y coincidiendo sólo cuando&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se necesitan.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;La noche se alargaba buscando el día y el camarero, sin insistir insinuó que se acercaba la hora de cerrar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;--¿Y tú qué vas a hacer Petronilo? –preguntó Víctor- ¿Por qué no duermes esta noche en mi casa que estoy yo solo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Petronilo consultó el reloj que marcaba&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;casi las cinco de la mañana. No le gustaba la idea de dormir en casa ajena, siempre le parecía que molestaba, pero no le quedaba otra alternativa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;--Bueno, o duermo en tu casa o espero al primer autobús de la mañana que pasará sobre las seis o seis y media. ¡Tampoco es tanto tiempo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;--¿Cómo vas a esperar el autobús, hombre? ¡Vente a casa!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-6521529800496911893?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/6521529800496911893/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=6521529800496911893&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6521529800496911893'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/6521529800496911893'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/operacin-balalaika-capitulo-vii.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPITULO VII'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-2028922063454228138</id><published>2007-11-13T22:56:00.001+01:00</published><updated>2007-11-13T23:09:41.220+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPITULO VI</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;CAPÍTULO 6&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;“¿Encontraría a la Maga?” se preguntaba Inés mientras estrechaba las manos de sus compañeras de estudio encontradas, ahora de manera sorpresiva, en aquel jardín de una casa en la periferia de Madrid. La pregunta, la misma con la que empieza Rayuela, le martilleaba una y otra vez, pero no encontraba la respuesta. Aquel encuentro nada tenía que ver con lo que ella calculaba. Allí había pasión, regocijo y risas y por encima el idioma empleado: no parecía cortés hablar en ruso, idioma que sólo hablaban cuatro de las veinte personas que se agrupaban en torno a la mesa repleta de comida y bebida, y todas hablaban español, todas menos Aliona Nikitovna que apenas lo destrozaba comunicándose, pero Aliona Nikitovna no era la mujer de confianza que ella necesitaba. Se acordaba de la guerra de Troya -¿por qué tantos mitos?- se preguntaba incapaz de olvidar su principal misión en aquel lugar. Inés necesitaba la existencia improbada de una maga para realizar el milagro de llevar dinero y trabajo a su país. Menelao había quedado dentro, Paris estaba a su lado, pero ignoraba el tiempo que permanecería. A pesar de llevar dos años en Madrid, consideraba provisional su estancia. La concurrencia de aquella noche en esta casa, absolutamente planificada, pero anecdótica parecía mágica, extraña un suceso onírico. La noche del reencuentro, se presentaba intensa Noche decisiva, donde con toda la emoción a flor de piel, no permitía la más mínima distracción. ¡Cuánto tiempo sin oír la risa cantarina de Svela, sin mirar la tristeza intrínseca de los hermosos ojos de Emma! Los demás importaban poco. Por eso asía con fuerza la mano de una y otra compañera. La anfitriona, muy habilidosa y gentil, las había colocado juntas. Debía buscar un momento, el del baño, el de retirar unos platos, el de una confidencia sin que los demás lo notaran, para esconder la breve nota en el bolso de Emma sin que los demás lo percibieran. Eso era lo importante, el resto, la fanfarria, el folklore y los cohetes de la fiesta. Emma era la única que podía desarrollar aquel trabajo. Ella debía actuar de Penélope. No quedaba más remedio. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los mitos no acudían en balde: las tres había estudiado en Moscú filología hispánica y, por tanto la pervivencia de los mitos clásicos en la literatura española. Y ahora se encontraban aquí. Hacía años que no se veían. El corazón les conducía de manera irrefrenable hacia la nostalgia, hacia el cómo habían transcurrido sus vida desde que se separaron. Cuando terminaron sus carreras, cada una marchó hacia sus países de origen. Inés y Emma a Bielorrusia, Minsk. Svela a Letonia. Sucedió la caída del muro de Berlín, el derrumbamiento de la URSS y el empobrecimiento de todos los países de la zona. Todas se habían casado, pero ninguna con hispanistas. Emma se casó con un ingeniero, Svela con un letón relacionado con la marina, y ella, se había casado con un hombre a quien nunca había querido de forma apasionada. Las tres se habían dedicado a la enseñanza, profesión que acogía a buena parte de su especialidad, porque la traducción y las editoriales, en los tiempos que corrían no daban para tanto. Y esta noche se encontraban aquí. Svela y Emma habían sido invitadas a un congreso de lengua española, la organización les pagaba el viaje y la estancia. Inés, por su parte ya llevaba algunos años en Madrid. La invitación de esta noche se debía a que esta familia recibía en su casa a Lara, niña también de Minsk y, por fortuna, nada afectada por el dichoso síndrome de Chernovil. Lara se había colado en la expedición gracias a las buenas maneras de Emma. Incluso la madre de la niña, Aliona Nikitovna, había venido un mes antes con la intención de quedarse en España, pero la niña, por aquello del protocolo, debía regresar a su país hasta que la madre consiguiera el divorcio formal del padre. Inés conocía esos detalles a pesar de no mantener relaciones de amistad con Aliona Nikitovna, pero se le habían llegado. Conocía más referencias: Aliona Nikitovna la madre de Lara, en la actualidad hospedada en la casa donde se habían juntado para cenar, química de profesión, compañera de trabajo del marido de Emma se había separado del padre de la niña por una cuestión de alcoholismo y malos tratos. El anfitrión de la cena y benefactor de Aliona Nikitovna y Lara, ingeniero aeronáutico, hábil comerciante y profundamente católico, lavaba su conciencia acogiendo a las dos necesitadas. Sus negocios se diversificaban entre la construcción de piezas de repuesto para aviones, tratamiento de materiales de usos múltiples y la afición por las bodegas y el aceite de oliva. La profesión de Aliona Nikitovna, quizá no tuviera nada que ver con el motivo de la acogida, pero eran excesivas casualidades. Esta y otras indagaciones deseaba contrastarlas con Emma, pero el ambiente, tan familiar, tan amistoso, tan entrañable, dificultaba esa conversación. Podría decir algo a Emma en ruso, pero Svela, que reía, reía y reía no comprendería como se podría dar cabida a otra manifestación que no fuera el disfrute. Y lo más grave: tal vez diera la voz de alarma porque conocía muy bien a las dos, no en vano vivieron juntas durante cinco años. Por eso debería esperar la ocasión propicia, esperar al final de la comida cuando la formalidad se pierde y los comensales comienzan a levantarse, fumar, tomar copas y acudir al baño. En uno de esos movimientos aprovecharía para hablar con Emma las tres palabras claves. Ahora solo correspondía tomarse de la mano, apretarse y comunicarse todas las sensaciones de la reunión en este país tan lejano en kilómetros y tan cercano para ellas por profesión. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El resto de los invitados formaban un abigarrado grupo que Inés no sabía muy bien donde ubicar pero de los que, por precaución, no se fiaba de ninguno. El anfitrión, el ingeniero aeronáutico, se ocupaba de que en la mesa nunca faltara vino ni ningún tipo de bebidas. La anfitriona y Aliona Nikitovna sacaban fuentes y fuentes repletas de los más diversos manjares. La extraordinaria noche de junio, primeros días del verano así lo requería. Junto a los mariscos, los ahumados, los embutidos ibéricos, los quesos y el pisto manchegos abundaba la ensalada. Muy cercanos a los anfitriones se mostraba la pareja formada por Pascual y margarita. Ellos habían iniciado la acogida solidaria de niños bielorrusos y Margarita había ofrecido a esta familia que atendiera a Aliona Nikitovna y Lara. Pascual, ingeniero electrónico de una marca internacional había tenido algún contacto profesional con el anfitrión. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Los otros tres invitados uno era su novio, Jorge, que se dedicaba a los seguros, Víctor Fernández, quien la había buscado para saludar a Emma y representaba a la asociación que organizaba el congreso al que habían sido invitadas las dos amigas lingüistas y Petronilo, hombre extraño, que bebía vino y en ocasiones parecía discutir con el anfitrión. Disponía de una voz cascada y rotunda, muy fuerte, pero hablaba tan deprisa que resultaba difícil de entender. En su aparente desinterés por la cordialidad se le consideraba un hombre humanista y preocupado por los asunto sociales más allá del gesto. Le interesaban los asuntos de fondo. Parecía distraído, pero Inés había notado que no perdía de vista a las tres compañeras. En su aparente desinterés, observaba y se le veía emocionado, como si se preguntara qué pasaría por las mentes de tres compañeras tan unidas y ahora residentes en distintas culturas y sociedades con diferencias abismales.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;El representante de la Organización del Congreso de Hispanistas, Víctor, parecía todo lo contrario a Petronilo. Muy educado, siempre al tanto de facilitar las relaciones, preocupado porque la velada fuera amena, cambiaba con desenvoltura de conversación con el fin de que nadie se sintiera aislado. También bebía pero prefería la cerveza. En un momento de la noche, cuando Inés pensó que era el momento de comunicarse con Emma, Víctor sacó una guitarra y comenzó a cantar. Inés se sintió en la universidad quince años antes. Entonces tomó de la mano a sus dos compañeras y sintió la mirada intensa y &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;curiosa de Petronilo sobre el grupo de las tres. Emma tomo la guitarra, y entonó “Qué tiempo tan feliz” con sus voz profunda y sus ojos perdidos en un punto indefinido entre la boca de la guitarra y las estrellas que brillaban en lo alto. Había una ensoñación, una nostalgia profunda. ¿Quien sería la Maga que deshiciera el hechizo y provocara la vuelta a la cruda realidad que ella, Inés, tanto necesitaba? No era la voz de la cantante ni la añoranza de la juventud, más bien la tristeza de la ausencia de la tierra. Inés, hizo un esfuerzo por contener las lágrimas, Svela lloró. Entonces fue cuando Inés sintió sobre el grupo la presión de la mirada de Petronilo. “¡Cuidado! ¡Cuidado con éste!”, Se dijo. Pero en los abrazos entregó la nota a Emma.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-2028922063454228138?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/2028922063454228138/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=2028922063454228138&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2028922063454228138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/2028922063454228138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/operacin-balalaika-capitulo-vi.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPITULO VI'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3159434865490557220</id><published>2007-11-10T20:02:00.000+01:00</published><updated>2007-11-10T20:04:02.380+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO V</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;CAPITULO 5&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Llegaron los niños a quienes recibió el alcalde y les ofreció las instalaciones del colegio para el encuentro matinal de cada día. Se esbozó un horario que se cumplía de manera más o menos rigurosa. Los niños se levantaban a las ocho. Desayunaban en sus casas, acudían al colegio a las nueve donde, en asamblea, comunicaban en ruso los avatares de la estancia con los padres de acogida. A la una los padres recogían a los niños e invitaban, cada día una familia, a comer a la monitora. Las tardes se dedicaban a la convivencia y Emma descansaba en casa de otra familia voluntaria que le había ofrecido una habitación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Las noches se concentraban en la plaza de Torres. Las abundantes y amplias terrazas propiciaban la charla tranquila, las copas de la media noche, los chistes y las confidencias. En torno a la monumental iglesia los niños jugaban y corrían sin peligro. Las familias que había acogido niños solían lucirlos en este lugar público con una doble finalidad: los niños se veían entre sí, los padres de acogida se contaban sus experiencias y los chicos veían a su monitora en un ambiente neutral y podían consultarle sus circunstancias. Emma acudía siempre acompañada de Margarita y Pascual que acogían. Al corro además de Víctor del Moral aquella noche se había unido Petronilo Marceliano Tardón que con la excusa de visitar a sus amigos Paulino y Laura se había unido al grupo porque conocía a Pascual, a Margarita y a Víctor Fernández. Su presencia no distorsionaba las conversaciones ni las relaciones. Otras noches la mesa se duplicaba y aparecía mucha más gente, pero el grupo habitual lo constituían Pascual y Margarita , Emma y Víctor Fernández.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Aquella noche Emma, siempre melancólica, parecía más triste que otros días. Habían surgido algunas contrariedades, comunes e inevitables, en la convivencia de los niños con los padres de acogida. Los chicos se quejaban a Emma de que en algunas casas no les trataban como les habían dicho en Minsk y se mostraban contrariados. En el envés de la hoja algunas casas de acogida consideraban que la conducta de los visitantes dejaba que desear. Esto último, presentaba una solución rápida y convincente: los niños extrañaban a los nuevos y se aconsejaba paciencia a los acogedores. Emma se lamentaba de esa falta de paciencia de unos y de otros y procuraba mediar en las relaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Nosotros lo dimos todo en ayuda a los demás, y a nosotros ahora no nos ayuda nadie – se lamentaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿A qué te refieres cuando dices eso?, – preguntó Tarón - ¿A nuestros exiliados?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--También a vuestros exiliados, pero no tanto a ellos como a otros países. Vuestros exiliados también nos ayudaron a nosotros. Fueron buenos profesores. En mi Universidad había dos extraordinarios, por eso nosotros hablamos tan bien el español. Me refiero a tantos países del Este que ahora son casi nuestros enemigos: Polonia, Chequia, Ucrania, Hungría... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿Y ahora lo pasáis mal... – intervino Pascual -. Pero todos esos países atraviesan la misma situación. Les pierde la corrupción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Pero nosotros estamos todavía peor. No es cuestión de poder adquisitivo, es que no hay nada. Se vive gracias a las dachas, a lo que se produce cada uno en su espacio de terreno mínimo, donde se siembran patatas y coles y se cría algún cerdo o unas cabras... --¿Y a qué crees tú que se debe eso? – se interesaba Víctor cada vez más atento a los ojos y las piernas de Emma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Las razones pueden ser muchas: la caída de la URSS, el desmembramiento de la unión, las no excesivamente buenas relaciones con los vecinos, Rusia que domina, sigue dominando todo, pero ahora nos trata como a una colonia y además la desgracia de la central de Chernovil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¡Hay que ver qué bien hablas español! – se extasiaba Víctor , pendiente ahora de la tristeza de Emma- . Pero también habrá motivos internos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿Y por qué no os reveláis como hicieron los checos y ahora los ucranianos –preguntó Tardón?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Seguramente sería necesario, pero nadie se preocupa de eso. Si ha salido algún personaje que se ha opuesto al régimen lo han encarcelado y nadie ha protestado por ello. Los bielorrusos no somos muy emprendedores. Somos gente acostumbrada al sueldo del Estado – cambió de tema Emma y continuó-: Una de las cosas que me asombran de aquí son los portales de las casas limpios y pintados. Allí no encuentras eso, porque como las casas son del Estado, a medida que han perdido fuerza las instituciones, todo se deteriora y nadie se ocupa de arreglarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se acerca un niño. Habla en ruso con Emma. Ella le contesta. Le abraza y le da un beso. El niño se sienta en sus rodillas. Necesita abrazos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Este es el niño que tiene Amparo y Eduardo, que se quejan de que no come, porque nada de lo que le dan le gusta. Yo he hablado con ellos y no saben qué ponerle de comer. Este niño es un poquito mimoso – resume Emma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Con el niño en brazos, aumenta el aspecto sensual: la maternidad y la profesionalidad, la entrega a la misión protectora de los hijos del pueblo que le han sido encomendados. Emma peina media melena rubia, tez blanca, ojos azules. Resalta su feminidad con una camiseta verde y una falda no muy larga que le permite lucir unas esbeltas piernas. Las manos, dedos largos, uñas esmaltadas, cortas, y la actitud general respetuosa, atenta, observadora y melancólica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llega Nadia. Nadia vive con Pascual y Margarita. Es una niña de diez u once años, rubita y gordita. Trae encarnadas las mejillas. Ha corrido para llegar a tiempo de pasar revista. La hora marcada son las diez. La niña besa a Pascual y a Margarita . Se dirige con su español reducido a Margarita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Mamá Margarita, ¿más tarde? – salta- ¡Sí, sí, sí!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--No. Ya nos vamos a casa que hay que cenar – sentencia Margarita. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor mira a Margarita y a Nadia y alternativamente a Emma. Emma, con el niño en brazos, observa a Nadia. Pascual sonríe bonachón a Nadia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¡No, cenar no. Jugar! – lloriquea Nadia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Bueno, pero sólo hasta las diez y media- concede Margarita -. ¿Me entiendes? ¡Las diez y media! – insiste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Nadia afirma con la cabeza, sale corriendo y se pierde entre la nube de niños y niñas que juegan o se esconden al alrededor de la iglesia, en definitiva revolotea como un pajarillo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Nadia se adapta muy bien, ¿verdad? – pregunta Emma sin ninguna intención.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--A veces también protesta, pero le va bien – contesta satisfecha Margarita -. Además se lleva bien con los chicos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Tiene muchos amigos y amigas, se la ve jugar con alegría – concluye Emma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Es la noche del último jueves de junio. Hace una temperatura agradable en la plaza, el guirigay de los niños señala la alegría de la gente que toma su cerveza mientras charla. Esta noche es la última de la semana para Emma. El viernes al mediodía los padres adoptivos se hacer cargo de los niños hasta el lunes por la mañana que los llevan de nuevo al colegio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;En tu país seguís siendo comunistas ¿verdad? – pregunta indiscreto Víctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Yo no diría exactamente eso –replica Emma-. Hay un consentimiento, un dejar hacer. La gente se preocupa más de sobrevivir que de la política. Siempre ha vivido así y no le importa seguir de esa manera, es una forma de resignación...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Y salir y entrar en el país tampoco es fácil...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Hay que explicar muy bien la necesidad de salir del país.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Sin embargo tú vienes a España con frecuencia este ya es el tercer año consecutivo. Tú debes gozar de algún privilegio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Me vigilan, ¡no creas!, pero ciertamente tengo algún privilegio: el hablar español.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Te vigilan?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Sí, pero relativamente. Vosotros sabéis el trabajo que cuesta conseguir los permisos. Y a la vuelta he de hacer un informe detallado de todas las actividades y contactos que he tenido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Por ejemplo, con Rita. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Symbol; letter-spacing: -0.15pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="letter-spacing: -0.15pt;"&gt;El encuentro con Rita, si se produce, también lo reflejaré. Rita ya ha vuelto al país y tiene los papeles en regla. Ya es ciudadana española. Pero allí no podará volver a trabajar, &lt;/span&gt;porque es una fugada. En mi país todo el mundo que trabaja, tiene un trabajo fijo. No se concibe a la gente que trabaja por su cuenta. Todo está muy estatalizado...&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿Todos trabajan en fábricas?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--O en el campo. Pero en las capitales casi todo el mundo trabaja en algún organismo oficial y por la noche bebe. Mi país está dominado por el alcoholismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Fue entonces en la plaza donde recibió Pascual la llamada del amigo de Villarejo de Salvanés invitando a cenar a las profesoras de los niños y a los amigos de Torres de la Alameda. La cena podría celebrarse el sábado, si no había otros planes. Pascual transmitió la invitación a los reunidos. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Mañana viene tu amiga la de Letonia ¿verdad? –preguntó Víctor Fernández a Emma.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Sí. Mañana llega en avión Sveleletlena Konstantinovna, Svela de manera familiar. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿Te acompañará alguien a buscarla al aeropuerto?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--No se lo he dicho a nadie.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Pues si te parece te acompaño yo – se ofreció encantado Víctor Fernández.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Te estaría muy agradecida. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--También se puede incorporar a la cena – ofreció Margarita Flores, ingenua.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Mujer, la tendría que invitar el anfitrión no tú –puntualizó Pascual.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¡A ellos les da igual, ya les conoces!- contestó Margarita Flores-. Y tú si quieres también puede venir se dirigió a Petronilo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Pues sí me apetecería, sí – se ofreció Tardón pensando el reportaje de su amiga Paula Marta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿A que no te ha puesto número para los invitados? – volvió a intervenir Margarita dirigiéndose a su marido. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--No. Lo cierto es que no. Lo único que ha dicho que le comuniquemos mañana cuantos aproximadamente vamos a ir. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Se presentó Nadia puntual a las diez y media. Pascual y Margarita decidieron marcharse con la niña. Emma manifestó que estaba cansada. Víctor se apresuró a acompañarla. Tardón se dirigió hacia la parada del autobús que le dejaría en Alcalá de Henares, aún llegaba a tiempo de subir al último. Desde allí la vuelta a Madrid presentaba pocas dificultades.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Cuando Víctor Fernández, llegó a su casa el teléfono parpadeaba avisando de un mensaje en el contestador. Descolgó y escuchó. Era la voz de Jorge Roa Teruel anunciando las intenciones de Rita de encontrarse con su amiga Emma. Dejaba un número de un móvil para que Víctor llamara. Víctor miró el reloj: rondaba la media noche. Decidió llamar al día siguiente por la mañana. Con lo que le dijeran hablaría con Emma cuando fueran a recoger a Svela. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/16053080-3159434865490557220?l=pmtalavan.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pmtalavan.blogspot.com/feeds/3159434865490557220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=16053080&amp;postID=3159434865490557220&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3159434865490557220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/16053080/posts/default/3159434865490557220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pmtalavan.blogspot.com/2007/11/operacin-balalaika-captulo-v.html' title='OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO V'/><author><name>P. M. Talaván</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03413516981100170719</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-16053080.post-3659822617775213770</id><published>2007-11-07T10:50:00.000+01:00</published><updated>2007-11-07T10:54:15.889+01:00</updated><title type='text'>OPERACIÓN BALALAIKA CAPÍTULO IV</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 18pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 18pt;"&gt;Capítulo 4&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 18pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor Fernández acudió puntual a la cita que la voz del hombre desconocido le había fijado en la plaza de Alonso Martínez. En la calle, el bullicio propio de un viernes por la tarde. Grupos de jóvenes, vestidos acorde con las tribus urbanas que les convocaban, abarrotaban las aceras ignorándose unos a otros. Muchachas de estética gótica, “progres” perfumadas, pijas de tacones, mozos con raptas, gomina en el pelo, barbas y melenas, siniestros de negras capas, todos moviéndose aunque todavía no habían dado las doce, hora del escopetazo para montar el botellón en la plaza a la que se asoma el Ilustre colegio de Doctores y Licenciados del que Víctor Fernández es miembro, como doctor en Lengua y Literatura Española. “No sabría en qué moda encuadrarme –pensó Víctor Fernández- y no soy viejo, pero no entiendo las aspiraciones de estos muchachos.” Se perdió, mientras subía desde la Calle Santa Teresa hasta Alonso Martínez, en sus años jóvenes cuando, mientras trabajaba de camarero, aprendía a tocar la guitarra para ligarse a las extranjeras en las playas de Alicante. Y allí, entre canción y canción, rumba y rumba, se acercaron los labios de aquella rubia jovencísima que hablaba un francés que él se apresuraba a intuir más que comprender y ella entre risas y suspiros de España le acercaba los morritos empeñada en proporcionarle la apertura justa para pronunciar la dichosa “u”. Pero él sabía a qué aspiraba: quería licenciarse en Filosofía y Letras. Componía poemas mientras servía platos, que maltraducía para la rubia francesa. Las poesías se complicaron y terminaron al compás que el verano en una habitación de mala muerte a los alrededores de la estación de Atocha. ¡Hacía tantos años de aquello! Fueron años duros, donde no hubo un momento para las manifestaciones callejeras ni para pensar en la protesta de los estudiantes. Más bien las algaradas servían para aprovechar y hablar con los profesores menos díscolos con la dictadura de Franco, y aprobar asignaturas que si no hubiera sido así, hubieran resultado más duras, se lo confesaba Víctor Fernández a sí mismo. Nunca podría explicárselo a nadie porque nadie le creería. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Llegaba a la cafetería Santander. Pasó por la acera Sagasta delante de la cristalera, con la intención de descubrir a quien le esperaba. Difícil empeño, porque la tintura de los cristales impide observar a los clientes de dentro. No obstante, creyó distinguir a un hombre sentado en una mesa del rincón más interior, con la espalda apoyada en la pared. Volvió hacia la puerta. “Cuidado con el escalón” rezaba un cartel adherido al cristal. Observó como el hombre que aparentaba leer el periódico le miraba. No había duda: era él. El desconocido también hizo un gesto de interés. Víctor Fernández se acerca sonriente casi con la mano tendida. El hombre se levanta y tiende la mano. El es tan alto como Víctor. Se miran y se miden: Víctor con curiosidad, el hombre con precaución.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Soy Víctor Fernández y hablé contigo la otra noche. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Y yo, Jorge Roa Teruel. Efectivamente hablamos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Sí hablamos sobre Inés Gheorovna.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Claro, yo soy su novio y tú el amigo de Emma Sviatosllavovna ¿No es así? &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-- Sí, sí, por supuesto.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Víctor hace un gesto para sentarse frente a Jorge y Jorge lo imita. Pasan ese momento difícil que nadie sabe de qué hablar. Víctor Fernández rompe el hielo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Ya sabes que Emma vendrá dentro de quince días y desea encontrarse con Inés. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-- Ella también desea ver a las antiguas compañeras, pero tal vez no sea excesivamente fácil.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--¿Por qué?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Por que las cosas han cambiado mucho. Tú sabes, me imagino, que Inés también llegó aquí con un grupo de niños de acogida y no regresó a Bielorrusia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--No. No lo sabía. Pensaba que había venido con todos los permisos y que había vuelto a su país. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Bueno, ahora sí tiene todos los permisos y permanece en nuestro país de manera legal pero durante los dos tres primeros años, si volvía a su a Bielorrusia corría un grave peligro de que la encarcelaran.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Pero ella ha vuelto, ¿no?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Sí, hemos ido los dos, pero para ello hubo que asegurarse que la dejarían regresar. El empeño registró sus dificultades. Nadie que no lo haya sufrido sabe lo que significa la emigración clandestina: extranjeros en todas partes.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Bueno, pero regresó como ella quería.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;--Pero lo pasamos francamente mal: Ella, yo la familia de ella y la mía. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;Aunque no todas, un buen número de mesas estaban ocupadas en la cafetería. No había
